Obituario
José Manuel Navarro, comerciante y socio de la centenaria Ortega de Pamplona


Publicado el 27/12/2023 a las 07:42
El 23 de diciembre fallecía en Pamplona José Manuel Navarro Arasti, veterano comerciante del Casco Antiguo, a los 88 años. Nacido en Milagro el 4 de enero de 1935, era socio de Sucesores de Ortega, centenario comercio pamplonés de la calle Mayor. Sastre como su padre, estuvo medio siglo tras el mostrador de esta tienda.
José Manuel era hijo de Félix y Patrocinio. Su padre murió cuando era niño, así que en 1945, Patrocinio y sus dos hijos se mudaron a Pamplona en busca de un porvenir económico. Se instalaron en una habitación de la calle Mañueta. Su primer recuerdo de la infancia de Pamplona fue el Congreso Eucarístico que se celebró en 1946, con una multitudinaria procesión y un gran altar instalado en la plaza Príncipe de Viana. “Fue un hombre de una profunda religiosidad. Era Adorador Nocturno y acudía a todos los actos tradicionales de Pamplona: el Rosario de los Esclavos, la procesión del Corpus, el Rosario de la Aurora, la novena de la Virgen del Camino…Y con su bastón rematada por una cruz, era fiel peregrino de la Javierada”, cuentan sus hijas y su yerno Fernando.
Con 14 años entró a trabajar como maca (chico de los recados) en confecciones Ortega, tienda fundada por Bonifacio Ortega en 1905. Él trabajó con José Ortega, Pepe, hijo de Bonifacio, que había fallecido en 1935 en accidente de tráfico. José Ortega era soltero y, tras su muerte en 1966, adquirieron el negocio los dos empleados, Daniel Cayuela y José Manuel Navarro. Daniel falleció en 1990, así que José Manuel trabajó bastantes años con las tres hijas de Cayuela.
En 1961 José Manuel se casó con la pamplonesa María Esther Torres Galindo. Se fueron a vivir a la Txantrea, que estaba en pleno desarrollo. Participó activamente tanto en las obras como en la vida social del barrio, la parroquia, el coro o la cabalgata de Reyes. José Manuel enviudó en 1992. Tuvieron seis hijos (cuatro chicas y dos chicos), nueve nietos y tres biznietos. Dos de sus hijas, María Sagrario y Roncesvalles, han continuado su vocación al pequeño comercio. Ambas regentan desde hace más de tres décadas una pequeña tienda de complementos y souvenirs de la plaza Consistorial, Mª Sagrario Navarro.
José Manuel se jubiló a los 65 años tras pasar medio siglo detrás del mostrador. Su don de gentes, empatía con la clientela y habilidad con las tijeras y el metro eran sus señas de identidad profesionales. “Ha vestido a todas las peñas de Pamplona y de otras localidades, ha hecho multitud de disfraces de carnaval y ha cosido túnicas de las romerías penitenciales de Navarra, Ujué, Roncesvalles, Lumbier, Codés”, relata sus hijas.
Su familia destaca además su generosidad. “En la tienda acudía una mujer y sabía que le robaba ropa, por necesidad. Así que hacía la vista gorda. Y cuando a la mujer no le quedaba más remedio que comprar, siempre le añadía alguna prenda más a la bolsa”, citan como anécdota. José Manuel sufría una enfermedad en las manos, así que su familia le compró unos guantes térmicos especiales. Una vez se cruzó con un mendigo y vio que tenía las manos destrozadas, se quitó los guantes y se los entregó. Con su bici plegable, acudía todos los días a misa a la iglesia de Santo Domingo y daba limosna al mendigo de la puerta. Un día, al salir de misa vio que le habían robado la bicicleta. Y a los días descubrió al mendigo montado en su bici. “A pesar de ello le siguió dando limosna”, explica su yerno. Tras su jubilación, se hizo voluntario de la residencia de mayores Amma Argaray, acompañando, entreteniendo y dando conversación a los residentes. “Los abuelos me dan vida. Es vocación de servicio. Me recuerdan a mi abuelo o a mi madre cuando ya eran mayores”, contaba a este periódico en 2012.
Aunque abandonó Milagro a temprana edad, siempre ha seguido muy vinculado a esta localidad. “Tenía un gran cariño a la Virgen del Patrocinio. En noviembre siempre acudía a la subida o la bajada de la novena”, señala su familia. En 2015 fue pregonero de la Fiesta de la Cereza de Milagro y se le hizo entrega del Racimo de Oro. El pasado 2 de diciembre, José Manuel estuvo en Milagro en un acto de reconocimiento a varias personas que han contribuido con su testimonio oral a la memoria inmaterial de la localidad. “Quiso estar presente y le hizo mucha ilusión este pequeño homenaje”, destacan.