Problemas en la adolescencia

Olatz Ormaetxea, psicóloga y docente: "Los padres deben estar atentos al síndrome del domingo por la noche"

Dolor de cabeza, de estómago o de cuerpo, no encontrarse bien... pueden alertar de un malestar emocional en los adolescentes que, si no se trata a tiempo, puede llevar a una depresión.

Olatz Ormaetxea Ruiz, psicóloga y docente en la UNED.
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Olatz Ormaetxea Ruiz, psicóloga y docente en la UNED
Olatz Ormaetxea Ruiz, psicóloga y docente en la UNED.

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María José Echeverría

Publicado el 06/12/2023 a las 05:00

Olatz Ormaetxea Ruiz, doctora en psicología, psicoterapéuta familiar y de pareja, docente en la UNED y colaboradora en la UNAV y en la UPV, trabaja en un gabinete privado donde ve día a día problemas de salud mental. Alerta sobre una sociedad en cambio, tecnológica, donde hay una exposición excesiva en redes, una comparativa excesiva con los demás y donde los problemas se esconden y la felicidad se sobrevalora. Y aboga por la formación de padres para que el adolescente se sienta seguro. Normas y limites son necesarios pero también mucho afecto en esos momentos de cambio. “Hay padres que están emocionalmente muy lejos de sus hijos y, a veces, son los adultos quienes no saben qué hacer”.

¿Una cosa es la enfermedad mental y otra el malestar emocional?

En la depresión en adolescentes el malestar emocional es un síntoma. Uno lleva a la otra. Cuando una persona empieza con síntomas de malestar emocional y se mantienen en el tiempo se puede desarrollar una depresión. Lo que marca la diferencia es el tiempo de permanencia.

¿Quiere decir que se puede pasar por una mala temporada, una crisis, sin llegar a más?

Puede haber una crisis. Pero si no se trata a tiempo ese malestar pueden acabar en depresión.

¿Entonces aconseja no minimizar ese malestar?

No hay que minimizar signos de alerta y menos en adolescentes porque es una etapa de vulnerabilidad. Hay muchas emociones cambiantes. Un adolescente puede parecer que está feliz y a la media hora hundido. Hay que tener en cuenta si es algo puntual o si lleva más de dos semanas seguidas en ese estado. Ese es el momento de preguntarse si pasa algo. Quizás necesita ayuda. Hay que atender los signos de malestar en los adolescentes y saber que son diferentes a los de un adulto. Suelen ir bastante al médico porque somatizan.

¿Cómo se manifiesta esa somatización?

Aparecen dolores de cuerpo sin causa física. Es el síndrome del domingo por la noche: dolores de cabeza, de tripa, no encontrarse bien, reglas largas en chicas... También conductas como aislarse, quedarse en casa, dejar de quedar con los amigos, estar irritado con los padres todo el tiempo. Pero, sobre todo, este síndrome del domingo. Es muy habitual.

La pandemia ha quedado atrás y siguen detectando problemas de salud mental ¿Por qué?

En la prepandemia ya era frecuente ver adolescentes que no se encontraban bien. Ahora ha aumentado. Creo que es algo social más allá de la pandemia, que ha sido como la gota que colma el vaso. El que tenía factores de vulnerabilidad ha empeorado su bienestar emocional. Tenemos una época adolescente con mayores dificultades que en otras épocas y creo que es algo social.

¿A qué se refiere con que es algo social?

Estamos es una sociedad de cambio aunque imagino que llegaremos a una estabilización. Por un lado, la mayoría de los padres trabajamos fuera de casa y eso ha cambiado la familia. Antes la crianza era más cercana. Ahora, los padres estamos menos horas con los adolescentes y la atención emocional, en ocasiones, no es la que quisiéramos. Por otro lado, ha cambiado el tipo de sociedad, que es más tecnológica, y hay un cambio en las relaciones.

¿Cómo son las relaciones?

Son más tecnológicas, por decirlo de alguna manera. Los padres hemos vivido una época en la que las relaciones eran físicas, a la hora de quedar por ejemplo, y se ha pasado a un tipo de relación que a veces nos cuesta comprender. Por ejemplo, que queden on line para jugar. Queda la cuadrilla pero cada uno en su cuarto.

¿Vamos hacia una sociedad más individualista?

Más que individualista es on line. Todo es tan virtual que puede haber una distorsión entre lo que es real y lo que no. Todos tienen redes sociales y en la adolescencia tener redes sin control es de alto riesgo.

¿Por qué?

En redes uno pone lo que quiere mostrar, no la realidad. Están más lejos de la realidad y hay mayor sufrimiento porque se comparan de forma virtual. Muchos adolescentes con problemas hablan de las vidas ideales de los demás. Hay una comparativa excesiva con el resto porque hay una exposición excesiva. Los adultos de hoy no vivimos eso.

¿Tienden a ver solo lo bueno?

Claro. Lo que se expone. Al final hay un sesgo hacia la idealización. A mostrar lo positivo y lo bueno. Los problemas se ocultan. Los adolescentes comentan que no pueden hablar de sus problemas porque no se exponen.

¿Los adolescentes tienen hoy menos herramientas para hacer frente a los problemas?

No. Tienen incluso más recursos, flexibilidad, imaginación, capacidad de cambio pero si no les damos herramientas de seguridad están perdidos.

¿Herramientas de seguridad...?

Lo que no tienen es capacidad de contención. Necesitan la seguridad del adulto, que es lo que no se pueden ofrecer a sí mismos. Necesitan estructura, normas, límites y, sobre todo, mucho afecto. En definitiva, inteligencia emocional. Vivir en un contexto en el que se sientan comprendidos y sostenidos. Es la mayor prevención para el suicidio. Dedicamos tiempo a entender las redes sociales pero no a cómo gestionarlas con los adolescentes. ¿Cómo transmito lo que está bien si no lo conozco?

¿Y si se prohiben?

No es solo prohibir. Está bien poner un límite pero hoy es su forma de comunicarse. Hay que explicar qué parte sí y qué no.

¿Dónde se puede llevar a cabo esa formación, en escuelas?

Sí y en centros de salud. Los propios pediatras, la Enfermería... Que los sanitarios tengan formación podría ayudar.

Existe la idea de que son generaciones más ‘blandas’ desde el punto de vista emocional ¿Es así?

Esa idea tiene que ver con la sobreprotección. A veces cuando los padres no están, sienten culpa y tienden a sobreproteger. Al final, es tapar lo que no se ha podido cubrir en otros momentos. Se ve, por ejemplo, en parejas separadas que hacen muchos regalos.

¿Cree que la adolescencia es más compleja en esta época?

No se trata de que sea más compleja. El problema es más el cambio social y cómo viven los adolescentes esos cambios que tienen que ver con adultos. Al final, el problema está muchas veces en los adultos, que nos tenemos que adaptar para saber cómo reaccionar con ellos. Para eso la formación es importante: en tecnología, en filtros, en qué hacer y qué no, en la idealización...

¿Cómo repercute esa formación en un problema mental?

La formación hace que el adolescente se sienta seguro porque el padre y la madre se sienten seguros. Yo trabajo mucho más con los padres porque a veces hay que darles fuerza para que la transmitan. La mayoría están perdidos, no controlan las redes, qué hacer para que no entren en pornografía, por ejemplo. Cuanto más inseguros los padres, más inseguros los hijos. No creo que la adolescencia en sí haya empeorado. Es una fase que va muy acompañada de adultos y estamos más inestables. Hoy muchos adolescentes creen que vivirán peor que sus padres.

¿Tienen sensación negativa sobre el futuro?

Sí. Es una sensación un poco derrotista. Yo intento transmitir que hay que pensar más en el ahora y no tanto en el futuro. Las redes continuamente hablan de todo lo que se puede hacer. Es un exceso de felicidad que hace que se sobrevalore. Hay que estar bien en el día a día y no pensar en todo lo que puedes hacer y no has conseguido.

¿Vamos a una sociedad con mucha más patología mental?

Es posible. Estamos en una sociedad adultizada, pensada desde la mirada adulta. Por eso trabajo en terapia con padres a los que hay que tranquilizar. Normalmente detectamos en los padres las carencias de los hijos. Es darle la vuelta a la tortilla pero es lo que vemos. El adulto es el que sostiene al menor. Tiene que escucharle, preguntarle por sus miedos... si se trabaja con los padres se nota en los adolescentes.

¿Entonces es esencial mejorar la salud mental de los adultos?

Para mí están estrechamente ligados. Ansiedad, depresión , etc. han aumentado en adultos, toman medicación y siguen adelante. Pero en adolescentes no es tan fácil porque hay una inestabilidad emocional y biológica. Ahí se ve el reflejo de la sociedad.

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