Juicio

Un testigo observó cómo la víctima del crimen de Villava era agredida dentro del coche

Las cámaras captaron a la mujer gesticulando e interactuando con el acusado que cometió el crimen y con el considerado cooperador

Cuatro hombres y cinco mujeres juzgarán el crimen de Villava
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Cuatro hombres y cinco mujeres juzgarán el crimen de Villava
Cuatro hombres y cinco mujeres juzgarán el crimen de Villava

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Gabriel González

Actualizado el 15/11/2023 a las 07:30

Las acusaciones mantienen que el crimen de Villava fue un asesinato porque Alfredo Ogando recibió las 25 puñaladas por sorpresa cuando se encontraba dentro de un coche aparcado, sentado en el lado del copiloto y con el cinturón puesto. No pudo defenderse. El autor material del crimen, por su parte, mantuvo el lunes que la agresión se produjo con ambos de pie, fuera del coche, y durante una pelea. Por eso era tan importante la declaración del único testigo que presenció los hechos, un trabajador de hotel que pasó a escasos metros. Y ayer fue muy claro: “Un hombre estaba fuera del coche de pie y daba puñetazos a otro que estaba dentro”. Dijo que no vio ninguna arma y continuó hacia el hotel.

Su declaración, como la de la recepcionista, se hizo de forma protegida en la segunda sesión del juicio, por conexión con la sala y solo mediante audio. El hombre indicó que, tras aparcar a unos 50 metros de los hechos, escuchó una voz de mujer que gritaba “mátalo, mátalo” (la acusada negó haberlo dicho) y que al pasar vio la escena y siguió para pedir ayuda. La recepcionista, a la que la mujer había preguntado por una habitación mientras el fallecido esperaba en el coche (dijo que eran amantes), salió al llegar su compañero. “Afuera la chica lloraba desconsoladamente. ‘Mira mi chico, mira mi chico’, me repetía. Y me llevó al coche. Al abrir la puerta del copiloto había un hombre que parecía que estaba muerto”. La policía llegó “en segundos” (estaban junto a una discoteca próxima) y empezó a hacer preguntas a la mujer: “No paraba de llorar, pero creo que echaba balones fuera y que no contestaba claramente a lo que le preguntaban”. A los primeros agentes, municipales de Villava y de Policía Foral, ella no les habló de su marido. Solo de un chico flaco y un coche blanco.

En el juicio se proyectaron las imágenes de cámaras de seguridad el hotel, que captaron algún detalle periférico. Entre otros, que la mujer vio más de lo que dijo. “Hay un coche aparcado en batería y llega otro y se pone detrás. Se baja un hombre del copiloto (el amigo del principal acusado), que no participa en la agresión. Está a 3 metros pero no se acerca. La mujer sale de recepción y gesticula, durante 28 segundos intercala con él y con la persona que presuntamente comente la agresión”, describió el instructor.

A 60 metros del cuerpo, encontraron la navaja cubierta de sangre. Según los agentes, las heridas en la mano que tenía el autor material (según él, se las causó la víctima al atacarle), se las pudo hacer durante las puñaladas. “Esta navaja no tiene empuñadura que proteja la mano. Si la clavamos con violencia, se puede resbalar y cortarse”. A todos les impactó la brutalidad de las heridas. “Estaba completamente cubierto de sangre”, declaró un agente de Villava. “He visto muchos cadáveres, pero nunca uno tan destrozado”, apuntó el instructor.

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