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Exclusión social

Más de 50 chicos de entre 18 y 25 años duermen hoy en las calles de Pamplona

La mayoría se encuentra sin empadronar, no recibe ningún ingreso y la administración pública no elabora un protocolo de inclusión, según Apoyo Mutuo

Ampliar Ilyas, de 21 años, dormía hasta la semana pasada en la calle
Ilyas, de 21 años, dormía hasta la semana pasada en la calleiván benítez
Publicado el 28/10/2022 a las 06:00
“Emocionalmente están en situación de duelo tras procesos migratorios largos y duros. Con preocupación por la situación de sus familias en sus países de origen y por tener un futuro. Necesitan permanecer activas y establecer vínculos con otras personas, les faltan referentes adultos”, explican desde Apoyo Mutuo, asociación donde los derivan principalmente las trabajadoras sociales.
Son más de 50 con edades comprendidas entre los 18 y 29 años. La mayoría procede del Magreb y son chicos, aunque también hay alguna chica. Todos acuden a los puntos de apoyo y acompañamiento de diferentes colectivos con los que colaboran de forma voluntaria y donde adquieren alimentos, ropa, medicinas, mantas y se apuntan para recibir clases de castellano. Es decir, son las entidades civiles las que han activado el protocolo de inclusión. Y muchos de estos voluntarios, incluso, les adelantan el dinero para que puedan sobrevivir.
La mayoría se encuentra sin empadronar y no tienen ningún ingreso. “La administración pública escatima hasta los pensamientos hacia ellos y no elabora un protocolo de acogida e inclusión”, lamenta Tere González, coordinadora de Apoyo Mutuo junto a Mikel Otazu. “¿Por qué se les niega a las trabajadoras sociales poder atenderles y darles una cita?”, denuncian. “¿Por qué después de año y medio de trabajo en itinerarios de inclusión, ahora se decide cerrarles todas las puertas y no atenderlos?”. Además, subraya González, se les comunica que deben estar en situación de calle entre cuatro y seis meses para poder atenderles. “Y se les dice que si habría ayuda para un billete de viaje, que se vayan a otro lugar. ¿Preferimos eso a prepararlos para que trabajen y generen riqueza en la sociedad navarra? ¿Porque es mejor gastar el dinero público en un billete que en una habitación para alojar dignamente a un sin techo? Porque nosotros podemos enviar a los chicos a otros lugares, pero de otros lugares nos seguirán llegando “sus” chicos, ¿no? ¿Y si todas las comunidades tuviéramos un protocolo de acogida que respondiera a las necesidades mutuas no se evitaría su tan temido “efecto llamada?”.

FOTO DE LA POBREZA

(Texto dirigido al Parlamento de Navarra desde la asociación Apoyo Mutuo)
Son las diez de la mañana y unos quince chicos que viven en la calle, debajo de los puentes de Pamplona o en bajeras insalubres, se acercan a desayunar. Hoy hemos quedado con ellos para grabar un pequeño vídeo y contar al parlamento de navarra, su situación. Su situación es de pobreza, pero también de exclusión.
Los chicos son Ayoub, Yassine, Jamal, Taha, Mohamed, Elias, Aziz, Elfilali, Abdelali, Ahmed, Abderraman, Oussama, Abdelkarim, Salab, Karouni, Redouane, tienen entre 18 y 24 años y dos de las personas son más mayores.
Viven o, mejor dicho, malviven, en situación irregular y carecen de recursos económicos y de una red social estructurada que les permita cubrir sus necesidades básicas, por lo que se trata de personas que están en situación de Alta Exclusión. Están en situación de calle, habitan en los puentes y bajeras en condiciones insalubres, corriendo riesgos y sin seguridad en los lugares donde duermen. La mayoría están sin empadronar y no tienen ningún ingreso económico.
Emocionalmente están en situación de duelo tras procesos migratorios largos y duros. Con preocupación por la situación de sus familias en sus países de origen. Con preocupación por tener un futuro. Necesitan permanecer activas y establecer vínculos con otras personas, les faltan referentes adultos.
¿Qué hacen para salir adelante? Acuden a los puntos de apoyo y acompañamiento de diferentes colectivos sociales con los que colaboran de forma voluntaria y donde adquieren alimentos, ropa, medicinas, mantas y se apuntan para recibir clases de castellano y aprender nuestro alfabeto.
Mayoritariamente tienen una actitud proactiva, sociable, y se les ve las ganas e ilusión por aprender, convivir, participar y aportar a nuestra comunidad. Ayudarles en un itinerario de inclusión les abre las puertas a un futuro. Algo más cercano a lo que imaginaron y no la sociedad cerrada que se encontraron al llegar aquí. Ellos muestran disposición y deseo de vivir de forma honrada y digna, estudiando y trabajando en nuestra comunidad.
Y entonces, ¿Por qué siguen durmiendo bajo los puentes?
¿Por qué se acerca la ola de frio y no se ponen medios para ayudarles? ¿Por qué el albergue solo los acoge tres días por año? ¿Por qué muchos no tienen acceso a un comedor social y revuelven entre las basuras para llevarse un bocado a la boca? ¿Por qué, si podrían ser nuestros hijos, la administración pública escatima hasta los pensamientos hacia ellos y no elabora un protocolo de acogida e inclusión? ¿Por qué nos están Vds. poniendo trabas a la red social de apoyo? ¿Por qué se les niega a las trabajadoras sociales poder atenderles, darles una cita? ¿Por qué después de año y medio de trabajo en itinerarios de inclusión, ahora se decide “cerrarles todas las puertas” y no atenderlos? Este es el lamentable punto en el que estamos ahora.
En este año y medio último, más de setenta chicos de calle han llevado un proceso exitoso de inclusión y actualmente son estudiantes de fontanería en la Escuela Virgen del Camino, o estudiantes de Soldadura en la Fundación Elkarte, o estudiantes de Fabricación Mecánica o de Cocina en el IES de Huarte. Ya no viven en la calle, comparten piso o habitación, estudian castellano, están empadronados, tienen su tarjeta sanitaria, han sido vacunados, juegan al futbol, colaboran en tareas solidarias con la comunidad, tienen tarjeta de bus, Renta Garantizada y estudian porque son rápidos, agiles y saben lo que quieren. Muchos preparan ya sus papeles para solicitar permiso de residencia para la formación.
Después de toda esta experiencia, vuelven las políticas regresivas que prefieren llenar la calle de chicos que deambulan sin oficio buscándose malamente la vida. Se les comunica a los chicos que deben estar en situación de calle entre cuatro y seis meses para poder atenderles. Se les hace saber que si habría ayuda para un billete de viaje, que se vayan a otro lugar. ¿Preferimos eso a prepararlos para que trabajen y generen riqueza en la sociedad navarra? ¿Porque es mejor gastar el dinero público en un billete que en una habitación para alojar dignamente a un sin techo? Porque nosotros podemos enviar a los chicos a otros lugares, pero de otros lugares nos seguirán llegando “sus” chicos, ¿no? ¿Y si todas las comunidades tuviéramos un protocolo de acogida que respondiera a las necesidades mutuas no se evitaría su tan temido “efecto llamada”?.
Las migraciones se han configurado como uno de los factores de cambio social más importante en nuestra sociedad. El ánimo de moverse de un lugar a otro es inherente al ser humano, ha pervivido a lo largo de la historia y es el origen de la riqueza cultural de todas las sociedades humanas.
En este contexto, nuestra sociedad navarra ha sido capaz de responder de manera positiva a dichos cambios, sin llegar a producirse importantes conflictos de convivencia.
Nuestro diagnóstico para esta situación quiere ser positivo y se corresponde con la disparidad de formas culturales que ya cohabitamos en Navarra y con la necesaria puesta a punto de un sistema educativo con difícil acceso, actualmente, para el sector de chicos migrantes en situación irregular al que nos referimos y excesivamente dirigido a otro perfil de estudiantes. A la situación que viven estos chicos migrantes que llegan a nuestras ciudades buscando un futuro laboral hay que apuntar que les falta una figura de referencia, su progenitor, tan necesaria en esas edades y que creemos que ponerlos a estudiar, facilitaría que el tutor-educador, pudiera suplirla.
La Educación tiene una larga historia y se ve en muchos países como una forma importante de aprendizaje y de desarrollo personal para la participación activa en la sociedad. En nuestras sociedades democráticas existe la obligación de capacitar a las personas con herramientas educativas para poder participar activa y plenamente en la sociedad civil sin riesgo de exclusión, lo que supone asegurar que toda la población adquiera los conocimientos y habilidades necesarios para la convivencia y la inserción social.
En estas estamos, apostamos por generar itinerarios de inclusión, con estudios y formación profesional para los chicos jóvenes migrantes y así superar las situaciones de pobreza y exclusión. Esta es una apuesta de futuro. Comprar y vender billetes de viaje no es tarea de la administración pública y tampoco responde a la defensa del interés público.
Hoy, en nuestras sociedades, la diversidad es una realidad, y laborar por la convivencia de culturas y personas es un valor añadido para una integración plena. Ello es lo que conforma la mayor riqueza humana y trabajar en esa dirección, para romper estigmas y mantras miedosos y de tinte racista, ayuda a la sociedad navarra a ser acogedora. Las personas con responsabilidad política esperamos que lideren dichas políticas inclusivas. Este Parlamento de Navarra esperamos que lidere a todos los Ayuntamientos y Concejos navarros. Los puentes son para construir comunicación y acercamiento humano, no para vivir bajo ellos.
Tere González, coordinadora de Apoyo Mutuo.
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