Solidaridad
Una segunda vida, con bebés ucranianos
La Clínica Universidad de Navarra ha donado dos incubadoras a un hospital de Mukachevo, al suroeste de Ucrania, a donde han llegado muchas embarazadas que huyen de la guerra y y se registra un aumento de los partos prematuros


Publicado el 26/04/2022 a las 06:00
Durante años hubo dos incubadoras de la marca Dräger que dieron la bienvenida al mundo a bebés en la Clínica Universidad de Navarra. Cayeron en desuso. Pero la invasión rusa de Ucrania activó las redes de solidaridad por toda la Comunidad foral y, desde el domingo, los receptáculos cuentan con una segunda vida y abrigan a los recién nacidos ucranianos del Hospital del Distrito Central de Mukachevo, en el suroeste del país.
La profesora de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra Lala Herrero Salas fue quien puso en marcha la iniciativa. Se confiesa “muy concienciada con el dolor ajeno” y desde el inicio de la guerra ha seguido muy de cerca las informaciones sobre la crisis humanitaria. Un buen amigo norteamericano -Herrero estudió y trabajó en Estados Unidos- la puso en contacto con Álex Valla, un voluntario con raíces ucranianas que ahora vive a caballo entre las fronteras con Ucrania y Cataluña, donde tiene varios restaurantes. Valla le facilitó un listado con las necesidades más acuciantes en el país invadido, entre ellas, la falta de incubadoras.
MÁS PREMATUROS
En la planta de maternidad de Mukachevo llevan semanas desbordados. “Nuestra región no se ha enfrentado a la situación de partos en los sótanos bajo las bombas porque estamos en una parte más o menos segura de Ucrania; hay sirenas, pero no nos han bombardeado”, explica Karina Turianchyk, voluntaria que se encarga de coordinar la logística de ayuda humanitaria en la ciudad. Pero muchas compatriotas se han desplazado hasta la zona para estar a salvo. Y el estrés por el peligro, las malas noticias y la incertidumbre ha provocado que las embarazadas estén dando a luz antes de la fecha estimada. La falta de material y de medicación dificulta atender a tantos bebés prematuros.
En cuanto le llegó la lista, Herrero se puso en contacto con la CUN y, con la intermediación de Pilar Lorenzo -directora de Responsabilidad Social Corporativa de la Clínica-, dos semanas más tarde dos incubadoras térmicas, dos bombas de infusión de jeringa, una torre de constantes y pequeños polos y mascarillas infantiles estaban preparadas para viajar a Ucrania. Los receptáculos, explica Herrero, habían quedado apartados con la llegada de otros más modernos al hospital navarro.
UN VIAJE VOLUNTARIO
El envío partió en miércoles y llegó al domingo siguiente a Mukachevo. Trabajadores de la CUN cargaron en el camión de Kalinin Konstiantyn la donación y le entregaron los documentos que acreditan el traspaso.
Los controles en la frontera, contó Konstiantyn, de 27 años, al pisar la capital navarra, pueden llegar a ser muy estrictos, incluso con los papeles en regla.; tardó cuatro días en recorrer los más de 2.600 kilómetros que le separaban del país a Navarra porque, por su edad, podrían llamarle a filas. Pero está acostumbrado a los trayectos largos, hasta finales de febrero se ganaba la vida como camionero. Desde entonces, transporta ayuda humanitaria.
“En tiempos de guerra hago el trabajo que puedo”, se encogió de hombros el joven, natural de Kowel, mientras esperaba que los técnicos asegurasen las incubadoras en su vehículo. “Tengo mucha familia en Rusia, pero no hablo con ella”, terció. Konstiantyn explicó que apoyan a Putin, que al principio les mandaba imágenes de lo que estaba ocurriendo en Ucrania, pero “no lo quieren ver”.
FALTA DE MEDICACIÓN
Como el joven camionero y como Karina Turianchyk, hay cientos de voluntarios que gestionan las ayudas internacionales. El coste del transporte, relata la ucraniana, se cubre en parte por el hospital y las autoridades locales, y por el conductor.
Tanto las familias como los profesionales sanitarios se encuentran “muy agradecidos” con las muestras de solidaridad, asegura la anestesista infantil Erika L. Desde el inicio de la invasión la media de partos ha aumentado entre 10 y 15 más a la semana, hasta alcanzar los 55. “Estamos cansados, pero encantados de ayudar a los niños”, señala en inglés la doctora de este hospital de Mukachevo, ciudad a unos 40 kilómetros de la frontera con Hungría y unos 45 de Eslovaquia.
Los prematuros sufren con frecuencia el síndrome de dificultad respiratoria neonatal. Precisan de un surfactante pulmonar para que los pulmones puedan llenarse de aire. Con la situación que atraviesa el país, faltan anestesias y medicamentos como este surfactante Lucinactant (con nombre comercial Surfaxin). Lala Herrero y la también profesora de la Escuela de Arquitectura Cristina Sanz Larrea están intentando conseguirlos. Los interesados en ayudar a su compra pueden transferir la cantidad deseada a la cuenta de la Asociación Segunda Familia (ES92 2100 5247 3322 0006 2002), con concepto ‘Unav’.