Obituario
José María Ongay Terés, un ejemplo en Policía Foral


Actualizado el 01/07/2023 a las 09:02
A mediados de los años 80 del siglo pasado comenzó la nueva etapa de la Policía Foral teniendo como lugar para impartir la formación a los nuevos agentes y para actualizar a los policías que ya estaban integrados en el Cuerpo, el Seminario de Pamplona, no existía la Escuela de Seguridad.
Allí conocí a José María, era tutor en los cursos básicos, en los de actualización y después en los de ascenso, y desde ese momento reconocí a una gran persona y un excelente profesional, que amaba a la Policía Foral por encima de sus preferencias personales, con unas ideas muy claras de lo que debía ser el futuro de una policía integral y cercana al ciudadano navarro.
Siempre que estaba despistado sobre cómo enfocar una clase de Derecho Penal o Procesal le preguntaba a José María y obtenía una respuesta razonada de lo que interesaba que expusiera a los alumnos del curso en el que participábamos. No se equivocaba al señalar el camino de lo que era necesario que los agentes conociesen bien para ejercer su función, con total ajuste a las normas jurídicas que debe aplicar el servidor público para favorecer, de manera decisiva, la convivencia entre los navarros.
Me quedo muy corto si afirmo que siento profundamente que se nos haya ido José María y lo digo desde un punto de vista egoísta, porque hasta hace poco más de dos meses, durante más de tres décadas, nos veíamos regularmente, nos tomábamos un café y comentábamos la actualidad social de Pamplona. Y, cómo no, nos acordábamos de los años que compartimos de formación, hablábamos de su trabajo en los diferentes destinos que tuvo dentro de la Policía Foral y en los años anteriores a su jubilación el que ejerció en telecomunicaciones, que con tanta pasión profesional me comentaba.
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Pero es más, no sólo destacaba como inmejorable policía, como gran persona, sino que me enseño, con poco éxito por culpa mía, cómo llevar un huerto, de lo que él sabía mucho y lo llevaba a la practica en el terreno que cultivaba cerca de Pamplona, donde disfrutaba enormemente en esa actividad tan relajante.
Me gustaría que lo recordáramos como lo que fue, lo que hizo y lo que pudo ser de ejemplo en el Policía Foral. El consuelo de su esposa, sus hijos y sus amigos lo tenemos cuando revivimos el buen talante personal que siempre exhibía, su simpatía y su extrema disposición a ayudar a los demás, desde su puesto de trabajo o en la vida ordinaria cuando percibía, sin pedírselo, que alguien necesitaba que se le apoyara o unas palabras de consuelo.
Creo que la Policía Foral lo debe recordar como un agente que prestigiaba el Cuerpo, como así lo recordaré siempre, como amigo y como policía ejemplo para todos. Descanse en paz.
El autor es fiscal del Tribunal Supremo y fue fiscal superior de Navarra