Daniel Ballarín, de 26 años, se hizo salesiano después de ser catequista en Ansoáin y Baztan

Daniel Ballarín decidió seguir los pasos de San Juan Bosco después de ser catequista: “Es importante que la juventud crezca en un ambiente sano”

Daniel Ballarín, en la iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Roma
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Daniel Ballarín, en la iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Roma
Daniel Ballarín, en la iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Roma

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Pedro Gómez

Actualizado el 27/04/2024 a las 09:46

Daniel Ballarín Bengoechea (Ansoáin, 1998) sintió hace dos años que Dios le llamaba a dedicar su vida a los jóvenes. Estaba entonces en el Seminario de Pamplona y tras un periodo de discernimiento decidió entrar en el noviciado de los Salesianos. “Descubrí que ese era mi sitio, ayudando a los adolescentes a descubrir el verdadero amor, el amor de Dios”, expresa. En septiembre de 2023 hizo su profesión religiosa como salesiano en Colle Don Bosco, cerca de Turín. Ahora estudia en Roma una licenciatura en pastoral juvenil.

¿Por qué los Salesianos?

En Ansoáin yo iba a la parroquia de San Cosme y San Damián. Hablaba mucho con el salesiano Iñaki Lete. Tuve como catequistas de confirmación a la salesiana Mari Carmen San Miguel y a Conchi Jiménez, de la asociación María Auxiliadora. Siempre he sentido admiración por Don Bosco. Le he tenido como modelo de sacerdote.

A los 18 años entró en el seminario.

Desde los 7 años yo veía que Dios me pedía algo. La confirmación fue un momento importante en mi vida. Vino de párroco un cura joven, Jairo Díaz, y entré en contacto con la realidad de la diócesis, con otros curas jóvenes. Yo tenía clara mi vocación al sacerdocio. Pasé cinco años muy bonitos en el seminario. Lo que descubrí más tarde es que encajaba más en la vida consagrada, viviendo en comunidad, que como sacerdote diocesano.

¿Cómo fue ese proceso?

Estuve dos años en las parroquias de Elizondo y otros pueblos de Baztan, dando catequesis de confirmación. Yo siempre he sido catequista, pero de niños. Estar con adolescentes fue una experiencia importante para mí. Eso me llenaba. Había algo dentro de mí que me decía que tenía que llevar el amor de Dios a los jóvenes. También me di cuenta que era feliz viviendo en comunidad con el párroco, Javier Azpíroz, y con Alfonso Garciandía. No me veía viviendo solo, como muchos sacerdotes. Le expuse mis inquietudes al rector del seminario. El arzobispo, don Francisco, también me ayudó. Fue muy comprensivo.

¿Y qué decisión tomó?

Me fui el verano a los Salesianos de Vitoria. Fue mi primera experiencia en comunidad y con muchas actividades con jóvenes. Me sentía pleno, feliz. El curso siguiente hice el prenoviciado en el colegio de Carabanchel (Madrid). Allí confirmé mi vocación. Y después hice el noviciado en Colle Don Bosco, el lugar donde nació el fundador de la orden. Como ya he terminado teología y filosofía, me plantearon hacer una licenciatura en pastoral juvenil en la Universidad Pontificia Salesiana en Roma. Y aquí estoy.

San Juan Bosco es patrono de la juventud, pero los chavales del siglo XIX son muy distintos a los de ahora.

Entonces había mucha pobreza material. Ahora hay pobreza espiritual. He tratado a muchos jóvenes que tienen una gran necesidad de sentirse amados. No se habla de lo que es el amor auténtico. Hay una búsqueda pero a veces no saben dónde buscar.

¿Y cómo les ayudan los Salesianos?

Es de gran ayuda el sistema preventivo de don Bosco, educar en la razón, la religión y en el amor en un ambiente de cercanía. Los jóvenes necesitan personas de referencia, testimonios. El salesiano es un amigo, no es indiferente. Don Bosco fue un padre para aquellos chavales de la calle. Ahora también hay como una ausencia de la figura paterna y materna, carencias afectivas porque hay familias rotas o que padres absorbidos por el trabajo que pasan poco tiempo en el hogar.

En el plano más práctico, ¿qué actividades o planes hace con los adolescentes?

En los colegios y en los centros juveniles salesianos hay momentos de oración, de formación y de ocio. Es bonita la tradición de los buenos días de don Bosco, un pensamiento y una breve reflexión para comenzar el día. El oratorio y el patio son dos lugares muy importantes. Hacemos muchas actividades deportivas, juegos y también musicales, que ayudan a los jóvenes a descubrirse a sí mismos. Y en verano y los puentes, campamentos. El objetivo es que sean buenos cristianos y buenos ciudadanos. Y en un ambiente sano es más difícil que se tuerzan.

Daniel Ballarín Bengoechea (Ansoáin, 1998) es hijo de Enrique e Idoia y tiene una hermana pequeña, Maitane. Estudió en el instituto Biurdana y a los 18 años se fue al Seminario Diocesano de Pamplona, donde estuvo 5 años. En el curso 2021-2022 hizo el prenoviciado en el colegio de los Salesianos en Carabanchel. Al curso siguiente hizo el noviciado en Italia. El 8 de septiembre de 2023 profesó como salesiano. Ahora estudia en la Universidad Pontificia Salesiana en Roma. 

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