Obituario

Mª Ángela Juvera Iráizoz, mujer, esposa y madre fecunda

Mª Ángela Juvera Iráizoz
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Mª Ángela Juvera Iráizoz
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Juan Cruz Alli y Loli Turrillas

Actualizado el 19/03/2024 a las 17:28

E L pasado viernes día 15 de marzo, en el albor de la primavera, falleció Angelita Juvera Iráizoz a los 94 años. Era natural de Eugui, hija de Juan y Agapita, viuda de Vidal Hualde Cabodevilla, madre de Ángela, Ana, Mercedes, Vidal, Teresa e Inés, abuela de nueve nietos y bisabuela de Sara. Fue una mujer fuerte, activa, alegre y entregada a todos, con intensa vida profesional y de amistad, conocedora de su tierra y gentes.

A todos nuestra condolencia desde el afecto y la amistad en un momento en que “las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma” (Cortazar), y hemos de elegir entre “llorar porque se ha ido, o sonreír porque ha vivido, cerrar los ojos y rezar para que vuelva, o abrirlos y ver todo lo que ha dejado, llorar, cerrar tu mente, sentir el vacío y dar la espalda, o hacer lo que a ella le gustaba: sonreir, abrir los ojo, amar y seguir” (Harkins). Ella hubiese querido que lo hiciéramos así.

En estos momentos de despedida definitiva afloran los recuerdos de los años de conocimiento y trato. Así nos ha ocurridos a la familia y amigos próximos y tantas gentes con las que trató a lo largo de una vida fecunda.

Desde su pueblo Eugui vino interna al colegio de las Teresianas de la calle Mayor donde inició su formación, ampliada con estudios sanitarios, desarrollada y concluida como oficial de la Administración de Justicia.

En la secretaría de los contencioso-administrativo encontré en mi primera experiencia forense a la colegiala rubia y angelical que me reconoció como uno de los párvulos de la M. María Cruz Gorrochategui que, con sus compañeras las Eraso y otras, cuidaba en ‘el rebañito del Niño Jesús’, donde tras cantar ‘De Jesús soy ovejita’ nos daban caramelos. Este primer contacto se amplió a través de los vecinos y amigos los Ilundain-Suquía a su esposo Vidal, otros oberenistas y amigos ‘del monte’ como los Lizarraga-Dallo, los Aramburu y sus amigos Agustín Cortés y Trini Urbán. La vida se fue llevando a muchos y en los últimos tiempos quedó el núcleo fuerte formado por Angelita, Trini y Loli.

Esta relación de amistad nos permitió ir conociendo la gran familia que formaban Vidal, Angelita y sus seis hijos, su progreso en la edad, el conocimiento y la profesión, siguiendo el camino y ejemplo de esfuerzo y superación que les marcaron sus padres. Ha sido tanta la relación y los afectos que han seguido en la siguiente generación al ser coetáneas y amigas su hija Inés y nuestra hija Luisa.

LA FAMILIA DE ANGELITA Y VIDAL

La vida personal de Angelita estuvo marcada por su entrega a Vidal y a la familia que formaron de la que se sentía más satisfecha, sus cinco hijas e hijo. Por su origen y experiencia vital, estaban convencidos del valor del mérito y la capacidad, del trabajo permanente y del espíritu de superación del que fueron un ejemplo vivo para sus hijos. Les transmitieron los valores religiosos y humanos de la honradez, la obra bien hecha, el ser buenas personas, trabajadores y cualificados profesionales.

Era una auténtica matriarca navarra, amante, generosa y con autoridad. Su orgullo de madre se incrementó con los nietos y colmó con la bisnieta, de la que presumía con la alegría y satisfacción por haberla conocido.

En su actividad de oficial por oposición en juzgados y tribunales siempre fue una reconocida profesional por sus superiores, compañeros, procuradores y letrados. Era el ejemplo de la funcionaria correcta, atenta y servicial, que atendía bien incluso a quienes pudieran resultar un poco impertinentes, que de todo había. Era una memoria andante en la secretaría, en tiempos en que los legajos con las resoluciones judiciales se taladraba con punzón y cosían con aguja de media salmera y liza, haciéndolo con habilidad de costurera que, decía, había aprendido de su madre.

Demostración del afecto que se le profesaba fue el homenaje por su jubilación celebrado en el Maisonnave con unos expresivos y simpáticos versos del abogado Jesús Iribarren.

Otra característica de su personalidad fue el carácter abierto y la capacidad de generar amistad en todos los ambientes en que se movía. Especial mención merece su cuadrilla del café en la pastelería Alfaro de la calle Chapitela y luego en el Bahía de García Castañón: Tere Ardáiz, Isabel San Martín, Mari Alemán y Merche Tubia. En sus últimos tiempos Nieves, Marche y Valen.

Angelita, mujer de profundas convicciones religiosas y devota de San Fermín, sabía que la muerte llega. Nos has dejado para siempre, pero está diciendo, particularmente a sus hijos, “llámame por el nombre que me has llamado siempre, háblame como siempre lo has hecho. No lo hagas con un tono diferente, de manera solemne o triste. Sigue riéndote de lo que nos hacía reír juntos. Que se pronuncie mi nombre en casa como siempre lo ha sido, sin énfasis ninguno, sin rastro de sombra” (S. Agustín).

Descansa en paz con Vidal y los muchos amigos que te precedieron. Mientras, hasta que nos vayamos reencontrando, cuida a tu familia como lo has venido haciendo, teniéndolos presentes en todos los momentos de tu activa vida, que “no te sea leve la tierra en que reposas / ni tampoco tranquila. No estás acostumbrada. / Que sobre ella retumben cada día más firmes / los pasos de tus hijos [nietos y biznieta] y el ruido de sus risas” (Enrique García-Máiquez).

Los autores son amigos de la fallecida

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