Adopciones

La historia de un matrimonio de Tafalla, padres adoptivos de Oihan: "Adoptar es recibir a un menor con una herida muy grande"

Itziar Grela e Igor Olite han puesto rumbo a Vietnam para adoptar a su segundo hijo, Khoi, de 4 años

Oihan, de 5 años, en el salón de su casa con sus padres, Itziar  Grela Jiménez e Igor Olite Aribe, de 47 y 48 años, respectivamente.
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Oihan, de 5 años, en el salón de su casa con sus padres, Itziar Grela Jiménez e Igor Olite Aribe, de 47 y 48 años, respectivamente.
Oihan, de 5 años, en el salón de su casa con sus padres, Itziar  Grela Jiménez e Igor Olite Aribe, de 47 y 48 años, respectivamente.

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Ainhoa Piudo

Publicado el 03/12/2023 a las 05:00

Itziar Grela e Igor Olite han puesto rumbo a Vietnam para adoptar a su segundo hijo, Khoi, de 4 años. Con ellos viaja Oihan, de 5 y nacido también en el país asiático, el que había enamorado al matrimonio en un viaje mochilero. La historia de esta familia de Tafalla, trabajadora social ella y ganadero él, está a punto de abrir un capítulo nuevo, uno tan lleno de ilusión como de miedos.

La primera página se escribió con ella en una cama de hospital, recuperándose de su último aborto. Era junio de 2018. Aquel día cerraron la puerta a seguir intentando ser padres biológicos y se abrieron a la posibilidad de adoptar. 

Era un tema que estaba ahí, aparecía en las conversaciones de la pareja, pero fue Igor el que la puso oficialmente el horizonte: “Nos hemos apuntado a la primera charla para adoptar, es el 27 de septiembre”, le anunció. Desde el principio tuvieron claro que se inscribirían solo a la lista internacional, no a la nacional, y también que el país sería Vietnam. En agosto de 2019, en un plazo muy breve para lo habitual, Oihan llegaba a su casa con 12 meses de vida.

UNA MATERNIDAD DIFERENTE

Es ella la que se encarga de poner palabras a la experiencia de la adopción. No es amiga de idealizarla ni de edulcorarla. Esta maternidad, cree, es “diferente” a otras, porque los menores adoptados son “niños y niñas con una herida muy grande de nacimiento”, que es “el miedo al abandono”. 

“Nuestra labor como padres y madres es repararla a lo largo de la vida o, por lo menos, acompañarla”. A esa herida se le pueden añadir otras, en función de las circunstancias que haya atravesado cada menor (malos tratos, alcoholismo de la madre durante el embarazo, etc). “Es importante conocer esa historia social de tu hijo”.

Para eso, advierte, “el amor no lo arregla todo”, aunque sí es una pata imprescindible. “Los padres y madres tenemos que estar muy trabajados a nivel emocional con terapeutas especializados en trauma y adopción”. En ese proceso han encontrado en la Asociación de familias adoptivas de Navarra (Afadena) a un buen aliado. “Se te abre un mundo al hablar con gente a la que le pasa lo mismo que a ti. Hay conductas de nuestros peques que no son fáciles de entender”.

Ahora que lo mira con experiencia acumulada, cree que las formaciones obligatorias previas a la adopción “son muy cortas” y que habría que ser “mucho más exigente” para conceder la idoneidad. “Yo no tengo derecho a ser madre, pero el menor sí tiene derecho a tener una familia”, recuerda.

ADVERSIDAD TEMPRANA

Adversidad temprana. Con ese término se hace referencia a cualquier situación adversa anterior al nacimiento, durante la gestación o en los primeros años, y que deja una huella para el resto de la vida. “Los niños que han sido abandonados están constantemente en alerta. Es un miedo que no pueden racionalizar. Puede incluso que hayan sido adoptados al día siguiente de haber nacido. Pera esa herida siempre va a estar en su vida”.

A esta madre le parece fundamental “ser honestos” desde el principio. Y eso pasa por tener presente a la familia biológica, aun sin saber quiénes son. “Es sanador hablar de las cosas tal y como han sido. Mi hijo sabe que tiene una madre en Vietnam, aunque no sabemos qué le pasó, ni somos nadie para juzgarlo”. Oihan construye su historia de vida a través de las fotografías que el matrimonio conserva: el orfanato, el viaje de Itziar e Igor para adoptarlo, su llegada a Tafalla, sus vivencias actuales. “Es doloroso para ellos, pero a la larga es muy sanador. Ahora nos ha pedido que hagamos un cuento con todo eso”.

RESPETAR LA IDENTIDAD

Su segundo hijo, Khoi, va a mantener su nombre originario. “Él viene ya con 4 años. Pero ahora lo hubiera hecho también con Oihan. Con los años he aprendido que él, con 12 meses, también tenía un nombre y una identidad. ¿Por qué cambiarlo?”, reflexiona. “Hay cosas que haría distinto porque ahora sé mucho más sobre adopción”.

Este segundo proceso no ha sido tan rápido como el anterior. “Hemos esperado casi 3 años”. La familia viajará en diciembre para celebrar “la ceremonia”, la firma de adopción ante un juez. “La hacemos en el juzgado. Las dos veces nos han tocado provincias del sur del país”. Después subirán a Hanoi, la capital, en el norte, donde pasarán un mes para completar los trámites. “Visado, pruebas médicas, etc.”.

Oihan regresa por primera vez a sus orígenes. “Tiene que vivir el proceso con nosotros, darle la bienvenida a su hermano”. El pequeño se muestra “ilusionado”, aunque el miedo, siempre ese miedo al abandono, asoma. “Vamos preparados para que experimente regresiones. La gente te dice: es normal, son celos de hermanos. Pues no, va mucho más allá que un celo de hermano”.

El temor y la incertidumbre no rondan solamente al pequeño. “Claro que al principio nos asustó la edad. Nos parecía mayor. La psicóloga de la asociación, Isabel Azcona, me explicó que pesa más la historia de vida que el tiempo de institucionalización, aunque todos vayan a tener un daño”.

Grela termina con una reflexión. “Ojalá el día de mañana nadie tenga que ser acogido ni adoptado. Que no existieran orfanatos, que ninguna mujer tenga que tener hijos o dejar a sus hijos por no tener otra alternativa. Vivimos en una sociedad con mucha desigualdad y con mucha violencia hacia las mujeres. Aunque eso significara que yo me quede sin ser madre. Repito: no es mi derecho”.

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