Buscando luz para el cáncer infantil

El grupo del laboratorio de Terapias Avanzadas de tumores sólidos infantiles del CIMA es uno de los que investiga específicamente para buscar tratamientos para niños

Grupo de Terapias Avanzadas de Tumores Sólidos Infantiles del CIMA. Primera fila (izda a dcha): Andrea Lacalle Carrasco y Marta Zalacaín Diez. Segunda fila: Marisol González-Huarriz, Reyes Hernández Osuna, Irati Hervás Corpión y Sandra Morales Sánchez.Tercera fila: Noelia Casares Lagar, Marta Alonso Roldán (directora laboratorio) y Carmen Ochoa Nieto. Cuarta fila: Daniel Palacios Alonso, Daniel de la Nava Martín, Javier Marcos Sanz, Sara Nuin Istúriz y Laasya Dhandapani.
AmpliarAmpliar
Grupo de Terapias Avanzadas de Tumores Sólidos Infantiles del CIMA. Primera fila (izda a dcha): Andrea Lacalle Carrasco y Marta Zalacaín Diez. Segunda fila: Marisol González-Huarriz, Reyes Hernández Osuna, Irati Hervás Corpión y Sandra Morales Sánchez.Tercera fila: Noelia Casares Lagar, Marta Alonso Roldán (directora laboratorio) y Carmen Ochoa Nieto. Cuarta fila: Daniel Palacios Alonso, Daniel de la Nava Martín, Javier Marcos Sanz, Sara Nuin Istúriz y Laasya Dhandapani
Grupo de Terapias Avanzadas de Tumores Sólidos Infantiles del CIMA. Primera fila (izda a dcha): Andrea Lacalle Carrasco y Marta Zalacaín Diez. Segunda fila: Marisol González-Huarriz, Reyes Hernández Osuna, Irati Hervás Corpión y Sandra Morales Sánchez.Tercera fila: Noelia Casares Lagar, Marta Alonso Roldán (directora laboratorio) y Carmen Ochoa Nieto. Cuarta fila: Daniel Palacios Alonso, Daniel de la Nava Martín, Javier Marcos Sanz, Sara Nuin Istúriz y Laasya Dhandapani.

CerrarCerrar

María José Echeverría

Publicado el 15/02/2024 a las 05:00

Hay esperanza para el futuro. Para esos tumores que todavía no tienen cura. “Con mucha cautela”. Como muchos investigadores, Marta Alonso Roldán, no es amiga de ir contando los pequeños logros del día a día. “Prefiero que se expliquen las cosas cuando se pueden aplicar a los pacientes”, afirma. Alonso, natural de Lodosa y madre de tres hijos, es la directora del Laboratorio de Terapias Avanzadas para tumores sólidos infantiles del Cima de la Universidad de Navarra, junto con Ana Patiño y Jaime Gállego, de Pediatría y Neurología de la CUN. Rodeada de pipetas y papeles, desgrana la labor que realizan en ese mundo desconocido para la mayoría de las personas.

Son un grupo de 16 investigadores con un objetivo común: conseguir terapias que curen tumores infantiles pero manteniendo la mayor calidad de vida posible para los niños. Se centran en tumores cerebrales, como el glioma difuso intrínseco de tronco (DIPG), un cáncer agresivo del tronco encefálico que es la principal causa de muerte relacionada con el cáncer pediátrico. Las opciones de terapia, dada su localización, son contadas. De ahí la importancia de abrir vías por donde pueda entrar luz.

GRANDES OLVIDADOS

Si la investigación en cáncer es compleja ya que, en definitiva, son cientos de enfermedades, la investigación en cáncer infantil ha sido una de las “grandes olvidadas”, apunta Alonso. De hecho, es un logro que ahora haya equipos de investigadores centrados específicamente en cáncer infantil, entre los que se encuentra el de Tumores Sólidos del Cima.

En este equipo trabaja, por ejemplo, Iker Ausejo, que ha recibido el premio al mejor artículo científico de 2023 que otorga el grupo GÉTICA.

Los tumores más frecuentes en la infancia son los hematológicos, de la sangre, como linfomas o leucemias, que han logrado importantes avances en tratamientos en los últimos años; y los tumores sólidos. Entre ellos se encuentran los sarcomas (hueso y partes blandas) y los cerebrales, que suelen ser agresivos. “Son menos conocidos. Hay de muchos tipos y para algunos no hay una cura eficaz”. Son tumores muy unidos al desarrollo y, en definitiva, son tumores raros, aunque sean prevalentes en niños, por su baja incidencia. De ahí que la investigación haya sido menor hasta ahora que en otros cánceres. En Navarra se pueden diagnosticar de 5 a 10 tumores cerebrales al año, indica.

A este mar de incertidumbre se añade que son difíciles de diagnosticar y no se pueden biopsiar porque se suelen encontrar en lugares delicados. Por eso, Alonso explica que era frecuente trasladar terapias ensayadas en adultos para los niños afectados aunque son pacientes muy diferentes.

“En 2003 había muy pocas investigaciones específicas para tumores cerebrales infantiles”, insiste. La situación comenzó a cambiar en 2010, de la mano de un fuerte movimiento de asociaciones de padres y fundaciones para promover estudios. “Ha sido en los últimos cinco años cuando, por fin, se ha potenciado la investigación por y para los niños”. Y ahora ya hay grupos específicos.

EL ENSAYO Y LA ESPERANZA

El problema era que había poco acceso a muestras y escasa financiación. “Nosotros tardamos unos siete años en tener herramientas bien definidas que nos permitiesen abordar investigaciones de terapias para el tumor cerebral: tanto líneas celulares para trabajar en el laboratorio como modelos animales, que permiten estudiar cómo se comportan y aplicar terapias”.

Según Alonso, se empezó con el acceso a las muestras de pacientes para hacer la caracterización molecular, es decir saber de qué están hechos los tumores. “Poco a poco se han desarrollado herramientas que nos permiten estudiarlos. Y hay que destacar la generosidad de los investigadores a la hora de compartirlas”.

Estos estudios previos son esenciales para el paso siguiente: los ensayos clínicos. “Ha habido más de 900 ensayos clínicos que funcionaban en otros tumores, que se han trasladado a estos niños y han sido fallidos. Es duro y frustrante”.

Con todo, los ensayos son la única manera de avanzar. Y los datos empiezan a ser prometedores. Por ejemplo, este grupo trató en un ensayo a 12 pacientes de toda Europa afectados de DIPG (tumor cerebral) con un virus oncolítico. Se trata de utilizar un adenovirus que causa catarro y que se modifica genéticamente en el laboratorio para que solo pueda infectar, replicarse y matar selectivamente a las células tumorales. De entrada, realizaron una biopsia del tumor para caracterizarlo molecularmente, lo que antes no se hacía por el riesgo de secuelas neurológicas, para después inyectar el virus en el interior del tumor. La mayoría de los pacientes tuvieron una supervivencia mayor de la esperada y dos siguen vivos cuatro años después. “Eso nos indica que merece la pena perseguir esta vía”, dijo Alonso.

El ensayo demostró que el procedimiento es posible y seguro, ya que apenas generó toxicidad. Los pacientes recibieron radioterapia, demostrando la sinergia entre ambos tratamientos. Todo para acabar con el cáncer.

VIRUS QUE AYUDAN

“Intentamos comprender de qué está hecha la célula tumoral y lo que le rodea para desarrollar tratamientos enfocados específicamente a lo que encontramos”, resume. Las investigaciones son muy variadas. “Se abren puertas pero van despacio”, apunta Alonso. No quiere dar falsas esperanzas, ya que está acostumbrada a hablar con padres que luchan por llegar a estos ensayos. “Nos gustaría ir más rápido. Pero lo que investigamos ahora igual no sirve para el paciente de hoy sino para el de mañana”.

Entre las líneas de terapia abiertas, que mayoritariamente están basadas en la inmunoterapia (actuación sobre el sistema inmune), destacan tres. Los moduladores de puntos de control, es decir drogas que modulan el sistema inmune, que le quitan los “frenos” para que ataquen al tumor. Las terapias CAR-T, que emplean linfocitos del paciente y en el laboratorio se les da la capacidad de reconocer al tumor y destruirlo. Y los virus modificados genéticamente (adenovirus, herpes, etc.). “Como son virus alertan al sistema inmune y los preparamos para destruir al tumor”.

Todo está en investigación. Ya hay ensayos clínicos con pacientes aunque no hay terapias aprobadas para tumores sólidos”, destaca Alonso. En este momento, el grupo tiene abiertas una docena de vías distintas de terapia en distintas fases. Y además intentar comprender por qué en unos casos funciona y en otros, no.

PIEDRAS Y ALEGRÍAS EN EL CAMINO

“Los resultados con pacientes tratados con virus son ilusionantes. Nos han abierto ramificaciones”, afirma Alonso. Hace poco han descubierto que el bloqueo de una molécula de control inmunitario (TIM-3), que es importante en tumores cerebrales, favorece la respuesta inmunitaria. “Podemos meter algo en el virus que inhiba el TIM-3”.

A este trabajo hay que unir el día a día del investigador . “Es como estar en una cuerda floja”. Es difícil innovar y, a la vez, orientar la investigación al paciente para que llegue lo antes posible. Por si fuera poco, la búsqueda de financiación es otra piedra en el camino, aunque cada vez más entidades tienen líneas para cáncer infantil, como la AECC.

El grupo de Alonso cuenta con financiación variada: del European Research Council (dos millones); de CaixaImpulse, que apoya planes de negocio para desarrollo de patentes; de la fundación Defeat DIPG (600.000 €) para el estudio con virus oncolíticos o la beca Baselga (300.000 €) de la Fundación FERO, entre otras. Es una muestra de lo que se mueve en los laboratorios en su lucha por buscar terapias.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora