Oriente Próximo
Israelíes y palestinos, unidos en un deseo de paz en Navarra
Con “impotencia, decepción y miedo”, una joven israelí y un padre de familia palestina de Gaza miran desde Pamplona a la contienda que azota a familiares y amigos: “Nadie quiere la guerra”


Publicado el 12/10/2023 a las 05:00
Tienen israelíes y palestinos que viven en Pamplona más en común que el abismo abierto por la guerra desde que Hamás lanzase un ataque sorpresa y un reguero de muerte se extendiese por Israel y la Franja de Gaza. Una estudiante judía y un palestino, junto a uno de sus cuatro hijos, contemplan desde la distancia “con impotencia, decepción y miedo” el drama que rodea a familiares y amigos. Heshman Salman, doctor en Farmacia y fundador y gerente de una empresa puntera en Navarra en nanotecnología, ha perdido a amigos y parientes lejanos en la Franja de Gaza, donde nació hace 51 años. No ha regresado desde que en 2006 fue evacuado, junto a una hija, por mediación de la embajada española de un asedio israelí. “Es peligroso” volver, admite. Con la mayor entereza posible -porque, como afirma, dice sentirse “inmune” de tanto espanto que ha visto-, no descarta que uno de estos días reciba una llamada por teléfono con el anuncio del fallecimiento de alguno de sus siete hermanos.
El hermano de Tiferet Frumkin, estudiante de 24 años de edad de intercambio en la Universidad de Navarra de la Universidad Hebrea de Jerusalén, regresó este miércoles de Indonesia a Israel para incorporarse al Ejército como reservista. Tiferet, a la que sus compañeros de facultad le conocen como Tif, tiene amigos enrolados ya en el contingente militar movilizado.
Cada vez que asalta una noticia pavorosa en los medios de comunicación, contacta con ellos y con sus padres para saber de su estado y paradero. La incertidumbre le acompaña tras el shock en que se encontró -como señala- cuando supo del ataque organizado por Hamás.
Asegurada su vida a 5.600 kilómetros de distancia -aclara- se siente en deuda con aquellos que dejó atrás hace poco más de un mes para completar un cuatrimestre de estudios de Literatura en Pamplona. Como ella, Heshman Salman, que abandonó con 27 años Gaza para forjarse su porvenir, cree tener el deber de aclarar la imagen distorsionada que durante estos días se ha podido ofrecer de los palestinos. “Somos gentes de paz. Y los israelíes también. Otra cosa es la crispación de ahora”. Apela a la humanidad de la Comunidad internacional para acabar con la guerra. “ Nadie -dice Tiferet Frumkin- quiere una guerra. Todos queremos paz, excepto los terroristas”.
“Un día de estos me pueden llamar y decir que ha muerto un hermano”
“Me siento triste, pero en cierto modo y desgraciadamente, ya estoy acostumbrado”. Hesham Salman, asentado en Pamplona desde que estudió el doctorado en Farmacia en la Universidad de Navarra y hoy gerente de Bionanoplus, asegura sentirse “inmune” ante los bombardeos sobre la Franja de Gaza. Hasta que salió de ella con 27 años de edad y la última vez que la visitó, en 2006, afirma haber visto “muchos cadáveres y sangre. Aunque sea mi hermana la que muera, me pondría triste pero al día siguiente estaría bien. Estoy preparado. Todo esto era el día a día de mi vida. Recuerdo que mi mejor amigo en la carrera murió, alcanzado por un misil”. No han perecido ninguno de sus siete hermanos en la ofensiva del Ejército israelí, pero teme recibir una noticia del fatal desenlace de alguno de ellos. En una de sus últimas conexiones, vio en directo el derribo de un edificio que sepultó -asegura- “a 52 personas”. Sabe de la pérdida de “íntimos, vecinos y familiares lejanos”. No ve a su familia desde hace 17 años. “Si entro en Gaza no sé si saldría”, confiesa, consciente del peligro existente. En este tiempo, falleció su madre en 2018, sin poder despedirse, apunta.
Sus sentimientos se entremezclan en una espiral de “impotencia y decepción”. Su frustración surge por “la Comunidad Internacional, que no ha hecho nada. No me creo que no pueda presionar a ambas partes para llegar a un acuerdo de paz. No me entra en la cabeza. Estuvieron a punto de hacerlo y asesinaron al presidente de Israel” (Isaac Rabin, noviembre de 1995).
“La única solución es llegar a un acuerdo de paz. Nosotros, los palestinos, somos gente de paz, créeme. Y los israelíes son gente pacífica”, insiste. “Los dos pueblos pueden vivir juntos”, opina desde su experiencia vivida en los años 80. Su hijo Samer -el mayor de cuatro- nació en Gaza hace 21 años. “Todos mis amigos -dice este estudiante de la UPNA- tienen junto a ellos a sus tíos, abuelas…. Siento que hubiese sido más feliz teniendo la familia cerca”. Salió de Gaza con 10 meses. “No sé cómo es la vida allí. Podía haber estado allí y podía estar muerto ahora. He tenido una suerte que otros no han tenido”.
“Siento miedo por mi familia y amigos, destinados como soldados”
Un mes antes de recalar en la Universidad de Navarra para cursar estudios de Literatura en su Facultad de Filosofía y Letras, Tiferet Frumkin acudió a un concierto de Tel Aviv, la capital de Israel. Se encontraba entre 30.000 asistentes sin la sospecha de la barbarie que semanas después cometería Hamás sobre un grupo de jóvenes, como ella, en otro festival. El paralelismo subraya el carácter anecdótico de un mismo acontecimiento festivo, con jóvenes de edad similar y suerte dispar. “Mis padres -dice- están tranquilos porque, al menos, saben que estoy en un lugar seguro y que no deben preocuparse por mí”, confiesa con un castellano fluido para su corta estancia en Pamplona, fruto de sus dos años de aprendizaje en su tierra natal.
La inquietud para su familia, como para ella misma, surgirá con la incorporación de su hermano, Netanel, dos años mayor, al Ejercito. Seguirá los pasos de amigos suyos dentro de una movilización de reservistas. “Tengo miedo por mi familia y por amigos que sirven como militares. Muchos de ellos están movilizados, ya sean como médicos o como soldados”, admite.
Siente la contradicción emocional de vivir segura, lejos de la guerra, y de querer estar cerca de los suyos. Es así que, a la conclusión del cuatrimestre como estudiante de intercambio perteneciente a la Universidad Hebrea de Jerusalén, regrese a casa. Había planificado un viaje por Europa, pero la situación tan extrema le ha hecho meditar y cambiar sus planes.
A pesar de la distancia kilométrica, compartió con el resto de israelíes el “shock” que experimentaron con las primeras imágenes del asalto de Hamás. “Fue -dice- una locura. Es algo que nunca habíamos visto: la brutalidad y la cantidad de muertos”.
La separación física con quien se siente cercana emocionalmente le produce una sensación extraña en un entorno “donde todo es normal. La gente de aquí no sabe lo que está pasando. Aquí, en la universidad, estamos pocos israelíes”. Su temor se ampara en la incertidumbre compartida con sus seres queridos por lo que pueda pasar a partir de ahora y, sobre todo, por “el alcance de cohetes” en Jerusalén. Para que cesen las hostilidades y renazca la paz, cree que antes hay que “poner fin a la brutalidad de Hamás” y cerrar el flujo de “dinero que recibe”.
Opina que la actual contienda difiere de la Guerra del Yon Kipur, de hace 50 años, “entre ejércitos”. “La amenaza de ahora -señala- no es sólo para Israel o Palestina. Es para todo el mundo. El terrorismo es el mismo que quiere matar a todo Occidente. Es el mismo que amenazó París, el de Bin Laden...”.