Salud

Quirófanos en “tierra hostil”

Operar en la enfermería de la Plaza de Toros de Pamplona, en unas instalaciones habilitadas en Senegal para intervenir o en una tienda de campaña que despliega en dos horas el Ejército. Son ejemplos de quirófanos que salen de su hábitat natural.

Izda a dcha: Albert Sánchez (Hope&Progress), Ana Quiroga (Plaza de Toros), Marta Erroz, Yurema Martínez (Hope&Progress) y Mª Jesús Hernández (capitana enfermera)
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Izda a dcha: Albert Sánchez (Hope&Progress), Ana Quiroga (Plaza de Toros), Marta Erroz, Yurema Martínez (Hope&Progress) y Mª Jesús Hernández (capitana enfermera)
Izda a dcha: Albert Sánchez (Hope&Progress), Ana Quiroga (Plaza de Toros), Marta Erroz, Yurema Martínez (Hope&Progress) y Mª Jesús Hernández (capitana enfermera)

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María José Echeverría

Publicado el 29/04/2022 a las 06:00

Pamplona, 7 de julio. 7.50 de la mañana. Cantar a San Fermín. Atarse la zapatilla por cuarta vez. Tocar de nuevo el amuleto. Saltar. Flexionar el brazo. Apretar el periódico entre las manos... Son rituales que todos los aficionados al encierro de Pamplona han podido ver en directo o por televisión en multitud de ocasiones. Pero pocos saben que hay otros rituales paralelos que pasan desapercibidos.

En el otro extremo del recorrido, a 875 metros, el personal que trabaja en la enfermería de la Plaza de Toros tiene su propio guión. Lo primero, encender la vela a San Fermín que está en la entrada. Después, comprobar que todo está en orden en las salas de triaje, donde se clasifica y determina la gravedad de las personas que llegan para ser atendidas, y repasar el estado de los monitores. Luego preparar dos anestesias, una para cada quirófano.Y, al final, coger un café. Una parte del equipo lo tomará delante de la televisión, donde otean si será una mañana complicada. Otra parte acude al burladero para adelantar las atenciones todo lo posible.

La labor de los profesionales en esta enfermería fue desgranada ayer durante la mesa redonda ‘Montaje de quirófanos externos’, que se desarrolló en el transcurso del congreso nacional de Enfermería Quirúrgica que se celebra en Baluarte. Los hospitales de campaña en Senegal, que monta cada año la ONG HOPE&Progress, o los quirófanos que despliega el Ejército en tiendas de campaña o contenedores en zonas de conflicto fueron ejemplos de actuaciones fuera de un hospital. “Trabajamos en un entorno controlado. ¿Pero qué pasa cuando hay que sacarlo todo y montar un quirófano de la nada?”, preguntó Marta Erroz, enfermera de quirófano del hospital materno-infantil del HUN.

SAN FERMÍN, EN EL CORAZÓN DE LA FIESTA

Ana Quiroga Trincado, jefa de Guardia de Enfermería en el Hospital Universitario de Navarra, desempeña su labor también en la enfermería de la Plaza. Las instalaciones, de 180 metros cuadrados, albergan dos quirófanos, sala de triaje, de televisión, almacén, etc. Y es que se trata de una plaza de primera categoría, con capacidad para 19.500 espectadores, que se erige como centro neurálgico de la fiesta.

El trabajo para tener a punto las instalaciones comienza en mayo, con la revisión de material y elaboración del listado de necesidades. La Casa de Misericordia, que tiene un concierto con el Servicio Navarro de Salud para atender las instalaciones, encarga además una limpieza exhaustiva y revisión eléctrica. Tras numerosos pasos, el proceso acaba el 5 de julio, con un transporte especial desde el Banco de Sangre de bolsas de sangre del grupo cero negativo, el donante universal.

Todo listo. Lipotimias, sobre todo durante las corridas; traumatismos en las vaquillas y heridas por asta de toro, la lesión por antonomasia en el encierro, son algunas de las patologías que atienden en esta enfermería con actividad frenética durante las fiestas. “A veces se colapsa. Sobre todo durante las vaquillas tras el encierro porque los heridos son numerosos”, explicó Quiroga.

A estos problemas se suman los pacientes que participan en estos actos y que han ingerido alcohol y drogas, lo que dificulta el trabajo, y en muchas ocasiones la barrera idiomática. Es una enfermería única donde la vida puede pender de un hilo. “Las cornadas son heridas sucias y contaminadas. Traicioneras, porque pueden tener varias trayectorias, fragmentos de asta, de ropa”, afirmó Quiroga. “El éxito de la cirugía reside en la inmediatez de la atención”, añadió.

De las vivencias de muchos años descolgó tres recuerdos: la cogida de Julen Madina en 2004, que recibió cinco cornadas. Fue el corredor con más heridas por asta de toro. El ‘montón’ en el callejón el 13 de julio de 2013, que dejó 23 heridos. “Fue un antes y un después”. Y la escalofriante cogida de Rafaelillo, el 14 de julio de 2019, que le reventó la caja torácica. En todos, la actuación de los profesionales de la enfermería fue determinante.

SENEGAL, LA ACTITUD DE EQUIPO

“Todo el mundo tiene que aportar. La actitud de equipo es esencial”. Con estas palabras, Albert Sánchez, anestesiólogo en Sant Joan de Déu (Barcelona) y Yurema Martínez, enfermera quirúrgica, resumieron el espíritu de quien se embarca en una misión de cooperante, en un quirófano en un “sitio hostil”. Ambos colaboran con la ONG HOPE&Progress, que promueve Carlos Bardají, jefe de Cirugía Pediátrica del HUM. Y acuden a Senegal cada año para operar a unos 70 niños en una semana. “Hay que implicar al personal local y respetar lo que tienen montado”.

Ambos describieron las dificultades de operar sin laboratorio para analítica, reutilizando material o colgando el suero de la pared. “Hay que tener muy claro que tipo de cirugía se va a hacer y a cuántos pacientes para desplazar el material”. Limpiar al llegar, esterilizar... “Cualquier pieza que aquí se tira, allí puede servir. Incluso llevamos aparataje descatalogado”. Todo para abordar hernias, labios fisurados o bultos que en África pueden ser una sentencia de muerte.

“Tras estos años hay enfermeras en crisis. Esta es una manera de reconciliarse con la profesión”.

EJÉRCITO, EFICACIA EN TIEMPO RÉCORD

“En marcha en un entorno no controlado”. La labor del Ejército en este ámbito queda patente al conocer que pueden realizar atenciones en un evento con bajas traumáticas antes de 10 minutos, en primera asistencia, y tener capacidad quirúrgica antes de dos horas. Mª Jesús Hernández, capitán enfermera de la Unidad Médica Aérea del Ejército del Aire, explicó que pueden desplegar distintas instalaciones, desde tiendas de campaña en dos horas hasta trasladar contenedores desplegables con quirófano dentro, en función del escenario, condiciones climatológicas, etc. Y todo perfectamente planificado según la normativa de la organización que ha generado esa intervención.

Eso sí. Hay que adaptarse. En Afganistán, explicó, hay mucho polvo. Y ni el mejor equipo sirve para nada si no se protege de forma adecuada de ese evento natural. “También hay que tratar tanto las patologías rutinarias como aquellas relacionadas con el conflicto”, añadió. Electricidad, climatización o gases medicinales son algunos de los grandes retos en sus misiones. Pero, según indicó, como militares su labor es prestar atención en entornos que no siempre son favorables.

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