Obituario

Ana Barber Cárcamo, ejemplo de disponibilidad y lealtad

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Ana Barber
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Pilar Lostao

Actualizado el 20/03/2024 a las 08:50

En la madrugada del 16 de marzo, cuando los más valientes arrancaban su camino hacia Javier, Ana María Barber Cárcamo (2 de septiembre de 1948) comenzaba su “javierada” hacia el cielo.

Catedrática emérita del área de Fisiología de la Facultad de Farmacia y Nutrición, y alumna de la tercera promoción de Biología de la Universidad de Navarra (1970), se había jubilado en 2012 con un amplio currículum, después de 42 años de intensa actividad docente e investigadora en las facultades de Ciencias y de Farmacia y Nutrición.

Tras su licenciatura, Ana se incorporó al departamento de Fisiología Animal para realizar su tesis doctoral, bajo la dirección de los profesores Francisco Ponz y Rafael Jordana, que defendió en 1974. Entre los años 1992 y 2007 ocupó cargos directivos en el departamento de Fisiología Animal y, más tarde, en el de Fisiología y Nutrición.

Fue también directora del Programa de Doctorado de Fisiología y Alimentación, y editora en jefe de la revista Journal of Physiology and Biochemistry desde 1994 hasta 2014. Como miembro Ordinario de la Sociedad Española de Fisiología, participó activamente en las reuniones científicas siendo muy apreciada y reconocida por fisiólogos de distintas universidades españolas.

Fiel discípula y colaboradora del profesor Francisco Ponz, “el Dr. Ponz”, como le llamaba, de él aprendió el rigor científico y el afán por la verdad que supo transmitir a sus alumnos y discípulos.

El día que me incorporé al departamento de Fisiología Animal para comenzar mi tesis doctoral, Ana me recibió con esa gran sonrisa acogedora y entrañable que le caracterizaba y que, inmediatamente, hacía que te sintieras querida y en casa. Entonces, el departamento era muy pequeño, estábamo 3 ó 4 doctorandos, ubicados en la misma sala. El saludo de Ana asomándose a la puerta cada mañana: “buenos días muchachos, ¿cómo estáis?”, nos estimulaba a afrontar los experimentos de ese día, a veces especialmente costosos.

Sin fecha ni constancia en su currículum académico, si por algo ha destacado Ana es por su disponibilidad y lealtad a la Universidad, y por su talante positivo, afable y sereno. De gran altura intelectual, era notoria su discreción, humildad y sencillez, sabiendo estar en un segundo plano para aupar a los demás, y supliendo cuando hacía falta. Y siempre con las prioridades muy claras para hacer compatible su vida profesional y familiar, pues el logro más importante de su existencia fue su familia: su esposo, Javier Marcotegui, compañero en los estudios universitarios, sus 4 hijos y sus cónyuges, y sus 11 nietos.

De fe recia y muy devota de los santos navarros y de nuestra Sra. de Roncesvalles, festejaba sus fiestas como buena navarra. Amante del senderismo y del arte, con Javier, recorrieron caminos, visitaron ciudades, e hicieron el Camino de Santiago con antiguos alumnos de la Universidad.

Consciente de la enfermedad que padecía, vivió los últimos años de vida con mucha confianza y abandono en Dios sin perder su alegría.

Ana nos deja un gran legado de buen hacer profesional y humanidad que no olvidaremos.

Pilar Lostao, catedrática de Fisiología de la Universidad de Navarra

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