Javier D’Ors o del tal palo, tal astilla


Javier d’Ors Lois
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Javier d’Ors Lois
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Rafael Domingo Oslé

Actualizado el 28/03/2024 a las 08:36

HA fallecido Javier d’Ors Lois (1948-2024), ese catedrático de derecho romano meticuloso, cordial y atento, discreto y exigente, de estirpe intelectual, que vivió con pasión el oficio universitario hasta dos semanas antes de su inesperada muerte. Javier d’Ors puede ser considerado uno de los últimos románticos de la universidad española clásica, preboloñesa, auténticamente claustral, frente a la universidad de nuestros días, de carácter más profesional y empresarial.

Javier d’Ors nació en Santiago de Compostela el 31 de octubre de 1948, como segundo de los once hijos que tuvieron Álvaro d’Ors Pérez-Peix y Palmira Lois Estévez. En el verano de 1961, se trasladó con toda su familia a Pamplona cuando Álvaro d’Ors se incorporó a la recién erigida Universidad de Navarra.

Una vez licenciado en Derecho en la Universidad de Barcelona (1970), Javier d’Ors decidió realizar el doctorado en Derecho Romano con su padre por lo que regresó a Pamplona. Profesor ayudante y adjunto en la Universidad de Navarra, en la primavera de 1977, Javier obtuvo la plaza de profesor agregado de la Universidad de Santiago de Compostela. En 1981, ganó la cátedra de Derecho Romano de la recién creada Universidad de León, y, pocos meses después, la cátedra en la Universidad de Santiago, donde permaneció hasta su jubilación oficial y como profesor honorario hasta su fallecimiento.

Javier d’Ors vivió toda su vida muy unido intelectualmente a su padre y, por tanto, a Navarra, donde vivía también parte de su querida familia. Su modo de trabajar era profundamente orsiano. Gustaba, como su padre, de la investigación microscópica, de detalle, cuyo resultado final solía ser un artículo denso y bien fundamentado en las fuentes, digno de ser publicado en una revista internacional del máximo impacto.

Aunque dejó excelentes discípulos y una obra propia de máxima importancia, como su monografía sobre el interdicto fraudatorio, buena parte de su labor como romanista consistió en colaborar con su padre en la edición de algunas obras, como su conocido manual Derecho Privado Romano.

Álvaro d’Ors trabajaba mucho más rápido que su hijo, pero este era más meticuloso. Esa relación me recordaba a la existente entre dos grandes romanistas: el gigante Theodor Mommsen y su gran colaborador, el minucioso Paul Krüger, quienes llevaron a cabo, entre otras empresas intelectuales, la edición crítica del Digesto al uso.

Tras la muerte de su padre, Javier se dedicó en cuerpo y alma a trabajar en los miles de documentos y cartas que dejó don Álvaro, así como a perpetuar su figura y a cuidar de nuevas ediciones de sus obras. 

Quienes hemos trabajado cerca de Javier d’Ors tenemos una deuda de gratitud con él por su proverbial capacidad de trabajo, su profundo deseo de pasar inadvertido y su ordenada inteligencia al servicio de los demás. Descanse en paz quien vivió sembrando paz.

El autor es catedrático y titular de la Cátedra Álvaro d´Ors de la Universidad de Navarra

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