Obituario
José Hernández Escudero, el 'ángel' gitano


Publicado el 27/10/2023 a las 07:34
José Hernández Escudero falleció el pasado 19 de octubre, y con él se pierde un gitano de orden, un tudelano de pro y una buena persona, única e irrepetible. En Gloria estés, rey de reyes.
José Hernández, siete hijos, doce nietos y dieciséis bisnietos, marido, suegro, hermano, primo y tío para mucha familia. Nació un 30 de abril de 1942, en la antigua panadería de Buñuel. Pero toda su vida la vivió en Tudela, de Torre Montreal y de las calles Santa Cruz y Patio. Proviene de una gran familia gitana de los Hernández Carbonell y los Escudero. Su madre, Leonor Escudero, de las provincias de Teruel y Zaragoza, y el abuelo Francisco Hernández Carbonell, de Aragón, Navarra y La Rioja. El abuelo Paco, un hombre de respeto y referencia para payos y gitanos. De buena casta viene el galgo.
El Señor Don José, así era conocido en Tudela, se levantaba todos los días a las 5.30h, salía a andar y regresaba a casa sobre las 8 con el pan y el Diario de Navarra en la mano. Disciplina militar adquirida en la compañía de Escaladores, Esquiadores y Paracaidistas.
Su infancia fue difícil, ya que nació en posguerra en una España arrasada y empobrecida, en la que se vulneraban todos derechos, y también se perseguía y maltrataba a los gitanos por el hecho de serlo. Pero a pesar de tener una infancia difícil, la familia se movía y se buscaba la vida entre Aragón, Navarra y La Rioja, haciendo trabajos temporales, cestas de mimbre y también todo lo relacionado con la compraventa de ganado. Pero todo cambió con la llegada a Tudela.
Bajada del Ángel de 1950
Protagonizó la tradicional Bajada del Ángel en 1950. Esto marcó un antes y un después en José y en toda la familia, y sirvió para ser reconocidos como unos tudelanos más. María Álava, en su libro La Bajada del Ángel, 1983, cita a José como un chaval majísimo: “Gitano; estaba en las Escuelas Protegidas; allí fui a buscarle, porque me comunicaron que lo quería hacer; se llamaba José Hernández Escudero, de ocho años; quitó el velo a la primera, y le vitorearon los calés, que en un gran número estaban en la plaza Nueva”. Desde entonces ningún otro Ángel ha pertenecido al pueblo gitano.
José no llegó a terminar los estudios primarios, aunque tenía una cabeza privilegiada, sobre todo para los números. Era el hermano mayor de la tía Vitoria, de la tía Carmen, la tía Mercedes y del tío Chango. Tuvo que ayudar a sus padres para sacar la casa adelante. Enseguida se puso a trabajar de todo: en las tejerías, en los hornos de las tejas, peón de albañil, en el cementerio, en las graveras tirando de pala, tramoyista en el teatro Gaztambide…
Se casó con Mari Carmen Jiménez, La Mari, y forjaron una familia: cuatro hijas: Sara, Mari Gloria, Susana y Conchi; y tres hijos: José Antonio, Ricardo y Pedro Jesús, además de nietos, que también fueron hijos, Maikel, Cris y Nikol…
A la vuelta de la mili, se fue a probar fortuna a Alemania con campañas de trabajo, y consiguió unos pocos ahorros, que sirvieron para salir adelante. Durante años combinó el trabajo asalariado en distintas empresas de construcción y otros empleos temporales, y también se forjó como un reconocido comerciante de antigüedades. Con ello sacó adelante a toda la familia, no solo a los hijos, sino también a parientes y allegados.
Otra de las cosas a destacar de José era hacer el bien, sin mirar a quién, comprometido y solidario con todas las personas que lo necesitaran. Ahí estaba él ayudando a todo el mundo, se quitaba dinero de su bolsillo para ayudar a otras familias con más necesidad. Activista y defensor de los derechos del Pueblo Gitano, que era su prioridad. A través del abuelo Paco y el párroco Jesús Mari Azpilicueta, vinculados a la Pastoral Gitana, finales de los 70, principios de los 80, nació la Asociación La Romaní, y José fue socio fundador y presidente. Siempre se rodeó de personas comprometidas, entre ellas el maestro Ángel Oliver.
Trabajaron la educación de adultos y la obtención del Graduado Escolar en el edificio de Huerfanicos y también se luchó por conseguir viviendas dignas para familias sin recursos. Durante aquellos años apenas había subvenciones para asociaciones y muchos gastos los tenía que sufragar de su bolsillo.
Por la casa de José pasaba gente diversa a tomar café y pedirle consejo: gitanos de otras localidades, el alcalde y concejales, curas y tratantes, gentes del ámbito de la cultura y de la alta sociedad tudelana y Juan de Dios Ramírez Heredia, primer diputado gitano de la democracia, que también acudió a la casa de José y mantuvo un estrecho contacto durante años. Don José creó un hogar, donde nunca faltó el calor. Él se encargó de mantener viva la llama de la casa, y alrededor de la chimenea estábamos todos: la familia, los amigos y las visitas, la parrilla preparada con lo que hubiera, patatas asadas entre la ceniza y su pan de pueblo.
Una vida por y para los demás
José era un gitano de los pies a la cabeza: formal, trabajador, disciplinado y honrado. Le gustaban las cosas por derecho, bien hechas, no le agradaban las pamplinas, ni las tonterías. Tenía un olfato especial para apartarse de las personas falsas, de los hipócritas y de los embusteros.
Vivió por y para los demás. Era un hombre de su casa, siempre preocupado y ayudando a todos. Nunca se quejó de nada. Tampoco se le podía llevar la contraria, había que hacer las cosas a su manera; si no, estaban mal. Muy exigente para realizar las cosas bien y con mucha puntualidad. Llegaba a los sitios media hora antes, también a las citas médicas. Es de justicia agradecer al equipo de enfermería, equipo médico y la farmacia que le atendió.
En los últimos tiempos, le gustaba ir a primera hora a la cafetería de La Gloria, y a la cafetería Tres Delicias, y con ese ratico era feliz. Seguido iba a la plaza Nueva, a su Caja Laboral, compraba sus décimos de lotería. Porque quería dejarnos ricos y no sabía que ya lo había hecho. Lacho drom/buen camino.
José Hernández Escudero deja su mejor legado: su persona y la semblanza de ser el único ángel gitano en Tudela.
*Ricardo Hernández es hijo de José