Policía Municipal
Jesús Bariáin: "Una víctima quiere que la mires a los ojos, no la llamada de un político"
Los 37 años de andadura laboral de Jesús Bariáin como parte de la Policía Municipal de Pamplona han concluido este 1 de abril con su jubilación. En el balance, el recuerdo de miles de personas atendidas, cientos como víctimas de un suceso grave


Publicado el 02/04/2023 a las 06:00
Era un domingo a mediodía, hace unas semanas. A pocos días de jubilarse y cuando iba a sentarse a comer con su familia, sonó el teléfono de Jesús Bariáin. “Oye, Bari (sobrenombre cariñoso con el que le conocen muchos de sus compañeros), que preguntan por ti, a ver si puedes atender esto”. Sin dudarlo, Bariáin pospuso sus planes y pasó las siguientes horas acompañando a una joven, víctima de una agresión sexual en la capital navarra y a su familia, de fuera de Pamplona, poniendo de su parte en lo administrativo y sobre todo en lo emocional, para aligerar mínimamente el drama que estaban viviendo esas personas. Regresó a las horas a casa. No tenía el cuerpo para darse un festín, cuenta, y se sirvió algo de ensalada y un vino blanco. Responsable de la Oficina de Atención a las Víctimas de Policía Municipal de Pamplona desde el 2007 sabe que la teoría implica recubrirse de cierta coraza que permita atender a estas personas y a la vez seguir con la vida. Pero la coraza no siempre es completamente impermeable y, a veces, se filtra. Desde ayer, día en que cumple 60 años, ese teléfono dejará de sonar en su bolsillo. Jesús Bariáin, que se ha convertido en un rostro popular ya que ejerce también como portavoz del cuerpo ante los medios y la ciudadanía, se jubila.
¿Cómo está viviendo estos últimos días al pie del cañón?
Ya he tomado la decisión y estoy muy contento. Es un cierre con buen sabor de boca. Por supuesto que, como en toda trayectoria, ha habido momentos duros, de amargura, de crispación, pero en el balance global son muchos menos que los buenos. Me voy encantado y orgulloso de haber sido policía municipal, de haber trabajado para el Ayuntamiento de Pamplona y con la convicción de haber puesto mi granito de arena para que a día de hoy sea impensable una seguridad ciudadana en esta ciudad sin la Policía Municipal.
En esta última etapa ha compatibilizado la atención de la Oficina de Atención a las Víctimas con su cargo como portavoz en el área de prensa. ¿Cuál ha sido su papel? Esta idea echó a rodar cuando detectamos que existía un vacío con determinadas personas. Yo estaba trabajando en el área de Tráfico, en Atestados, Seguridad Vial, etc., y veíamos a diario que existía una falta de acompañamiento a mucha gente a la que, de repente, le cambiaba la vida al sufrir un accidente y a las dos semanas se encontraban sí, con un atestado muy completo, pero un drama por delante que vivir en soledad, al que se añaden líos del juzgado, de seguros... La esencia de la Oficina es esa. Que nadie en Pamplona se sienta abandonado en un momento dramático de su vida. Se les ofrece estar ahí. Unos lo aceptan, otros no, pero la gran mayoría lo agradece.
¿A cuántas víctimas ha tratado?
Cientos. En los inicios, una media de 60-70 personas cada año. Ahora ha disminuido la gravedad de los accidentes y serán unas 50. Sí, mucha gente y muy diversa, desde un octogenario que como consecuencia de un atropello se queda postrado en un cuarto piso sin ascensor hasta personas de otro continente a las que un día tienes que avisar porque su hijo está en la UCI por un accidente de tráfico. O no está. Esa ha sido la parte más difícil. La de atender a padres que han perdido un hijo, la tragedia más contra natura que existe. Se me vienen a la cabeza demasiados casos con menores como perjudicados. Demasiados...
Disponibilidad 24 horas y desgaste emocional...
He podido hacerlo gracias a la generosidad de mis seres queridos. Nunca, a pesar de las llamadas a deshoras, de la dedicación, he visto por su parte una mala cara o un mal gesto... Eso me ha permitido estar, que es lo importante, estar con esas víctimas en el sentido de acompañar, de arropar. Y eso lo tienen que entender también los de arriba. Por parte de la administración, hay que darle más importancia a ese seguimiento a la víctima. No quieren una llamada del político de turno para interesarse. Quieren que se siente con ellos y les mire a los ojos. Eso es estar. Llorar con ellos. Ir a un aeropuerto y recoger a esos padres que vienen de otro país. Llevarles al lugar concreto de los hechos, si lo desean, porque a veces quieren saber cómo, dónde, y de qué manera ha ocurrido. Dar un paseo, acompañarles a que se compren algo de ropa porque se han quedado con lo puesto tras un incendio, servirles una taza de café...
En los últimos años ha compatibilizado esa labor con la de ejercer de portavoz ante los medios de comunicación.
Era 2011 y había puesto en marcha la Oficina, seguía con mis temas de seguridad vial, vamos, que estaba en mi zona de confort, cuando una mañana me llaman al despacho del jefe (entonces, Simón Santamaría). Se jubilaba el compañero que hacía prensa hasta ese momento (Manolo Ruiz) y a partir de ese momento, me lo iban a encomendar a mí.
¿Y le pareció buena idea?
Al principio no me veía. Me dio vértigo. El primer día hablé como una metralleta...
Y ha acabado manejándose con soltura con conexiones en directo con emisoras de radio o televisión y emitiendo notas de prensa a través de la cuenta de Twitter...
Mi propósito ha sido el de acercar nuestra labor a la ciudadanía y que ya desde la mañana la gente tuviera un primer flash de la situación del tráfico, de las obras, de la situación de la la ciudad y los sucesos más importantes. Mi rutina pasaba por levantarme a las 4.30 y para las 5.15 ya estaba en el despacho, repasando las incidencias de las últimas horas. Para las 7-7.30 ya tenía mis primeras conexiones en directo.
Siempre solía cerrar el parte con algún consejo hacia los más vulnerables: niños o personas mayores, objetivo de bandas de timadores o ladrones.
Recordaba a oyentes y lectores que nunca está de más una llamada, tocar el timbre, interesarse por ese pariente o vecino que sabemos que vive solo y por el que interesarnos para saber que está bien, que no se ha caído. Puede marcar la diferencia.
DNI
Jesús María Bariáin Bariáin (Pamplona, 1 de abril de 1963), hijo de Jesús, agricultor, y María Nieves, ama de casa, tiene un hermano 8 años menor, Carlos. Sus raíces familiares están en Eslava, donde vivió su niñez, hasta que a los 10 años ingresó interno en los Jesuitas. Con canas ya, no ha perdido la vinculación con el pueblo y a él regresa algunas mañanas de primavera para podar sus frutales, una de sus aficiones junto a los paseos por el monte. Desde el 24 de septiembre de 1988, precisa sonriente, está casado con María Ángeles Martín, funcionaria del Gobierno de Navarra. La pareja tiene dos hijos, David y Sergio. Se confiesa “muy orgulloso de su familia”, a la que suma a sus dos nueras, “Elena y Leti”, y subraya que están “muy unidos”.