Ayuntamientos
Sonrisas y lágrimas en la Plaza del Ayuntamiento de Pamplona
Expectación, frustración y alegría se palpaban en la plaza del Chupinazo. Tensa calma entre dos grupos de simpatizantes de ideología tan dispar como UPN y EH Bildu, aunque la socialista Elma Saiz se llevó los abucheos más sonoros.

Publicado el 17/06/2023 a las 20:29
La socialista Elma Saiz salió del Ayuntamiento de Pamplona como una exhalación, como los miuras en los encierros pulverizando récords, aunque en este caso huyendo de los insultantes abucheos y acusaciones que le profirieron casi un centenar de frustrados simpatizantes de EH Bildu que, apostados a la sombra y cerveza en mano para calmar la sed de una alcaldía que se les volvía a atragantar, le esperaron pacientemente. Saiz apareció por la puerta principal pasadas las 13.30 horas, rodeada de unos veinte policías municipales y escoltada por sus compañeros de partido Ramón Alzórriz y Ainhoa Unzu. La socialista escuchó, aceleró el paso y, justo antes de la curva de Mercaderes, tensó los labios y bajó la mirada. En lenguaje corporal, cuentan, se mira hacia abajo cuando las emociones son fuertes. “Es una manera instintiva de protegernos haciendo menos visible nuestro estado de ánimo frente a los demás”, dicen los manuales de este tipo de comunicación.
La plaza del Chupinazo se convirtió ayer, literalmente, en un hervidero de hostilidades entre simpatizantes de dos partidos tan opuestos en la identidad de Navarra como como UPN y EH Bildu. Los votantes y afiliados de la formación regionalista rondaban el medio centenar y habían solicitado permiso a la delegación del Gobierno en Navarra para concentrarse en la plaza. Madrugaron más en el trámite y eso obligó a EH Bildu a trasladar su fiesta - con música, bebida y bocadillos gratis- a la aledaña plaza de San Francisco. Pero no renunciaron a estar en la plaza. Mientras los regionalistas ocuparon la zona central (la más próxima a Calceteros) los simpatizantes de EH Bildu (unas 70 personas) se congregaron en dos zonas: en torno al bar El Mol y hacia la calle Nueva. Todo en una plaza plagada de policías municipales de uniforme, de paisano y de agentes de unidad de intervención de la Policía Nacional.
Un escenario de tensa calma que se empezó a formar poco después de las 11 de la mañana y que era notoria, incluso para los turistas que, ajenos al momento que vivía el Consistorio, buscaban hacerse la típica foto delante de la fachada, como las hermanas Zambrano, de Miami, que venían de estar en Lourdes y hacían una parada en la capital navarra. “¿Qué pasa que hay tanta policía?”, preguntaban. Lo mismo les ocurrió a un grupo de bailadoras de flamenco que iban a ensayar al Zentral y a ocho jóvenes, todos de impecable blanco con pañuelo rojo, que acababan de venir de Madrid para acudir a una boda donde los novios querían a todos los invitados vestidos de pamplonicas. “Creo que no hemos elegido el mejor día para hacernos la foto” decía Íñigo Francés.
Los abucheos de los abertzales explotaron por primera vez a la llegada de Cristina Ibarrola (UPN) y de Elma Saiz, pero de forma tímida. A las 11.30, aunque remotas, todavía había expectativas. Asirón fue el único cabeza de lista al que no se le vio entrar por la puerta principal y Koldo Martínez y García Adanero no despertaron mayor interés.
La espera, con los simpatizantes pegados a los móviles y en corrillos buscando la sombra, contó con la anécdota de tres personas mayores que se plantaron delante de la fachada consistorial y desplegaron dos banderas (ikurriña y escudo de Navarra pomelado) y una camiseta verde exigiendo una pensión mínima de 1.080 euros. “Venimos a reivindicar las pensiones. Y hemos puesto las dos banderas de euskalerria y hemos gritado independencia porque en Navarra queremos decidir”, contaba uno de ellos. Tras un par de minutos se retiraron pacíficamente bajo la supervisión de agentes municipales.
Cuando en la plaza se supo que Ibarrola había salido elegida alcaldesa se produjo el primer choque entre las dos sensibilidades políticas. Frente a los aplausos y brazos en alto a modo de triunfo de los de UPN, desde el lado abertzale se escucharon frases como “UPN, kanpora”, “hijos de puta”, “a chupar del bote cabrones” y “solo sabéis robar”.
La escena se repitió en varias ocasiones, pero fue a la salida de Cristina Ibarrola cuando los ánimos se mostraron más calientes. Los simpatizantes de UPN corrieron hacia la puerta para rodearla y felicitarla mientras gritaban “UPN, aurrera” para contrarrestar el “UPN, kanpora” de los abertzales. El líder del partido regionalista, Javier Esparza, aludía lo que se estaba viviendo en la plaza: “ Esto es una muestra de lo que representa la izquierda aberztale que, al final, lo que busca es la bronca, faltar a los demás y nunca se ha arrepentido de nada. Tiene que haber un respeto y esta gente es incapacidad de respetar a los que no piensan como ellos”, afirmaba.
La salida de Asirón no tuvo respuesta por parte de los regionalistas, que ya se habían alejado de la zona. Cual flautista de Hamelín se llevó detrás a buena parte de sus votantes. Mientras, Koldo Martínez (Geroa Bai), que salió sin mayor alboroto, disfrutaba de un buen trago en un bar de la plaza, en silencio y en primera fila del espectáculo.