Menores

Expertos apuntan a los 8 años como la edad del primer acceso a la pornografía

Una jornada analiza en Pamplona el “patrón de violencia y sometimiento”

Escolares acceden a un colegio malagueño este pasado mes de septiembre, con motivo del inicio de curso
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Escolares acceden a un colegio malagueño este pasado mes de septiembre, con motivo del inicio de curso
Escolares acceden a un colegio malagueño este pasado mes de septiembre, con motivo del inicio de curso

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Carmen Remírez

Publicado el 26/09/2023 a las 05:00

El primer acceso a un contenido pornográfico y los riesgos asociados a ese consumo se detectan cada vez a edades más tempranas. Este lunes 25 de septiembre, en una jornada sobre pornografía y juventud organizada en Civican por la Delegación del Gobierno en Navarra, tanto una ponente, Elena Bandrés, doctora en Comunicación, profesora en la universidad de Zaragoza y experta en género, como también policías integrantes de los equipos que imparten charlas en colegios de la Comunidad foral y que seguían la sesión apuntaron la misma cifra: 8 años. “Nos llaman de centros pidiéndonos intervenciones ya desde esa edad”, aseguraron estos agentes en el debate.

En general, todos los asistentes coincidieron en una misma postura básica: se trata de una conducta masiva, “la inmensa mayoría ve porno”, que se oculta, sobre todo a los padres y profesores, “tabú”, que busca rentabilidad y puede generar adicción, y que traslada unos cánones de la vida sexual que cosifica a la mujer en un patrón de sometimiento-violencia.

En respuesta a ese tipo de contenidos que, según Save The Children, visualiza de forma frecuente en su teléfono 7 de cada 10 adolescentes, desde los centros escolares, cada vez se demanda más una presencia policial para impartir sesiones acerca de problemáticas relacionadas con consumo de porno y difusión de imágenes o vídeos de contenido sexual. “La pornografía está al nivel del bullying o el ciberacoso”, equiparó Bandrés, que fue más allá, y aseguró que se trata de “una epidemia que no se ve”.

El porno ha existido siempre, pero la realidad que distingue el momento es que la proliferación de contenidos sexuales se ha vuelto masiva y a ella tienen acceso, prácticamente sin ningún filtro o control, niños. “Todos los que han nacido desde mediados de los años 90 forman parte de una generación pornoactiva, con esos primeros accesos al porno que han ido cayendo desde los 13 a los 8 años. A los 14, se generaliza y se oculta”. Bandrés advierte de que, hasta los 20, el cerebro se no acaba de formarse. “Si ningún cerebro normal es capaz de visualizar pornografía dura sin consecuencias, imaginad en un niño o adolescente. Es pasar de pedir un sandwich de Nocilla a experimentar violaciones grupales”. Como prueba de todo ello, Bandrés citó numerosos ejemplos de noticias recientes en las que se entremezclan todos estos ‘ingredientes’ : desde la manipulación de imágenes con Inteligencia Artificial en Almendralejo a la polémica por los comentarios expresados por estudiantes de Magisterio de la Universidad de la Rioja en relación a sus compañeras de clase (“vamos a romperles las bragas”).

"¿TÚ VES PORNO?"

Una idea en la insistió Bandrés a lo largo de toda la sesión fue la de no intervenir de forma directa o agresiva, preguntando a esos jóvenes o escolares si ven porno. “Pueden ponerse a la defensiva, optar por el silencio o cerrar la puerta a conversar sobre el tema. Yo intento siempre que se relajen y parto de afirmaciones como que, quien más, quien menos, todo el mundo conoce a alguien que ha visto porno”. El siguiente paso consiste en mostrarles las consecuencias de este tipo de consumo, los marcos mentales que se van configurando de forma inconsciente (“los chicos no creen que grabar un vídeo de una agresión sexual sea delito, si pensaran que lo es, no lo grabarían”) e incluso las secuelas físicas que pueden derivarse desde la disfunción eréctil, a la pérdida de la libido o la bajada del rendimiento escolar, entre otros.

Cada día en España se producen 18 millones de visitas a páginas pornográficas, la mayoría desde un smartphone. “Para ellos la pornografía es una fuente de aprendizaje y para lanzarles estos mensajes de advertencia hay que meterse en su código. Además, para un 30%, es la única fuente de información sobre sexualidad”.

Por ello, concluyó, una fórmula para proteger a los más jóvenes de este tipo de contenidos pueda pasar por “intentar prohibir el acceso” de los menores de forma directa, un camino que ya se ha comenzado a andar en países como Francia. En España, como demostró ayer en Civican, basta con clicar ‘sí’ a una pregunta sobre si se tienen más de 18 años, sin más comprobación, y acceder a una de las decenas de enlaces que prometen “páginas porno gratis y actualizadas a diario”.

"Que no nos vengan con el cuento de que hay porno del bueno o feminista"

El concepto de pornografía al que hizo referencia Bandrés es más amplio que el que puede asociarse a un contenido sexual explícito. “El porno se sustenta en la sexualización, es un reducto de sometimiento en el que las mujeres son objeto, instrumentos, que intentan hacernos creer que disfrutan de la humillación. Por eso que no nos vengan con el cuento de que hay porno del bueno, feminista o incluso he llegado a oír que ‘con valores’. Utilizar esas expresiones es directamente tergiversar a nivel narrativo, dulcificar una realidad que no tiene nada de feminista, sino al contrario, pero que busca generar la duda y que desde luego no contribuye a una imagen de relación de pareja sana y en igualdad”.

Apoyó su tesis en numerosos ejemplos, como un artículo periodístico en el que el actor porno Nacho Vidal aparece como una estrella, el guion de 50 Sombras de Grey, un anuncio de moda en que niñas de 5 años posan ante la cámara, el anuncio de un gimnasio de Zaragoza en el que lucen una joven deportista, “que poco necesita ir al gimnasio”, seguida de un veterano (“no pondrían a un jovenzuelo hombre y a una abuela como yo, esa combinación no la veo”) o un cartel promocional de un colegio con una foto de un niño y una niña y el lema: Orgullosos de sí mismos. “¿Qué os llama la atención?”, planteó al público. Ella resolvió así la cuestión. “El chico es un poco más alto que la chica, lo que ya traslada una imagen de poder, de que está por encima. Se nos haría muy raro que fuera al revés”. Como muestra, expuso una selección de imágenes oficiales de Carlos de Inglaterra y Diana de Gales que, a pesar de medir lo mismo, siempre se retrataban con él por encima de ella. “Todo esto que vamos integrando son marcos mentales que esas imágenes nos van generando en el cerebro, afianzando el estereotipo”. Según denunció, esta sexualización de nuestros cuerpos, de la que también somos cómplices muchas veces en los medios (“¿visten igual un presentador o una presentadora de un programa?”) o en productos destinados a los más pequeños, como un catálogo de juguetes en el que, casualmente, los astronautas son todos varones, o pilotos de aviones, mientras que ellas son las princesas que, asustadas, esperan asomadas en la ventana de su castillo a que algún caballero las rescate. “¿Qué va calando con este tipo de imágenes? Que el de la astronomía no es tu campo, que las mujeres estamos a otra cosa”.

Despersonalización y desconexión empática: secuelas en una relación real

Alexandra Crettaz, psicóloga sanitaria y sexóloga clínica, dedicó su exposición a incidir en el incremento de los casos de violencia de género digital en todas sus manifestaciones, como el sexting (compartir imágenes de contenido erótico o pornográfico) o la sextorsión (extorsión para evitar que se compartan imágenes privadas). “El amor no es control, pero el móvil brinda muchas posibilidades de control”. En la pornografía más actual, indicó esta experta, se aprende desde edades muy tempranas nociones de violencia sexual hacia las mujeres y se estimula la cultura sexual de la violación. “Se habla del placer del hombre y del sufrimiento de la mujer, y de esta forma se genera una construcción del deseo basado en la visualización de la violencia”. En cuanto a las secuelas, se refirió a las conductas de riesgo para la salud física y emocional que puede generar el consumo de pornografía, de las repercusiones psicológicas, de las disfunciones sexuales y, sobre todo, de la desconexión empática hacia la otra persona. Para fomentar unas relaciones sanas e igualitarias, Crettaz apostó por una educación sexual integral.

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