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Obituario

Anastasio Navascués Martínez, jefe de obras y mantenimiento de centros escolares

Ampliar Anastasio Navascués Martínez
Anastasio Navascués MartínezCedida
  • Trinidad Eslava Muruzábal
Publicado el 24/01/2023 a las 08:11
Tasio para los amigos y simpatizantes, así le llamábamos a Anastasio Navascués Martínez, viudo de Mª Jesús Bertolín, que falleció el día 12 de diciembre del pasado año. Su esquela se pudo ver en la edición del día 16 de diciembre en este mismo periódico. Fue persona entrañable, de esas que perduran “largamente” en la corta vida de los recuerdos. Muy conocida y reconocida en el ámbito educativo de Navarra.
El periodo más destacable de su trayectoria profesional se corresponde con la gestión de construcción, reformas, reparaciones, etc, de centros educativos. Primero requerido por el Ministerio de Educación en razón de su título de aparejador y, posteriormente y hasta su jubilación, en el Departamento de Educación del Gobierno de Navarra como jefe de la sección de obras y mantenimiento de centros escolares. Funcionario ejemplar, siempre entregado a sus responsabilidades, trascendía frecuentemente su horario de trabajo en visitas a las obras que le eran encomendadas. Incluso después de jubilado, siguió durante algún tiempo visitando obras cuya construcción él había gestionado, sucumbiendo a los efectos del “síndrome del jubilado nostálgico”.
De temperamento “rocero”, como decimos aquí, en su entorno se generaba un clima de empatía que inducía a todos a implicarse en el logro de los objetivos propuestos, con la gratificante recompensa de la satisfacción que proporciona lo conseguido. En su mesa de trabajo se acumulaban informes, expedientes de adjudicación de obras, peticiones de directores de centros, alcaldes, etc, en un aparente desorden que controlaba gracias a su excelente memoria locativa. No daba pie a las administrativas que le auxiliaban en su menester a “ordenar convenientemente sus papeles”, según su cometido. No me resisto a referir un detalle anecdótico que, por sí mismo, refleja su honda sensibilidad humana. Cuando algún director de colegio se lamentaba (como recurso para conseguir la sustitución del material escolar deteriorado, como pupitres o sillas...) porque se había roto a causa de las trastadas de los escolares, contestaba: “Es natural, son niños y los niños rompen las cosas”. Mostraba así su cercanía y comprensión con los pequeños. No gozó de la suerte de tener hijos...
En sus relaciones sociales se dejó rodear por su talante y de manera destacada por su generosa esplendidez de múltiples amigos que supieron corresponderle hasta el final con un cariño singular. Para los hijos de estos o sus nietos, los Reyes Magos eran Melchor, Gaspar, Baltasar y Anastasio. Así mostraba su predilección por los niños. Descanse en paz este ejemplo de humanidad.
El autor es compañero de trabajo en el Servicio de Inversiones del Dpto de Educación en las legislaturas de 1994-1998 y 1998-2002 y profesor de Filosofía en el IES Navarro Villoslada
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