Reencuentro

Dos maestros y rivales del ajedrez navarro, juntos después de 30 años

Pepe Leuza García, de 90 años, y Joaquín Antúnez Riezu, de 80, se citaron este enero para disfrutar del juego y rememorar sus años de competición

Pepe Leuza García (izda.) y Joaquín Antúnez se retaron de nuevo en la cocina de casa
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Pepe Leuza García (izda.) y Joaquín Antúnez se retaron de nuevo en la cocina de casa
Pepe Leuza García (izda.) y Joaquín Antúnez se retaron de nuevo en la cocina de casa

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Eva Fernández

Publicado el 20/02/2024 a las 05:00

Joaquín Antúnez recuerda perfectamente la última vez que les tocó enfrentarse cara a cara. Corría el año 1992 y se celebraba el III Open Internacional de Ajedrez Ciudad de Pamplona. Antúnez llegó a la última ronda en el primer puesto del campeonato y el sorteo le deparó jugar contra Pepe Leuza. Entonces se negó a jugar con quien había sido su maestro, así que ambos acordaron tablas. “El acuerdo nos pareció honorable. Como mínimo yo tenía garantizado el segundo puesto e, incluso, podía resultar ganador si el que iba segundo, Diego Guerra, no ganaba. Pero ganó. Le tocó jugar con Andrés Gámez y Gámez perdió. Así que Guerra quedó campeón con 7,5 puntos; y yo subcampeón con 7,0. Nunca me arrepentí de esa decisión”, rememora.

“Eran rivales y amigos, dos deportistas de élite en Navarra, dos caballeros incluso en el juego”, apuntala Sergio Coellar Mideros, el coleccionista de trebejos y apasionado del ajedrez que les ha reunido. “Joaquín era más anárquico, Pepe más ortodoxo. Dos formas opuestas, pero complementarias de entender el juego”.

Son las cuatro de la tarde y ambos, Antúnez y Coellar, se presentan -previo aviso- en el domicilio de Leuza para vivir un emotivo reencuentro, también con Genoveva, la esposa de este. Mucha alegría y un prolongado abrazo. “¿Cómo es posible que los dos máximos exponentes del ajedrez navarro nunca se encontraran en una ciudad como Pamplona en los últimos 30 años?”, se pregunta a sí mismo el coleccionista.

“Joaquín desapareció de escena en 1992, con 50 años: quiso devolver a su familia todo el tiempo que les había robado; Pepe -precisa- ya se planteaba la retirada en 1988, pero no dejó de jugar en torneos oficiales hasta 2004 (con 70 años), tras la visita a Pamplona de Kaspárov, a quien se enfrentó en una partida múltiple en el Club Oberena”, aclara el coleccionista. Poco a poco, y especialmente en la última década, al quitarse el coche, Leuza fue perdiendo contacto con sus compañeros de juego.

“Antúnez y Leuza pasaron juntos cinco horas. Cinco horas de alegría, recuerdos, humor y carcajadas. De resolver problemas, de repasar posiciones... Y aún se telefonearían a las dos de la madrugada para darse la solución a un caballo”, recuerda Coellar.

“Menudas palizas nos daba Pepe”, puntualiza Antúnez. “Qué divertido era Joaquín... Me gustaba mucho jugar con él...”, precisa Leuza de su rival en más de cien partidas”. Leuza es admirador de Bobby Fischer, Garri Kaspárov, Magnus Carlsen, José Raúl Capablanca, Alexander Alekhine y Miguel Najdorf. Antúnez añade a estos a Mijaíl Tal, “el rey del sacrificio”, y de quien el mismo Kaspárov decía ser capaz de anticipar los 11 siguientes movimientos”.

“Joaquín y Pepe fueron coetáneos de grandes figuras españolas como Arturo Pomar, Antonio Medina, Juan Manuel Bellón o Román Torán; y ellos siempre estuvieron un poquito por encima de la media (en los 6 puntos), codeándose con muchos de la cumbre”, remarca Coellar. “Este encuentro es un recuerdo a la memoria colectiva, ‘un jaque al olvido’, retomando el título de la obra del maestro colombiano Boris de Greiff”.

Joaquín Antúnez: "Volvería a jugar, pero sin robar tiempo a mi familia"

Antúnez, en el Iruña Park, en el campeonato absoluto de ajedrez por equipos de Navarra
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Antúnez, en el Iruña Park, en el campeonato absoluto de ajedrez por equipos de NavarraMIGUEL OSÉS
Antúnez, en el Iruña Park, en el campeonato absoluto de ajedrez por equipos de Navarra

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Joaquín Antúnez Riezu (Pamplona, 20/8/ 1943) nació en la calle Mercaderes, fue el 3º de 6 hermanos (3 chicos y 3 chicas) y su padre era empleado del Banesto. Se educó en Escolapios y luego estudió Magisterio, así que con 18 años ya era maestro nacional. Fue profesor 8 años, uno en la escuela taller Virgen del Camino de la Chantrea, otro en el Seminario de Pamplona y el resto, en el grupo escolar Federico Mayo, que abandonó en 1969 para trabajar como vendedor de calculadoras y máquinas de escribir en la empresa Gispert. Precisamente, en una visita comercial a Construcciones Cristóbal Caballero conoce a su mujer, Olga Caballero Serrano (Zaragoza, 2/8/1945), con quien se casa un año después, el 6 de mayo de 1972, y tiene dos hijos: Joaquín (1973) -padre de su nieta Adriana (11), aficionada al ajedrez- y Olga (1975). Tras dos años en Gispert se va a Mepamsa (Noáin), donde trabajará 8 años de jefe comercial y le ofrecerán la posibilidad de quedarse con la sección de mobiliario de oficina y todos sus empleados; lo que será el germen de su propia empresa, Antúnez Equipamiento Integral. En 1993 la empresa quiebra; pero, tras muchas dificultades, logra reflotarla con su mujer. Ahora la gestionan su hijo y su nuera.

¿Cómo y cuándo comenzó a jugar al ajedrez?

Aprendió a jugar al ajedrez ya mayor, con 22 años, con un camarero del Casino Eslava, Antonio ‘El banderas’, que cuando salía del trabajo iba al café Roch de la calle Comedias, donde Antúnez pasaba las horas muertas con su cuadrilla.

¿Qué es lo que le atrajo de este popular juego de mesa o disciplina deportiva?

Enseguida le atrajo lo que él denomina “la belleza del juego”. “Hay tantas figuras y tal variedad de movimientos que puedes crear verdaderas obras de arte con la táctica”, explica. “A mí nunca me ha gustado el ‘ajedrez maza’, el que no arriesga. Me gustan las partidas vibrantes con las figuras saltando por todas partes y el público preguntándose por qué se ha sacrificado una figura”.

¿Cómo pudo compatibilizarlo con trabajo y familia?

“Aunque nunca me lo echaron en cara, cuando dejé de competir al ajedrez, me disculpé con mi mujer y mis hijos por la cantidad de horas que les había robado”, confiesa Antúnez. “El juego te absorbe de tal manera, que si eres estudiante puedes dejar incluso de estudiar; y si eres adulto, desatender otras obligaciones. Durante años, pasé muchas tardes en el Casino Principal en lugar de estar con la familia. Y los sábados, compitiendo en uno o dos campeonatos, individual y por equipos”.

¿Alguna anécdota que quiera destacar de de su trayectoria?

“Recuerdo las partidas de 26 simultáneas contra 25 rivales de frente a la vez y con el nº 26 ‘a ciegas’. Me encantaban, por la agilidad que tenía que desplegar. Enseguida te percatabas de quiénes eran los jugadores más flojos e ibas a por ellos ‘a quitacuchillo’. Al final, te quedabas con la media docena de jugadores más fuertes y era muy espectacular, aunque los espectadores le daban más mérito del que tenía”.

¿En qué momento dejó de jugar al ajedrez y por qué?

“Mi último torneo fue el III Open Internacional de Ajedrez Ciudad de Pamplona de 1992, del que yo fui patrocinador varios años con mi empresa, Antúnez Equipamiento Integral. Después he seguido disputando partidas amistosas y, en la actualidad, juego a diario con el ordenador en la plataforma Lichess.org.

¿Recomendaría a los jóvenes de hoy en día que jugaran?

“Sí que recomendaría a la gente joven que jugase al ajedrez, porque desarrolla la intuición, la fuerza para vencer, el respeto por el rival y la agilidad mental. Pero, como he dicho antes, hay que hacerlo sin obsesionarse y evitar que se cree una adicción”.

¿Qué es para usted el ajedrez?

“Para mí el ajedrez es un arte más que un deporte. Aunque en una partida se puedan perder dos kilogramos de peso solo por la tensión, por la energía que se consume estando ahí sentadito, la belleza de las jugadas es lo que siempre me ha cautivado”.

Si volviera a nacer, ¿volvería a ser ajedrecista?

“Volvería a ser ajedrecista sin duda, pero con más cabeza, robándoles mucho menos tiempo a mi mujer y a mis hijos”.

Pepe Leuza: “Aún estoy dispuesto a ir donde sea por el ajedrez”

Pepe Leuza, en el estudio de su casa, donde sigue repasando jugadas de ajedrez
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Pepe Leuza, en el estudio de su casa, donde sigue repasando jugadas de ajedrezMIGUEL OSÉS
Pepe Leuza, en el estudio de su casa, donde sigue repasando jugadas de ajedrez

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José ‘Pepe’ Leuza García (Madrid, 24/01/ 1934). Hijo solo, sus padres eran de Larraga, pero la Guerra Civil los llevó a Madrid. Su familia volvió a Pamplona cuando él tenía 6 años. En Pamplona estudia Contabilidad y reside hasta los 18 años, cuando vuelve a Madrid para trabajar en Telefónica. En 1961 regresa a Pamplona como empleado de esta misma compañía y obtiene su 1º trofeo en el Campeonato Navarro de Ajedrez, del que luego quedará campeón 8 años casi sucesivos: de 1962 a 1970, con excepción del 67. En 1967 conoce a su mujer, Genoveva Labiano Hualde, 8 años menor (Pamplona, 1942), con la que se casa un año después. Tienen dos hijos: Ignacio (1969) y Margarita Penélope (1970); y dos nietos: Irene, de 17 años, hija de Ignacio; y Luis (12), hija de Margarita. Leuza dominó el ajedrez navarro en la década de los 60, participando también en los Campeonatos de España, donde se enfrentó a figuras de la talla de Antonio Medina (IM) y Arturo Pomar (GM), y en 1964 en Las Palmas de Gran Canaria obtuvo el premio a la Combatividad. El 18 de septiembre de 2004, se enfrentó en ronda múltiple a Garri Kaspárov, que visitó Pamplona por los 50 años del Club Oberena.

¿Cómo y cuándo comenzó a jugar al ajedrez?

Su afición comenzó con 6 años en la escuela, cuando veía jugar a sus compañeros de aula. Era un niño tímido y no pedía a sus compañeros que le enseñaran, sólo miraba. Observaba los movimientos y aprendía las reglas. Con 10 u 11 años echó por fin su primera partida y ganó a su contrincante.

¿Qué es lo que le atrajo de este popular juego de mesa o disciplina deportiva?

Lo que más le atrajo fue la complejidad del juego. Leuza siempre fue un estudioso del ajedrez, un teórico del juego. Aún ahora, a sus 90 años recién cumplidos, le encanta ver partidas en la televisión, resolver los pasatiempos ajedrecísticos de los periódicos y leer libros en los que se repasan jugadas de otras épocas.

¿Cómo pudo compatibilizarlo con trabajo y familia?

Compatibilizarlo con la familia fue difícil. “El ajedrez para Pepe siempre fue una obsesión”, relata su mujer Genoveva. “Trabajaba de 8 a 15 en Telefónica, venía a casa justo para comer y enseguida se marchaba al Casino Principal, donde se pasaba toda la tarde jugando. Cuando volvía a casa, los niños ya estaban acostados. Además, los fines de semana estaban también casi dedicados por completo a los campeonatos, así que hubo un tiempo en que yo odiaba el ajedrez”, confiesa su esposa, con la que cumplirá 56 años de casado. “Ahora ya no me importa, se entretiene mucho con él”.

¿Alguna anécdota que quiera destacar de de su trayectoria?

Recuerda una partida ‘a ciegas’ o ‘de espaldas al tablero’ hace 60 años en el bar Niza. Fue con un excompañero de Madrid que había venido de visita a Pamplona y tenía ilusión por que jugaran. El rival se posicionó de frente al tablero y Leuza, de espaldas, con un ayudante que le iba contando las jugadas de su contrincante. Al final, Leuza le dio una paliza tremenda y recuerda riendo cómo su ayudante exclamaba: “¡Bueno, pero aquí, ¿quién es el que no ve el tablero?!”.

¿En qué momento dejó de jugar al ajedrez y por qué?

Se planteó dejar de competir en 1988, con 54 años, pero tuvo “las ganas, el coraje y la valentía” de participar con 70 en una exhibición simultánea con Kaspárov. Con 80, al dejar el coche, se distanció de los jugadores del Oberena y del Casino Principal.

¿Recomendaría a los jóvenes de hoy en día que jugaran?

“No sé si recomendarlo a los jóvenes. A veces pienso que hay que dedicarle demasiado tiempo, por eso mis hijos hicieron caso a su madre y no jugaron. Sí que juego con mi nieto Luis, de 12 años. Es un hacha”.

¿Qué es para usted el ajedrez?

“No sé explicarlo muy bien. El ajedrez es una pasión, ha sido mi vida. Sé que ha restado mucho tiempo a mi familia, pero es algo de lo que me di cuenta con el paso del tiempo. En su momento, me parecía lo más normal. Fumaba mucho y dormía poco, no más de 6 horas. Era muy absorbente”.

Si volviera a nacer, ¿volvería a ser ajedrecista?

Leuza cree que no podría evitar volver a ser ajedrecista. “Aún estoy dispuesto a ir a donde sea por el ajedrez”, asegura.

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