Fotos del accidente ferroviario del Uharte Arakil.
AmpliarAmpliar
Fotos del accidente ferroviario del Uharte Arakil.

CerrarCerrar

Así revivieron los testigos el accidente de Uharte Arakil 15 años después

Recuperamos el reportaje publicado en Diario de Navarra con motivo del 15 anoversario del accidente

Iván Benítez

Actualizado el 31/03/2022 a las 07:08

Lunes, 31 de marzo de 1997. Operación retorno de Semana Santa. Faltan veinte minutos para las ocho de la tarde. Concha Zarranz y su marido, Juan Zubieta, regresan en coche a su casa, en Uharte Arakil, después de disfrutar de unas pequeñas vacaciones en Salou.

Llegan cargados de regalos para sus dos nietos. Javier y Gabriela, de 5 y 3 años, les esperan nerviosos en el rellano. Zubieta ansia abrazar a sus nietos y comprobar el estado del muro que levantó junto al jardín y la vía del tren antes del viaje a Salou. Y así es. Al llegar a casa, inspecciona el estado del tabique acompañado por el juego de sus dos nietos.

Apenas faltan unos minutos para que el Intercity procedente de Barcelona, el 'Miguel de Unamuno', haga su aparición. El sol comienza a declinar sobre la sierra de Urbasa. Concha llama a cenar a su marido y nietos desde la ventana. Javier y Gabriela, obedientes, corren al interior de la casona. Saben que después recibirán los regalos. El mayor de los hermanos sube las escaleras y se queda en la cocina. Quiere ver antes el paso del tren. Lo espera apoyado en el marco de la ventana de la cocina, a unos cinco metros de la vía.

Este convoy, con el número 11.533, que conecta diariamente Barcelona con Hendaya y circula a una velocidad de 137 km/h -en su interior viajan 248 personas a bordo (243 pasajeros y 5 trabajadores)-, se cruza a diario con el tren regional Vitoria-Pamplona-Castejón a la altura de Etxarri Aranatz. Por este motivo, para evitar la colisión -sólo existe una vía en este punto- se obliga a uno de las dos unidades a detenerse en una vía secundaria y dejar libre la principal. El retraso de 12 minutos acumulado por el de Barcelona-Hendaya, obliga al control de Renfe, situado en Miranda de Ebro, a decidir que el cruce se ejecute en Uharte Arakil. Una estación donde el 'Miguel de Unamuno' no suele parar.

El maquinista prosigue la marcha. Muchos de los pasajeros se han apeado ya en Tudela, Castejón, Tafalla y Pamplona. En esta parada han comprado el billete doce personas. Una de las últimas pasajeras en subir es Eultza Arrizabalaga, de 19 años. Arrizabalaga ha disfrutado del fin de semana en Castejón con seis amigos. Los siete viajan en el segundo vagón. En lugar de quedarse en su asiento, se sientan en el suelo.

Mientras, la vida fluye con total normalidad en Uharte Arakil. Consuelo Uharte Forteis, una de las vecinas que reside justo delante del puente de entrada, acude, como todos los días, a misa de ocho (se ha adelantado una hora el reloj por el cambio de horario). Al salir de casa, el traqueteo del 'Miguel de Unamuno' sobre el puente le roba la atención. Se gira. Le sorprende el exceso de velocidad que lleva. "Va como una bala", piensa. El maquinista, de 49 años, y su ayudante, de 32, no se han percatado de las indicaciones de las señales que les obligan a reducir la velocidad a 30 km/hora ante un inminente cambio de agujas y desvío de vía. Mantienen la misma velocidad de 137 km/hora.

La unidad, con cuatro vagones y una locomotora 252 de Siemens y tracción eléctrica (una de las más modernas), se encuentra a a escasos metros de la ventana de Javier, a la altura de un bar de carretera, donde varios camioneros juegan al mus.

Dentro de este establecimiento, Rafa García da por concluida la partida de cartas y se levanta de la mesa. Debe partir a Francia inmediatamente para descargar una mercancía de frigoríficos. Le queda un largo viaje por delante. El trailer lo ha dejado aparcado en la explanada próxima a las vías, al otro lado del muro de la casa de los abuelos de Javier y Gabriela. García se dispone a salir del bar, pero alguien le interrumpe el paso y le invita a un café. Es Ignacio Razquin Arratibel, otro camionero de la misma empresa. Razquín, sin saberlo, le acaba de salvar la vida. En el tabique contiguo al bar, en el piso superior de la ferretería Beriain, Ana María Echarri Gorriti descansa tirada en el sofá de casa con la televisión encendida. Es su día festivo.

Javier sonríe al descubrir la locomotora enfilando a toda velocidad hacia su particular atalaya. Ensimismado, lo sigue. El primer vagón rebasa a Javier y sacude con la aceleración. Le encanta esta sensación en el rostro. Acto seguido, cambia de ventana.Abre la del comedor. Intenta verlo perderse por el horizonte.

En el segundo vagón del 'Miguel de Unamuno', Arrizabalaga y sus amigos se levantan instintivamente del suelo. Regresan a sus asientos. Un gesto premonitorio. De repente, notan un extraño movimiento.

En el exterior, desde lo alto de la ventana del comedor, la mirada del pequeño se sumerge en el interior de un contraluz confuso.No distingue nada. Algo ocurre. El tren ha desaparecido. Se supone que debería estar ahí mismo. Sus ojos se nublan sin comprender. El traqueteo ha desaparecido. Una nube de polvo y silencio lo envuelve todo. ¿Dónde está el tren?, pregunta Javier. El silencio da paso a una cortina de gritos y gemidos. Son las 19.43 horas...Tres de los vagones del 'Miguel de Unamuno' han descarrilado sobre el mismo muro donde jugaban Javier y su hermana unos minutos antes. Dos de los coches, el segundo y el tercero, han volcado.El cuarto, se cruza transversalmente y se desploma por un terraplén, aplastando la cabina del camión de Rafael García.

Pili Sesma, madre de Javier, se asoma a la ventana. No se lo puede creer. Telefonea a SOS Navarra. "¡Ha descarrilado un tren en Uharte Arakil", informa. Pone especial énfasis en el nombre: "¡Uharte Arakil, no en Huarte de Pamplona!", subraya. Antonio Zubieta, su marido , se encuentra ya en las vías socorriendo a los pasajeros. A partir de este instante, una ola de acontecimientos se precipitan como un tsunami.

Es curioso, aunque los vecinos no han escuchado nada en el centro del pueblo, el estruendo del descarrilamiento sí que se oye desde lo alto de Aralar. Arriba, en el santuario, Modesto Romero, un voluntario de mantenimiento, lo relaciona con una colisión entre camiones en la autovía.

15º Aniversario del accidente ferroviario en Uharte Arakil II
AmpliarAmpliar
Ver vídeo
15 años después,Javier Zubieta, de 20 años, rememora el accidente ferroviario desde su casaarchivo
15º Aniversario del accidente ferroviario en Uharte Arakil II

CerrarCerrar

En la iglesia, Peio Obregozo, párroco del pueblo, se dispone a preparar la misa de las ocho sin conocer aún lo ocurrido. Un inhabitual trasiego de gente al comenzar la eucaristía, sin embargo, le alerta de que algo extraño ocurre fuera. Al terminar la misa, a las ocho y media, Obregozo recibe la noticia. Y con estupor acude de inmediato al lugar.

La noticia no tarda en cambiar de acera y entrar en el bar de Jose Antonio Zubieta Betelu. Las conversaciones de barra quedan quebradas de inmediato. Aquí, entre otros, se encuentra Mariano Andueza Beramendía, secretario del Ayuntamiento. Andueza acaba de regresar de vacaciones. No se lo puede creer. Hace unos minutos que ha pasado por delante con el coche. A su lado, Eduardo Ochagavía Bakaikua y a Amaya Ruiz, su mujer, toman un café. Todos salen del bar y se vuelcan en el auxilio. Todavía no han llegado los servicios de emergencias.

Lucio Uharte Irañeta ha finalizado su jornada laboral. Sale de trabajar de una de empresas enclavadas al margen de la carretera general (La Fundición), frente a la estación, cuando recibe una lluvia de piedras, tuercas, muelles se le viene encima. Asustado, corre hasta su casa y se encierra.

Ana María Echarri sigue tirada en el sofá sin percatarse de lo que ocurre al otro lado del cristal. Permanece con la televisión encendida. Su suegra es quien le alerta. Al asomarse, no da crédito.Las historias se amontonan... Ramón Carbajo, antiguo jefe de estación -lleva un mes jubilado-, se presenta inmediatamente en el apeadero del escenario. Lo primero que hace es comprobar el cambio de agujas. No lo comprende, ha sido activado a tiempo y correctamente.

El descarrilamiento no tarda en asomarse a la redacción de este periódico. Una reportera de la sección de sucesos efectúa una de las rutinarias llamadas a la Guardia Civil. Pregunta por la situación del tráfico en la Comunidad -es media tarde y regreso de Semana Santa-. Uno de los agentes, al otro lado del teléfono, le informa de la tragedia. "¿Operación regreso? Acaban de ir a Uharte Arakil seis ambulancias y no sabemos cuántas más tendrán que ir. Ha descarrilado un tren".

El director general de Interior, Alfredo González, telefonea al delegado del Gobierno, Francisco Javier Ansuátegui, y coordinan todos los protocolos de emergencia. Movilizan a todos los agentes disponibles, junto a los servicios médicos de la Barranca, el helicóptero del Gobierno de Navarra, bomberos, Cruz Roja, Dya. Los hospitales se prepararan para recibir a los heridos.

Dos redactores y un fotógrafo salen disparados hacia Uharte Arakil. El vehículo de los reporteros adelanta a los primeros camiones de bomberos y ambulancias. Al llegar, aparcan frente al mismo bar donde los camioneros jugaban al mus. Se golpean de lleno con la realidad. El joven fotógrafo comienza a tomar imágenes.

Los conductores detienen sus vehículos en el arcén y se arrojan al interior de los hierros retorcidos en busca de personas atrapadas. En uno de los carriles de la autopista (el de dirección a Vitoria), ha aterrizado el helicóptero del Gobierno de Navarra.Javier Arilla sobrevolaba la zona minutos antes en un vuelo rutinario. Es el primero en confirmar oficialmente la dimensión de la tragedia. Arilla, un hombre con experiencia,se muestra preocupado. No hay demasiada luz y un cable atraviesa el pueblo.Al final, consigue realizar dos vuelos y evacuar a cuatro heridos graves.

Ignacio Artázcoz Senosiáin, albañil de profesión, regresa de Arbizu de planificar un trabajo para el día siguiente, cuando se topa de lleno con la tragedia. No lo duda. Frena en el arcén y se vuelca en socorrer a los heridos. El fotógrafo le congela tirando de una camilla, en la misma explanada de tierra donde el cuarto vagón ha aplastado la cabina del camión de García .Es la primera imagen de todo el 'carrete'. El fotógrafo intenta mantener la calma ante el caos. Frente a su cámara, en mitad de la vía, se presenta el peor de los presagios: una fila de cuerpos cubiertos con mantas esperando a ser trasladados al frontón.

La carretera paralela a la vía de tren, la antigua N-240-A, se transforma en un ir y venir de gente con mantas y ambulancias. El taller de tornillería situado al otro lado ha abierto sus puertas y se ha convertido en una improvisada sala de espera para atender a los heridos. Entre el llanto y el desconcierto, una mujer pasea con un termo con tila. Es Pili Sesma. El lugar del accidente se llena de voluntarios que trabajan a destajo y a contra reloj. La noche se echa encima. Una treintena de jóvenes del pueblo forman una cadena hasta el taller para depositar los enseres de los pasajeros.

Dentro, Peio Obregozo -además de sacerdote es médico oftalmólogoaprovecha sus conocimientos médicos y establece prioridades entre los heridos hasta que aparecen las ambulancias. Arrizabalaga y sus amigos han sobrevivido. "Lo primero que hemos notado es un par de sacudidas. Me agarré a lo que pude y aguanté, pero a la tercera sacudida salí disparada", expresa. "El vagón ha dado varias vueltas de campana", indica, agradeciendo a los vecinos de Uharte Arakil su ayuda.

Mariano Andueza -secretario del Ayuntamiento- pide a los agentes de la Guardia Civil que los particulares puedan trasladar a los heridos más leves en sus vehículos a los hospitales. Los agentes acceden. La Policía Municipal habilita a la entrada de Pamplona varios carriles para facilitar el acceso y asegurar así un canal directo a los centros médicos. La coordinación es perfecta. Una enfermera de Alsasua, no puede reprimir las lágrimas.Se siente desbordada. Atiende a todas las personas que puede. Incluso reconoce a algunos conocidos entre los fallecidos. Decide conducir en su propio coche a una de las heridas grave hasta Virgen del Camino. No hay tiempo que perder -dice-. Llegan más ambulancias.

En el revuelo, los heridos no saben la causa del accidente. Algunos creen que se les ha cruzado un camión; otros, que el Intercity iba demasiado rápido. Ignacio Razquin, el "ángel de la guarda" de Rafa García, conduce un camión a Cizur en busca de ataúdes. En la cabina le acompañan un par de guardia civiles. Son las diez de la noche. Un segundo equipo de reporteros que relevarán a los otros tres se preparan para salir hacia el accidente.

"ME AGARROTÉ"

El próximo sábado se cumplen 15 años de este accidente ferroviario.Uno de los más trágicos de los últimos veinte años en España con 18 personas muertas y alrededor de cien heridas. Un suceso que puso a prueba el sistema de emergencia y de atención sanitaria de la Comunidad foral y dejó de manifiesto la solidaridad de todo los vecinos de este pueblo y del resto de la Barranca.

Según el informe de Renfe, el accidente ocurrió por un fallo del maquinista al interpretar mal una señal de circulación en la vía por el deslumbramiento del sol. "El maquinista vio la señal, pero interpretó mal el significado de la señal avanzada que le informaba que tenía que disminuir la velocidad a 30 kilómetros por hora antes de entrar en la estación", apuntaba el informe. "Creí que nos matábamos", relató ante la juez el maquinista, con 17 años de experiencia. "No recuerdo nada, sólo que me agarroté", explicó, asegurando que la compañía nunca les había preparado para estas situaciones de emergencia. Su ayudante, con doce años de experiencia como auxiliar, recordó que ambos habían iniciado su conducción en la estación de Castejón (Navarra) y que al ver la señal de avanzada en vía libre, y segundos después verse obligados a parar bruscamente, sufrió un bloqueo.

Fuentes de investigación explicaron que esta señal de reducción de velocidad tiene los colores verde y amarillo y con el deslumbramiento el maquinista sólo vio el verde e interpretó que podía continuar a 137 kilómetros por hora. El maquinista no pudo ayudarse del sistema ASFA (Anuncio Señales y Frenado Automático) porque no existía en esa línea. Con este sistema, con sólo apretar un botón, el tren se habría parado automáticamente.

El 30 de mayo de 2000, el Juzgado de lo Penal número 1 de Pamplona consideraba probado que el maquinista fue el responsable del descarrilamiento. La sentencia le condenaba a dos años y seis meses de prisión por 18 delitos de homicidio por imprudencia grave y otros 80 de lesiones. Su ayudante también fue condenado a dos meses de multa a razón de 2.000 pesetas diarias por 18 faltas de homicidio por imprudencia leve y 84 faltas de lesiones.

Actualmente, cuando se pasea entre la calma de esta localidad de la Barranca, ubicada a 32 kilómetros de Pamplona, puede comprobarse que en Uharte Arakil todo ha cambiado menos los recuerdos. El descarrilamiento forma parte del pasado, pero aún también del presente.

Javier y Gabriela ya no son uno niños. Él está a punto de cumplir 21 años y trabaja de voluntario en el mantenimiento de San Miguel de Aralar. Gabriela, con 18 años, se esfuerza en sacar el carné de conducir y sueña con estudiar Integración Social. Los dos tienen una hermana de 12 años, Laura, que conoce bien la historia del descarrilamiento por sus padres. Pili y Antonio se han encargado de contárselo apoyándose en los recortes de los periódicos que guardan escrupulosamente entre cartulinas. Un portafolios donde protegen también un trozo de plástico blanco con dos letras negras: 'GU'. Dos caracteres que un día formaron parte del rótulo 'Miguel de Unamuno'. Una porción de plástico que encontraron en el jardín. Entre los escritos y las fotos destacan unos dibujos hechos por el primogénito tres días después de la tragedia.

EL TREN, "EN LA CABEZA"

¿Cómo reaccionó Javier tres días después al ir a la escuela? Isabel Beitia, en la actualidad, directora del Colegio Público San Miguel, le recuerda golpeándose sin parar la cabeza y exclamando: "¡No puedo quitarme el tren de la cabeza!". A Isabel le impactó la actitud de preocupación de los niños por sus padres; el miedo que les producía acostarse bajo unas mantas que relacionaban con las mortajas que envolvían los cuerpos de los fallecidos en el frontón. "Al frontón les daba pánico entrar", indica la directora.

Juana, profesora de Javier durante ese curso, cuenta que era un niño nervioso y que los días posteriores al accidente se dedicaba a jugar a descarrilar el tren. No hablaba. No conseguía expresar lo que sentía. Le costaba". Javier sólo se expresaba pintando. "Esos días sólo pintaba escenas del accidente junto a su casa".

Por la antigua N-240- A ya no circulan coches como antaño, y la mayoría de las naves industriales han cerrado. Las cunetas se han convertido en un reguero de paseantes jubilados o en paro.La empresa Fundición ha sido la última en cerrar en febrero.Al menos diez personas se quedaron sin trabajo. Entre los despedidos, entre los que pasean cada tarde por el arcén de esta carretera, se encuentra Eduardo Ochagavía Bakaikua, de 58 años (uno de aquellos voluntarios) y su mujer Amaya Ruiz, una de las muchas mujeres del pueblo que se encargó de tranquilizar a familiares y víctimas."¿Qué puedo hacer ahora?", se pregunta delante de la misma puerta de metal donde trabajó hasta el 12 de febrero, "ahora me dedico a echar el curriculum por las empresas.

Unos metros por delante de Ochagavía y su mujer, por mitad de la carretera, circula en bicicleta María Inmaculada Arraiza, de 72 años. Natural de Uharte Arakil, vivía en Bruselas con su marido y sus hijos cuando ocurrió el accidente. "Lo vi por televisión.Fue horrible", recuerda. Arraiza emigró en busca de trabajo con su marido y allí se quedó... "¡43 años!", confiesa orgullosa.Regresó hace diez. Este año, como en todos los aniversarios desde que volvió, acompañará a los vecinos del pueblo, a los amigos y a los familiares de las víctimas del 'Miguel de Unamuno' hasta el monolito de piedra que recuerda a los fallecidos.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora