Problemas en la adolescencia
Alertan del aumento de depresión y autolesiones en adolescentes y jóvenes
La salud mental se resintió en la pandemia y se mantienen los problemas


Publicado el 06/12/2023 a las 05:00
Ansiedad, depresión, autolesiones, tendencias suicidas, altos consumos de alcohol y otras sustancias... son algunos de los problemas que han aumentado en la adolescencia y juventud, alertan los expertos. La salud mental preocupa y se refleja en un incremento de las consultas, que han crecido hasta un 20% tras la pandemia y que incluso están causando listas de espera en gabinetes privados de especialistas, según fuentes del sector.
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Los últimos estudios realizados por diversas instituciones ya han venido desgranando esta situación desde la pandemia. El último informe del Instituto Navarro de la Juventud reflejó un empeoramiento del bienestar emocional de los jóvenes con la pandemia. Hasta un 54% afirmaron que estaban peor; uno de cada cuatro sufrió frecuentemente niveles de tensión, estrés o agobio y uno de cada diez apuntó que padecía ansiedad. La Encuesta Social y de Condiciones de Vida del Instituto de Estadística de Navarra de 2021 reflejó también un ‘bajo bienestar general’ en el 27% de los jóvenes de 15 a 29 años, un porcentaje que doblaba al que se registró en 2017. Además, casi el 11% necesitaron atención mental. Y según datos del Instituto de Estadística (INE), los suicidios de 12 a 17 años aumentaron un 32% de 2019 a 2021.
“Hay padres muy preocupados. Ahora mismo se ha notado un aumento de adolescentes con depresión”, señala Olatz Ormaetxea, doctora en psicología y docente en la UNED. Hay que tener en cuenta que los síntomas que presentan los adolescentes en la depresión son diferentes a los que tienen los adultos: apatía, enfado continuo, irritabilidad, poca motivación para ir a clase o quedar con amigos...Son solo algunos signos.
Los expertos también destacan un aumento de la ansiedad y de los intentos autolíticos (lesiones), que suelen ir de la mano con la depresión. “Se trata de hacerse daño, generalmente cortes, lo que da un sentimiento de paz. Es un desplazamiento de la angustia porque si una persona angustiada hace algo en lo que tiene el control siente calma”. El problema es que luego llega la culpa: “¡No controlo mi vida!”, “¡Mis padres se van a disgustar!”. Son comentarios frecuentes en las consultas.
LA PUNTA DEL ICEBERG
Ahí es donde entra la labor del adulto, explica Ormaetxea. “Tiene que sostener al menor”. Para ello deja claro que nunca hay que minimizar signos de alerta, aunque una cosa es tener rebeldía y otra grandes consumos, dejar estudios, apatía mantenida, etc.
Además, es preciso apostar por la formación para apoyar y ayudar al adolescente, sobre todo en inteligencia emocional (manejo de emociones, estrés, comunicación, etc.) y uso de redes sociales. “En la adolescencia tener redes sociales sin control es de alto riesgo”. Y es que los problemas pueden venir de antes. “El adolescente es la punta de iceberg y los problemas se pueden ir gestando desde la infancia”.
Con todo, actualmente hay muchas personas trabajando y padres cada vez más mentalizados en acompañar a los adolescentes.
LAS CLAVES
1. Inteligencia emocional. Tanto con los adolescentes como con los padres hay que trabajar la inteligencia emocional y la gestión de las emociones: cómo manejar las emociones, cómo manejar el estrés, el dolor, las habilidades sociales y, sobre todo, mejorar la comunicación entre ambos y hablar más.
2. Formación. Para afrontar una sociedad cada vez más tecnológica en la que los niños crecen es preciso que los adultos se formen en el uso de las tecnologías: qué filtros utilizar, qué hacer y usar y qué no, trabajar en la idealización existente en las redes sociales, etc. No todo es prohibir.
3. Comunidad. Los adolescentes necesitan el apoyo de los adultos. Se ha perdido ‘la comunidad’ y se sienten solos. No se habla de los problemas. Es necesario potenciar espacios, puntos de encuentro, donde los padres puedan hablar. Y también los menores necesitan juntarse.
4. Normas y afecto. Los adolescentes necesitan la seguridad del adulto: estructura, normas, límites pero también mucho afecto. Se trata de que vivan en un entorno donde se sientan comprendidos y sostenidos y donde puedan contar sus problemas.
5. Recordar. Para ayudar hay que tener conocimiento sobre la adolescencia, una etapa de vulnerabilidad en la que hay muchas emociones cambiantes. Puede haber crisis puntuales o mantenidas y en este caso generar patología. Conviene recordar la adolescencia propia.