Salud

Marián 'Boticaria' García, farmacéutica: "El estrés ocasiona un hambre emocional en el que refugiarnos"

La 'Boticaria García', divulgadora en redes sociales de temas relacionados con salud y nutrición, presentó recientemente en Pamplona su último libro, 'Tu cerebro tiene hambre'

La 'Boticaria García' presentó su último libro, 'Tu cerebro tiene hambre', en El Corte Inglés de Pamplona.
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La 'Boticaria García' presentó su último libro, 'Tu cerebro tiene hambre', en El Corte Inglés de Pamplona
La 'Boticaria García' presentó su último libro, 'Tu cerebro tiene hambre', en El Corte Inglés de Pamplona.

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Sonsoles Echavarren

Publicado el 15/05/2024 a las 20:00

¿Quién no se ha sentido triste y devorado una palmera de chocolate? ¿O quién no está aburrido en casa y arrampla con una bolsa de patatas fritas mientras ve una película en el sofá aunque no tenga hambre? Porque quizá no experimente esa sensación física pero sí que siente el llamado hambre emocional, del que nos avisa el cerebro cuando estamos nerviosos, decaídos o sentimos mucho estrés. También hay personas que, sin hambre, devoran las pastas que ha llevado algún cumpleañero al trabajo al ver comer a los compañeros. O las que engullirían al poco de haber desayunado un bollo o unas tostadas con mantequilla y mermelada y haber sufrido un bajón de azúcar. Sobre estas realidades que experimentamos en el día a día reflexiona en clave de humor Marián García, más conocida en las redes sociales como ‘Boticaria García’, en su último libro ‘Tu cerebro tiene hambre’ (Planeta, 19,90 euros). Recientemente lo presentó en Pamplona, en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés. García comenzó su labor profesional en una farmacia rural de Cuenca y dio un salto a las redes sociales con un blog sobre cuestiones relacionadas con la salud y la nutrición. Colaboradora en prensa, radio y televisión (Antena 3, La Sexta, El mundo...), ha ganado el Premio Estrategia NAOS del Ministerio de Consumo y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición.

¿Por qué decimos que hay personas que engordan por falta de voluntad? ¿Es eso cierto?

Hay que desmitificar esa idea de que quien está gordo es porque quiere. En muchos casos, el cortisol (la hormona del estrés) corre por sus venas, lo que les hace comer más por hambre emocional y sienten menos saciedad. Una palmera de chocolate puede hacernos sentir confort, refugio, cariño, cuando estamos mal.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Alguna idea?

En el libro expongo varias estrategias para conseguir dopamina (hormona que regula el placer, la motivación...), como caminar al sol, enviar un mensaje a un amigo, cantar en grupo, meditar... Son fuentes naturales por las que voy a conseguir dopamina sin sentirme culpable, una culpa que sí que genera la comida. La gordofobia no ayuda en nada. Solo hacemos que las otras personas sienta culpa.

Muy conocida es ya la relación entre el cerebro y el intestino, al que se conoce como ‘segundo cerebro’. Pero usted añade también en el libro un “tercer actor”, que es el músculo.

Porque todo va unido. Las dietas muy restrictivas, las que no proporcionan “gasolina”, hacen que el cuerpo y el sistema inmune tiren del músculo. Por eso, es muy importante incorporar a nuestras rutinas diarias diez o quince minutos de ejercicios de fuerza. Haciéndolos, podemos experimentar grandes beneficios metabólicos. Al hacer ejercicio, el músculo y los órganos liberan unas moléculas (mioquinas, cardioquinas, neuroquinas...), una verdadera medicina natural. Si no te mueves, ¡te la pierdes! Los ejercicios de fuerza son especialmente importantes en las mujeres que llegan a la menopausia porque al contraer el músculo, el hueso se hace más fuerte.

CAMBIAR LA LISTA DE LA COMPRA

Asegura que el 80% de la pérdida de peso viene de las dietas y el 20%, del ejercicio. Y que para lograrlo hay que comenzar cambiando la lista de la compra.

En las últimas décadas han evolucionado mucho los hábitos. Hasta hace medio siglo, la gente iba a la carnicería, la pescadería, la frutería... Ahora vamos al supermercado. O nos traen la compra a casa, sin movernos. Debemos elegir más legumbres (proteínas), huevos (la proteína de mayor calidad), pescado, hortalizas (si las frescas son muy caras, una buena opción que mantiene las propiedades son las ultracongeladas, como las espinacas...)

¿Sabemos lo que compramos? ¿Deberíamos leer mejor las etiquetas de los productos?

No soy muy partidaria de las aplicaciones que nos dicen si un producto es recomendable o no. Estas enseñanzas se deberían impartir en los colegios. La industria no engaña pero, a veces, utiliza un marketing muy persuasivo. Por ejemplo, llamar a algunos productos ‘naturales’ o ‘de la abuela’ nos hace pensar que son más saludables, cuando no tiene nada que ver. Lo mismo si el envase es verde o marrón.

Una vez que hemos cambiado nuestros hábitos al hacer la compra, ¿qué más deberíamos modificar para comer más sano?

Tomar más lácteos, frutos secos, semillas (que las tenemos infrautilizadas...) También, cambiar el pan blanco por el integral (que tiene más fibra y es bueno para las bacterias del intestino y genera un ‘gel’ saciante que estorba para la absorción del azúcar), cambiar las patatas de las guarniciones por pimientos asados, espárragos, champiñones... que tienen más vitaminas.

¿Por qué engorda comer mientras miramos el móvil o la tele?

Deberíamos retomar la costumbre de bendecir la mesa, cada uno a su manera, y agradecer a la naturaleza o a quien queramos, ofrecernos esos alimentos. Nos ayudará para empezar a comer y ser conscientes de que lo hacemos (si miramos el móvil no nos damos cuenta). Es muy importante masticar porque la saliva ayuda a generar un compuesto que ofrece sensación de saciedad.

¿Qué pasa con las dietas?

Las hay buenas, malas o con cuidado, igual que los colores del semáforo. Las ‘milagro’ son peligrosas; la mediterránea, muy buena y hay otras, en ámbar. Como el ayuno intermitente que no sirve para todo el mundo y precisa de asesoramiento.

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