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Maternidad

Dos enfermeras de la CUN, unidas por sus embarazos de riesgo que vieron la luz

Uxue Arzoz y Elena Osácar, enfermeras de la Clínica Universidad de Navarra, se conocieron por carta ingresadas en su tercer embarazo tras haber roto la bolsa amniótica. Se hicieron amigas y hoy abrazan a sus bebés: Marco y Álvaro

Ampliar Las enfermeras pamplonesas Uxue Arzoz Labiano (izda), de 38 años, con su hijo Marco, de 14 meses en brazos; y Elena Osácar Crespo, de 41, con Álvaro, de 13 meses
Las enfermeras pamplonesas Uxue Arzoz Labiano (izda), de 38 años, con su hijo Marco, de 14 meses en brazos; y Elena Osácar Crespo, de 41, con Álvaro, de 13 mesesManuel Castells
  • Sonsoles Echavarren
Publicado el 15/05/2023 a las 06:00
La de Uxue y Elena es una historia entrañable. En el sentido de que están unidas desde las entrañas. Desde sus embarazos de riesgo que les hicieron llorar y desesperarse por la incertidumbre y la posible pérdida de sus terceros hijos. Pero tras días y noches, de quietud e insomnio, de esperanza o malas noticias, de alguna risa y muchos llantos, Marco y Álvaro consiguieron aguantar en el vientre de sus madres, las mejores incubadoras, y llegaron al mundo casi en el octavo mes de gestación. Pero ahí no acaban las coincidencias de este relato que parece sacado de una película con un guión enrevesado. Un ejemplo más de que la realidad supera siempre y ampliamente a la ficción. Las pamplonesas Uxue Arzoz Labiano, de 38 años; y Elena Osácar Crespo, de 41, son las dos enfermeras y trabajan en la Clínica Universidad de Navarra. Ambas estaban embarazadas de sus terceros hijos, varones en ambos casos (tenían una niña y un niño mayores), cuando en la semana 19+6 (diecinueve semanas de gestación más seis días, casi la mitad de un embarazo que ronda las 40 semanas), a las dos se les rompió accidentalmente la bolsa de líquido amniótico (el alimento que nutre a los bebés en el útero materno). Ambas fueron ingresadas en la CUN a finales de 2021 (noviembre y diciembre, respectivamente) y tuvieron que ser aisladas por covid. Sus hijos son ahora unos bebés rollizos, de 14 y 13 meses. Y ellas, unas enfermeras que conciben su profesión de manera diferente. “La cercanía y la empatía no curan pero sí que son sanadoras”. En las líneas que siguen cuentan la historia de su amistad que brotó con una carta manuscrita y llamadas telefónicas de habitación a habitación. Y germinó con miles de horas y confidencias compartidas.
VIAJE EN TAXI A PAMPLONA
Uxue Arzoz no olvidará mientras viva la despedida de soltera que organizaron a una de sus amigas en Zaragoza la noche del 13 de noviembre de 2021. Al regresar de madrugada al apartamento que habían alquilado, rompió aguas y el pánico se apoderó de ella. “Yo sabía perfectamente lo que iba a pasar. Era muy difícil que el bebé aguantara dentro y la vida fuera del útero antes de la semana 24 es inviable”, lamenta. Aunque sus amigas querían llevarla al Hospital Miguel Servet de la capital aragonesa, ella cogió un taxi hasta la puerta de urgencias de la CUN. “Me estaban esperando una ginecóloga, matronas... Fueron maravillosas y me ofrecieron mucho cariño”. Desde entonces, solo quedaba guardar reposo absoluto en la cama (levantarse únicamente para una ducha rápida e incluso secarse el pelo tumbada) y rezar para que Marco no se infectara ni el parto se adelantara mucho.
Una historia con muchos hilos en común es la que teje Elena Osácar. En su caso todo sucedió la noche del 30 de diciembre de ese mismo año, cuando regresaron a casa tras haber pasado unas vacaciones en su caravana. “Yo estaba agotada y, de repente, rompí la bolsa. Empecé con taquicardias y me puse a llorar”. De ahí, una llamada a su hermana para que se quedara con los niños, y desplazamiento con su marido a urgencias de la CUN. “Tenía un sentimiento de culpa terrible y me daba cuenta de que la ‘tostada’ que se me venía encima era tremenda”, confiesa.
Y fue justo esa noche, la víspera del fin de año en plena pandemia de covid, cuando las vidas de Uxue y Elena se enredaron. “Una matrona me dijo que en la habitación de al lado había una chica con el mismo problema que yo. Que ya llevaba seis semanas ingresada. Enseguida quise contactar con ella. No nos conocíamos (en la CUN hay más de 600 enfermeras) pero a mí me sonaba de vista”, relata Elena. Como por la ley de protección de datos, no se podían facilitar los nombres ni los teléfonos, se escribieron una carta en papel, se llamaron por teléfono y su primera conversación duró más de tres horas. “Nos hicimos amigas”, coinciden las dos. Una amistad que se forjó entre las sábanas de la cama y el llanto por la posible pérdida de sus terceros hijos. Que se sigue fraguando hoy, con sus bebés sanos en brazos.

“Nunca había tenido que ser cuidada y me he dado cuenta del valor sanador”

Uxue Arzoz estuvo ingresada 110 días entre la planta de aislamiento covid y la segunda maternal de la CUN. Entre el 13 de noviembre de 2021 y el 28 de febrero de 2022, el día en que nació su hijo Marco, en la semana 33 de embarazo (siete meses y medio de gestación). Tras pasar un covid con bastantes síntomas (problemas respiratorios, cansancio extremo...) bajó de la quinta a la segunda planta justo la noche del 30 de diciembre, cuando ingresó Elena Osácar. “Llevaba seis semanas llorando y con mucho miedo”.
Desde entonces y gracias a la relación con Elena, el reposo fue algo más llevadero. “Me dio por escuchar música sin parar. A Lola Flores, a Serrat...”, se ríe. “Les pregunté a las matronas a ver si eso era normal porque no los había escuchado en mi vida”. También se aficionó a ver series en la tablet, a pintar mandalas y a hacer todas la manualidades que les pedían a sus dos hijos (Martina, de 7 años , y Luca, de 5) en el colegio. A diario, estaba acompañada por su familia: su madre, tía, hermana y marido hacían turnos para no dejarla sola.
Los dos partos previos de Uxue habían sido cesáreas de urgencia y para el último, los ginecólogos programaron una intervención en la semana 35 (mediados de marzo). Sin embargo, continúa el relato, en la semana 33 decidieron adelantar la cesárea, pues en las últimas ecografías se comprobó que el fémur no había crecido lo suficiente. “Hicieron todo lo posible para que mi marido estuviera presente y para mí fue algo muy fácil. Me parecía que estaba en el dentista”, bromea al recordarlo. “Después del horror de los últimos meses de embarazo, el final no me resultó nada traumático”.
UN BEBÉ DE 2,4 KILOS
Marco llegó al mundo el 28 de febrero con 2,400 kilos de peso. “Totalmente perfecto”. Pero, recuerda su madre, al poco de nacer dejó de llorar. “Ya me había advertido que podía suceder por la inmadurez pulmonar y además por un neumotórax (aire filtrado entre el pulmón y la caja torácica) que se produjo al nacer”. El niño, por ese motivo, requirió ser ingresado en la UCI de pediatría durante quince días. “Yo iba a verlo, me sacaba la leche... Pero había perdido tanta masa muscular que apenas podía andar. El dolor en las plantas de los pies era terrible. Me apoyaba en la silla de ruedas y les avisaba a las enfermeras de que iba hacia allí. El pasillo me parecía eterno y no sabía si iba a llegar”, visualiza.
Uxue, que es enfermera de hospitalización a pie de cama atendiendo a enfermos de cáncer, apunta que ella misma “nunca había necesitado cuidados”. “Jamás había sentido lo que es ser atendida durante tanto tiempo. En mi caso, no existía una solución terapéutica. Lo único que se podía hacer era cuidar. Lo que no cura pero ofrece un gran poder sanador”. Así fue, recuerda, la labor que desempeñaron ginecólogos, matronas, enfermeras, auxiliares... “Hacen su trabajo, por supuesto, pero no dejan de darte ánimos. De cuidarte a ti y a tu hijo. Y eso desde la cama adquiere un gran valor. Para el paciente y toda su familia”.

DNI

​Uxue Arzoz Labiano. Pamplonesa de 38 años y enfermera en la Clínica Universidad de Navarra desde 2006. Enfermera de hospitalación en el Cancer Center, es madre de tres hijos: Martina (7 años), Luca (5) y Marco (14 meses). En la semana 19+6 de su tercer embarazo, se le rompió la bolsa de líquido amniótico y tuvo que ser ingresada el 13 de noviembre de 2021. En 28 de febrero de 2022, nació el pequeño Marco por cesárea en la semana 35, con 2,4 kilos. Tras quince días en la UCI por problemas respiratorios, fue dado de alta y goza de buena salud.

“Hay que poner el peso del paciente en su persona y no en su patología”

Elena Osácar Crespo estuvo hospitalizada dos veces durante su tercer embarazo. La primera, el 30 de diciembre de 2021, nada más romperse su bolsa de líquido amniótico; y la segunda, el 8 de marzo, el día que cumplía 40 años. En el primero ingreso en la Clínica Universidad de Navarra se contagió de covid el 5 de enero. “Aquel día estaba amargada. Con el problema que tenía, que no sabía cómo se iba a desarrollar el embarazo, la tarde de la cabalgata y sin poder estar con mis hijos. Estaba tristísima y no paraba de llorar”. Sin embargo, la situación pareció ir mejorando en las semanas siguientes y el 25 de febrero, al haberse cerrado la bolsa, recibió el alta, ya que justo al día siguiente se casaba su hermana.
Pero los problemas regresaron y tuvo que volver a ser ingresada el 8 de marzo. “Un día muy triste porque falleció un tío mío”. Y así fue pasando el último mes de gestación entre cursos ‘online’ relacionados con la crianza y la alimentación infantil y maquetas para construir casas que le llevaba su padre, “que es un manitas”. “Pero yo tenía poca paciencia prefería aprender temas relacionados con la crianza”, se ríe.
Elena Osácar recuerda que al principio no podía dar crédito a lo que le había ocurrido. “La sobrina de mi mejor amiga había nacido en octubre de 2021 en la semana 24 y estaba teniendo muchos problemas. Yo no dejaba de pensar en ella y ¡me pasó a mí lo mismo! No tenía fuerzas para afrontar la situación y la dejé en manos de Dios”. Mientras, sus hijos mayores, Clara (4 años) y Miguel (2) iban a visitarla muchas tardes al salir del colegio y los sábados, Elena cenaba en la habitación con su marido. “Aquello era un planazo. Aunque tenía diabetes gestacional, ese día me dejaban comer lo que quisiera”.
CESÁREA Y SEPSIS
Y así fueron pasando las semanas hasta que le programaron una cesárea para el 12 de abril, martes santo. Aunque, al final, su hijo Álvaro nació el día anterior, el 11. “Aquel lunes, no me encontraba bien y la matrona pidió una ecografía. Allí se vio que el niño tenía taquicardia. Era preocupante porque podía haber tenido una infección los días previos”. cuenta. Así que, le provocaron la cesárea y Álvaro nació con una sepsis generalizada (infección en la sangre). “Yo no lo oí llorar. El niño estaba muy mal y se lo llevaron. Entonces me durmieron porque sentía un dolor terrible. Lo recuerdo como un horror”.
Cuando se restableció, Elena recibió el alta pero su hijo permaneció un mes ingresado en la unidad de neonatos, unos días mejorando y otros, empeorando. “Una noche, llegué para darle un beso y me encontré a una enfermera joven que lo arrullaba entre sus brazos y le hablaba con mucho cariño. ¡Me hizo tanta ilusión! Me fui a casa muy tranquila porque lo dejaba en brazos”. Elena insiste en la importancia de los sanitarios en momentos tan complejos, ya que actúan “como salvavidas”. “A mí me ayudaron muchísimo. Solo sentándose a mí lado y escuchándome”. Una experiencia que le ha servido para su trabajo. “Hay que poner el peso en el paciente y no en su patología”.

DNI

​Elena Osácar Crespo. Pamplonesa de 41 años y enfermera en la Clínica Universidad de Navarra desde hace dos décadas, ha trabajado en hospitalización, hemodiálisis y ahora está poniendo en marcha el Área de Experiencia del Paciente. Doctora en Enfermería, es madre de tres hijos: Clara (4 años), Miguel (2) y Álvaro (13 meses). En la semana 19+6 de su tercer embarazo (a mitad de la gestión), rompió la bolsa y tuvo que ser ingresada el diciembre de 2021. Álvaro nació el 11 de abril de 2022 en la semana 34.

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