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Salud

Cuidadora de un afectado de Alzheimer: “Vivo más a gusto ahora que hace diez años”

Celia Eseverri dice que tiene que tener una vida rica para cuidar bien a su marido, afectado de Alzheimer. Anda, nada, lee, va al cine. “De melancolía no se vive”. Busca la simplicidad en una vida con pautas sencillas. La ducha es innegociable y el deporte. Se puede hacer en casa, afirma

Ampliar Celia Eseverri Narvaiz y su marido Santos Echecolonea Indacochea, afectado de Alzheimer, en su casa
Celia Eseverri Narvaiz y su marido Santos Echecolonea Indacochea, afectado de Alzheimer, en su casamiguel osés
Actualizado el 06/11/2022 a las 09:31
Celia Eseverri Narvaiz lleva el móvil colgado del cuello, como si fuera una veinteañera, y conectado por bluetooth a los audífonos. Tiene 80 años. Teclea en el ordenador la clave para conectar con su entrenador y comenzar online la clase de gimnasia de los jueves. “¡Venga Santos! Empezamos con el calentamiento”, reclama animada. Santos Echecolonea Indacochea, su marido, le mira y asiente. Tiene 82 años y está afectado de Alzheimer. Inician un movimiento de cuello, de un lado a otro, los brazos como molinillos, las caderas en círculos y las rodillas arriba. “La espalda erguida Santos”, dice el entrenador, Asier Gómez, desde el ordenador. “Ahora realizaremos unas sentadillas”.
La sesión tiene lugar en la casa del matrimonio, en Elcano. Un hogar donde esta pareja, que no tiene hijos, vive tranquila. “Si él está feliz, lo estamos los dos. Pero hay que trabajarlo día a día”, afirma. “De melancolía no se vive”. Resulta evidente al verla: anda, nada, lee, va al cine. “Cuando puedo salgo a caminar por el monte por lo que yo llamo mis caminos sanadores. Es como cargar pilas”. Ahora, con su marido, hace gimnasia tres días por semana. Poco a poco “va perdiendo... Está más limitado”, explica. “Ya no sigue ni la pelota, que le gustaba mucho”. Pero ahí está. Subiendo y bajando escaleras para mantenerse activo. Y ella con él. “Tengo muy claro que si no estoy contenta, si no estoy bien, no le puedo atender bien. Pero necesito mi espacio”.
VIVIR EL PRESENTE
Con ese espíritu, Celia afirma que ha alcanzado el equilibrio. “Vivo más a gusto que hace diez años”. Y es que asume su papel de cuidadora con una energía pasmosa. “Soy activa y nerviosa”, explica. “También es cierto que somos independientes y que nos gusta el campo. Es por los orígenes, de caserío”, afirma en referencia a que nació en Ochagavía y él en Zubieta. Por eso viven en Elcano. La pareja se casó en 1978 y antes residía en Burlada, donde Celia era maestra y Santos policía municipal.
La vida les trajo el Alzheimer, como podía haber sido cualquier otra dolencia. Fue hace trece años, recuerda Celia. “Yo conocía AFAN porque tengo familiares afectados. En cuanto comencé a notar pérdidas de memoria en Santos y algún comportamiento no habitual consulté. Hacen una labor inmensa y siempre tienen un consejo certero”, aseguró.
Los primeros años fueron muy duros, reconoce. Primero llegaron los test, repetir al año siguiente... Hasta 2017 no tuvieron un diagnóstico y fue “farragoso”. “No puede conducir, no puede salir solo, nos dijeron. Un montón de cosas”. Entonces Celia tuvo claro que tenían que vivir el presente. “No existe el mañana. Nadie lo tiene asegurado, ni yo misma. Y no hacemos nada con angustiarnos por lo que pueda pasar”.
Tomó las riendas, aprendiendo día a día, incluso adentrándose en el mundo de las tecnologías, y siendo muy consciente de que tenía que cuidarse. “Hay que pedir ayuda. Yo lo he hecho siempre y no me avergüenzo nunca de lo que nos pasa”. Ahora tiene dos sobrinos que le ayudan con la casa y el jardín. Y una persona contratada a media jornada. “Confío plenamente en las personas que me ayudan”, afirma. “Si ocurre algo van a solucionarlo”.
Además, aconseja a las personas cuidadoras que realicen ese trabajo personal para estar bien. “Si no trabajas el cuerpo, el espíritu se deja ir. Se decide no ser mayor”, sentencia. Y en este camino asegura que busca cada vez más la simplicidad. “Trato de estar a gusto. La verdad es que nos reímos muchísimo”, añade. Todo sin dramas. “De momento físicamente Santos está bien. Él no tiene la culpa de esto. Ni yo”.
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