Suceso

Así fue el equivocado rescate de un corcino en Ezkurra

Una mujer que paseaba por Ezkurra se llevó a casa a un corcino que encontró solo. Guarderío de Medio Ambiente lo devolvió. No estaba abandonado, su madre lo protegía de los depredadores

Gabriel González

Publicado el 12/06/2023 a las 20:00

Si alguien camina estos días por el monte y descubre una cría de corzo sola y sentada, que la deje donde está. No se encuentra desamparada. Al contrario, su madre rondará por las cercanías pero no se le acercará para que su olor no atraiga a los depredadores. Es lo que tenía que haber hecho la mujer que la semana pasada se llevó a su casa a un corcino que encontró en los alrededores de Ezkurra (Alto Bidasoa). Después, avisó al Guarderío de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra, que lo devolvió al mismo lugar. “Estaba espabilado, tendría entre una y dos semanas de vida. Y en cuanto los compañeros lo dejaron empezó a ‘ladrar’ (una especie de tos seca), así que se marcharon, esperando a que la madre acudiese a esa llamada”, contaban ayer desde la demarcación del Bidasoa del Guarderío.

La mujer paseaba el miércoles por la mañana por el paraje de Aztun, una zona de pinar y castaños ubicada a unos 200 metros de la localidad. Semioculta entre la maleza, vio un corzo de apenas días, con esos inconfundibles tonos jaspeados propios de la crías y que les sirven para camuflarse en el bosque. Estaba sola y no se levantaba. Tal impresión de desvalimiento le produjo a la mujer, que decidió llevársela a su casa. Allí, además de dar aviso al Guarderío, también intentó darle de comer. Un biberón con leche. Pero el animal lo rechazó. Poco después, llegaban los guardas de Medio Ambiente, que dejaron a la cría en el mismo lugar del que lo había cogido la mujer. Eran las once de la mañana, apenas había pasado una hora desde el aviso.

PROTEGIDA POR LA MADRE

“La mujer lo hizo con toda su buena intención, pero si alguien se encuentra en esta misma situación no debe hacer nada”, recalcan desde el Guarderío. Y explican que durante las dos primeras semanas de vida de este animal, las crías no pueden ponerse en pie. Así que para aumentar sus probabilidades de supervivencia, la madre las limpia continuamente con su lengua, para evitar que su olor atraiga a los depredadores, zorros sobre todo. Con el mismo fin, ella se aleja y solo se acerca al corcino para amamantarlo. “Va yendo y viniendo a lo largo del día. Pero de normal está lejos para que los depredadores no la encuentren. Y si se están acercando, también puede hacer de cebo y se los lleva mientras la persiguen”, añaden desde este servicio, que el año pasado trasladó al centro de Ilundain a 649 animales que precisaban asistencia y recogieron 380 muertos. Otros mucho fueron devueltos a directamente a su hábitat por no necesitar atención.

Es el caso del corcino de Ezkurra. Para llevarlo de nuevo al lugar del que lo había cogido la mujer, los guardas lo trasladaron en un transportín e intentaron no impregnarle su propio olor. “Puede comprometer su supervivencia. Con el olor ‘extraño’ que una persona puede pegarle, hay riesgo de que la madre lo rechace”. Para evitar todos estos riesgos, y porque a finales de primavera es cuando los corzos están criando, desde el Guarderío insisten en que no hay que hacer nada si se encuentra a una cría de corzo. No está abandonada, la están protegiendo.

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