Las charangas, el alma de las fiestas navarras
Los músicos de las charangas de Navarra recorren cientos de kilómetros por la geografía foral en verano para llenar las calles de los pueblos de música y alegría. Así viven ellos tanto trajín


Publicado el 26/08/2023 a las 06:00
La marea blanca y roja te atrapa. Llevas todo el año esperando ese momento, esa imagen, ese sonido. Los pañuelos en alto solo indican el inminente comienzo de la mejor semana del año: las fiestas del pueblo. Ves el cohete salir disparado hacia el cielo y el estallido no tarda en retumbar en tus oídos. Ya está. Solo falta algo. Unos compases marcan el ritmo y, de repente, la música de la charanga inunda la calle y despierta la alegría de los que se encuentran en ella. Ya estamos todos.
Kilómetro tras kilómetro, hora tras hora. La fiesta para los que portan los instrumentos comienza de diferente forma. La ilusión por la música es lo que les ha llevado hasta allí, pero muchos ignoran la preparación y las horas de ensayo que llevan a sus espaldas. Su objetivo: regalar una experiencia inolvidable a los vecinos, que disfrutan como nunca al ritmo de sus canciones.
Hace años, los niños de Artajona jugaban a deslizarse por las laderas del pueblo, a las que ellos llamaban ‘forristorios’. Hace 22 años, unos jóvenes de la orquesta del pueblo decidieron rescatar esta tradicional palabra y unirse para crear la charanga Forris’tar. Dos décadas después, no queda ninguno de los músicos que formaron la banda, pero sus sustitutos se han encargado de mantener su esencia y la de Artajona.
Los diez componentes de la charanga ensayan cada sábado por la mañana para asegurar el éxito en cada actuación. A pesar del cansancio, siempre intentan aguantar por el bien de la banda: “ Lo ideal es que estemos los mismos siempre y rotar lo menos posible, tenemos muchas canciones y todos tienen que dominar los temas. Por logística viene mejor estar los justos y con compromiso”.
Sin embargo, las horas y el calor del verano, la época de más trabajo, afectan sobre todo a los instrumentos de viento metal, por la dificultad de mantener la boca en la embocadura tanto tiempo. Pero a veces, con ensayar no es suficiente y hay que ser capaz de improvisar: “La gente se acerca para pedirte canciones, si puedes complacer al público, pues genial. Siempre nos piden los hits, los que suenan en el bar 500 veces. No es suficiente para ellos”, explicaron entre risas.


Los Forris’tar tienen claro que el esfuerzo vale la pena: “Lo mejor es el ambiente que se genera. Si ves a la gente de capa caída, no disfrutas igual. Verles saltando, gritando, te hace olvidarte de que estás sudando, solo estás disfrutando”.
Mucha gente se pregunta que hay que hacer para formar parte de una charanga. Evidentemente es necesario tener conocimientos musicales, pero esto va más allá. Las charangas son el alma y el ritmo de las fiestas navarras, las bandas sonoras de miles de historias y momentos. Esa es una de las razones por las que la charanga EZK, creada en Arre en 2011, esta formada por unos 18 músicos que abordan su labor con ilusión y responsabilidad: “ Es una afición pero hay que tomárselo como si fuera un trabajo.
Ese compromiso y ese desempeño se lo debes a la gente. Nadie va a vivir de esto, pero alguien te contrata, confía en ti y en que vas a hacer un buen papel”.
Esta dedicación absoluta, invirtiendo su tiempo y su propio instrumento, a veces tiene una cara negativa. “Lo peor es perderte cosas personales, es muy sacrificado. La realidad es que pasas más tiempo con el grupo que con tus propios amigos, se convierten en tu familia”, explicó Asier Sánchez Cerdán, percusionista del grupo.
Aunque sonríe al recordar todos los recuerdos buenos que le ha dado la charanga: “Te quedas con los momentos que pasas de fiesta, cuando la gente está más contenta y alegre. Hay anécdotas que luego las recuerdas y te ríes. Tener la oportunidad de ir a los toros en Sanfermines con La Jarana es algo diferente al resto de actuaciones del año. Vives historias que luego recuerdas y te hacen más amenas las horas allí al sol”.
Poner precio a esta afición es complicado. Hay muchas variantes que modifican el precio: la distancia, la movilidad, las horas de trabajo y el tiempo de casi una decena de músicos. Sin embargo, contratar a una charanga no suele bajar de los mil euros. “No hay un precio por hora claro. A veces nos contactan de un ayuntamiento con un presupuesto concreto que luego tu puedes aceptar o no. O si nos llaman unos quintos, somos conscientes de que igual tienen más limitaciones económicas y que, al final, solo quieren disfrutar y pasarlo bien”, añadió Sánchez.


Lo que está claro es que unirse a una charanga es sinónimo de diversión y esfuerzo. La Eguzki Txaranga, de Berriozar, está formada por jóvenes del pueblo que disfrutan amenizando las calles de las más de 15 localidades navarras que han visitado este año. Tantas horas juntos han dejado muchas historias que ya forman parte de ellos: “Siempre recordaremos el día que un compañero llegaba justo de tiempo a la tocata y aparcando tuvo un incidente con el coche de la alcaldesa del pueblo”.
EZK no se quedó atrás y recordó el día que la mitad del grupo apareció en un pueblo diferente al resto por una equivocación. Uno de los músicos de Forris’tar quiso aclarar entre risas que el instrumento grande, con una gran campana se llama helicón y pesa 10 kg: “La gente que no sabe mucho de música llama a todos los instrumentos trombón o trompeta. Nos pasa más de lo que piensa la gente”
Aunque no existe ninguna organización que agrupe a todas las charangas de la Comunidad, aseguran que la demanda ha crecido y que entre ellas se aseguran de gestionarse y ayudarse. “Últimamente el sector de está profesionalizando mucho, cada vez hay que ponerse antes al día de la actualidad musical y preparar novedades de año a año”, aseguró uno de los berriozartarras. Sánchez, de EZK, añadió: “ Si nos llaman de algún sitio y nosotros ya tenemos un compromiso, hablamos con otro grupo por si le interesa. Tenemos que ayudarnos entre nosotros”.


