Iglesia Diocesana

Bautizo a los 30: once adultos recibirán en la catedral de Pamplona los sacramentos de iniciación cristiana

Su testimonio revela historias y trayectorias dispares

El sacerdote Santiago Cañardo con los once catecúmenos, frente a él, en la capilla de las Blancas de Lezkairu.
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El sacerdote Santiago Cañardo con los once catecúmenos, frente a él, en la capilla de las Blancas de Lezkairu.
El sacerdote Santiago Cañardo con los once catecúmenos, frente a él, en la capilla de las Blancas de Lezkairu.

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Pilar Fernández Larrea

Publicado el 01/04/2023 a las 06:00

Domingo. Mediodía. La hermana Susana recibe a once personas en una luminosa salita de la planta baja en el convento de las monjas blancas de Lezkairu, edificio centenario rodeado de construcciones vanguardistas. Ahora es también la iglesia del barrio, las familias entran y salen a catequesis, a misa. Entre ellas, los once catecúmenos adultos a los que forma la hermana Susana Palacios, misionera ecuménica. Tienen entre 19 y 41 años y el sábado 8, en la Vigilia Pascual, recibirán en la catedral de Pamplona (22 horas) los sacramentos de la iniciación cristiana: bautismo, confirmación y eucaristía. Caminos bien diferentes les han llevado a la religión católica. Tres han nacido en Navarra: Patxi, Felipe y Fernando, otros tantos en Colombia: Carlos, Rosa y Julián, dos en Ghana: Michael y Joana; Gabriel en Perú, Lorena en Bolivia y Yin en China.

Santiago Cañardo es el sacerdote responsable del Servicio Diocesano para el Catecumenado de adultos y explica que desde su puesta en marcha en 2007, un total de 223 personas han recibido allí formación para el bautismo.

Carlos Morales nacido en Colombia, 41 años: “Mis padres decían que la decisión era mía y un día decidí que sí, que quería tomar los ritos católicos y necesitaba bautizarme, me sentía más cerca de Dios y no tan alejado. Hasta los 38 años siempre sentí su presencia. Oraba, le pedía y me lo solucionaba. Hace cuatro años viví una situación muy complicada, un día renuncié a mi fe y me volví ateo. Ya no me arrodillaré más ante ti, le dije a Dios, pero cargué con un peso grande. Fui a un retiro y allí me demostró que en ningún momento me dejó de lado”, considera.

Yin Lei , 39 años, nació en Pekin y lleva seis años en Pamplona, donde vive con su marido y sus dos hijos. Es la primera en su familia en bautizarse y repara en “la suerte de contar con el amor de Dios”. “Percibo mucha diferencia con China, allí es habitual decir algo y hacer lo contrario, vivir dos realidades, y eso para nosotros es muy duro. Creo que antes de ser catecúmena estaba en la oscuridad”, cuenta Yin Estela. Será su nombre tras el bautizo. “Hay quien añade un segundo nombre al tomar los sacramentos, otras personas no”, explica la hermana Susana. Ella será madrina de Yin.

Yin Lei firma uno de los escrutinios, antes el sacerdote Santiago Cañardo.
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Yin Lei firma uno de los escrutinios, antes el sacerdote Santiago Cañardo.cedida
Yin Lei firma uno de los escrutinios, antes el sacerdote Santiago Cañardo.

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Uno de los catecúmenos que lo ha hecho es Patxi. En adelante será Patxi Javier Erdozáin Erviti. De 21 años, estudiante de Filosofía, gasta maneras de buena gente, con unos ojos claros que expresan tanto y se entiende pronto que el suyo es un viaje contracorriente.

Felipe Armendáriz López, 37 años, se crió en Villava y vive ahora en Navascués. Nunca se había planteado si estaba o no bautizado, buena parte de su familia es cristiana. No lo ponía en duda. “Pero en una comida familiar salió a la luz el tema y supe que no”, explica que recibió una educación católica, primero en el colegio Notre Dame de Burlada, luego en Salesianos. Sabe que su decisión no es hoy políticamente correcta. “Pero yo llevaba un vacío interior, como si fuera un grifo roto y sentía una esperanza, algo espiritual hay”, sostiene. Cuando reciba los sacramentos se casará con su novia.

Lorena Pardo Parra, nacida en Cochabamba, Bolivia, hace 36 años, acude con su marido. Son padres y ambos recibirán los sacramentos: “Una cosa que afecta a la sociedad es hacerse esclavo del dinero. Ahora ya he dejado de pensar continuamente en ello, he dejado que todo fluya y doy gracias a Dios por lo poco o mucho que tenemos, y si hay una tristeza, levantarme y dar gracias también. He cambiado y quiero compartirlo”, explica mientras su hija juega cerca. “Hoy día es difícil decir que crees en Dios”, reflexiona el marido de Lorena y suscita una sonrisa en el grupo.

Rosa Elvira Palencia Rivera, 33 años, arrastra una historia difícil. Madre de tres hijos a los que cría sola, es colombiana, hija de padres cristianos: “Quisieron que eligiéramos cada uno nuestra religión. Nos acordamos de Dios cuando estamos en lo peor, en realidad es él quien se acuerda de nosotros y nos dice: estoy aquí. Es lo que me sucedió cuando caí muy enferma y no tenía a nadie”, desgrana.

“Mi educación fue atea. He vivido en mi burbuja, pero empecé a conocer gente, un día contacté con Susana. Bueno, primero fui a la parroquia Cristo Rey para hablar con Santiago Cañardo. Quedé con él, a solas, la acogida fue muy buena. Me recomendó algunos libros y videos, porque el curso de preparación ya había empezado, debía esperar al siguiente y me propuso pensarlo bien antes. Tenía curiosidad por estudiar en qué consiste el Cristianismo, con cierto escepticismo, pero llegué a la conclusión de que son verdades naturales y empecé mi conversión. Fue en octubre y me he sentido acogido por el grupo”, describe un catecúmeno pamplonés que prefiere un testimonio anónimo.

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