San Fermín 2026
El encierro de la villavesa despide unos Sanfermines que se resisten a terminar
Trasnochadores, curiosos y madrugadores acompañan al falso Miguel Indurain en una de las tradiciones más singulares del 15 de julio
Publicado el 15/07/2026 a las 09:55
La tradición del encierro de la villavesa no se queda atrás y todavía hay quien no está dispuesto a dar por terminados los Sanfermines. Cuando el reloj marca las ocho de la mañana del 15 de julio y la ciudad comienza a desperezarse tras nueve días de fiesta, un pequeño grupo de fieles vuelve a citarse en la cuesta de Santo Domingo para disputar el último encierro. Uno sin toros, sin cohete pero con un ciclista vestido de Miguel Induráin encabezando el encierro.
El protagonista vuelve a ser, un año más, el falso Miguel Indurain. Sobre su bicicleta, encabeza una carrera que hace tiempo dejó de perseguir un autobús para convertirse en una tradición con identidad propia. Detrás de él arrancan los corredores y el cansancio reflejado en la cara después de una noche que, para muchos, aún no ha terminado.
No hacen falta muchas explicaciones. Los habituales conocen perfectamente el ritual. Otros saca el móvil. Y no falta quien, sin saber muy bien por qué, acaba sumándose a la carrera.
En este encierro no hay tensión. Las conversaciones sustituyen al silencio y las risas ocupan el lugar de los nervios. Hay quien corre unos metros, quien acompaña caminando y quien simplemente observa cómo un puñado de fieles se empeña en arañar unos minutos más a unas fiestas que ya son recuerdo.
El recorrido se convierte, más que en una carrera, en un desfile de personajes, disfraces improvisados y participantes que llevan nueve días compartiendo las calles de Pamplona. Todos saben que este es el último acto, la última foto y, para muchos, el momento en el que los Sanfermines dicen adiós hasta el próximo 6 de julio.
La ciudad, mientras tanto, ofrece otra imagen. Hay vecinos que salen a comprar el pan, operarios que comienzan a desmontar los primeros escenarios y gente con maletas que ponen fin a unos Sanfermines especiales. Dos Pamplonas conviven durante unos minutos: la que despierta y la que todavía se resiste a dormir.
El falso Miguel Indurain completa el recorrido entre aplausos, cánticos y bromas. No hay vencedores ni cronómetro. Tampoco premio para el primero en cruzar la meta. El único objetivo es prolongar un poco más la fiesta.
Porque si el Pobre de Mí simboliza el adiós oficial, el encierro de la villavesa representa ese último gesto. El de quienes todavía no están dispuestos a guardar el pañuelo rojo hasta el próximo 6 de julio.
