Rumbo a Ucrania con el corazón de Navarra
Seis camiones parten de Imarcoain con 250 toneladas de ayuda humanitaria recogida en 100 puntos de Navarra. La imagen de San Fermín protege la ruta solidaria


Actualizado el 28/03/2022 a las 22:23
Una combinación de orgullo y agradecimiento adornó el discurso de Daryna Kusarim, de la asociación de Alas de Ucrania. Sus palabras se elevaron sobre una nave de la empresa Lodisna, en Ciudad del Transporte, desde la que ayer partieron tres de los seis camiones del primer envío de ayuda humanitaria fletado por el clúster SOS Ucrania. La explicación a sus emociones desbordadas se resumió en una metáfora: “Todas estas cajas son corazones”.
El latido de la solidaridad insufló de aliento a una treintena de entidades, entre las que se encuentra el Ayuntamiento de Pamplona, Guardia Civil, Policía Nacional, DYA y el colegio de Enfermería, para reunir en un mes el resultado de la donación en cien puntos de la geografía navarra. La ola de la solidaridad, reforzada con la energía del voluntariado, contuvo el drama de la guerra.
Este lunes por la mañana, dos de los seis camiones se unieron a la ruta solidaria trazada Navarra hasta Ucrania. Desde que partiese el primero de ellos el viernes pasado, un hilo imaginario une ambos puntos, separados por 2.500 kilómetros.
La distancia era la que este lunes prevía recorrer al volante de uno de los camiones la portuguesa María Gomes, con 37 años de sus 58 de edad encaramada en la cabina de un trailer. Sin síntomas de nerviosismo, como señaló, su respuesta fue afirmativa desde que escuchó la propuesta de participar en el convoy de parte de boca de su responsable, de la empresa de Transportes Biurrun. En la iniciativa, halló el respaldo de la empresa Mendeartea. El ejemplo de la conductora fue seguido por los hermanos rumanos Cosmín y Cristian Dan, dispuestos a alternarse en las dos jornadas de viaje a través de Francia y Alemania en la conducción del segundo de los transportes. Antes de arrancar el motor, uno de ellos exhibió una imagen de San Fermín que, con unos pañuelos rojos, proporcionarán protección como el capote al que este lunes, Roberto Rubio, jefe de operaciones internacionales de Salvamento, Ayuda y Rescate (SAR-Navarra), invocó con el mismo ánimo con que un corredor del encierro se acoge a su cuidado ante el acecho del peligro. La réplica del santo fue bendecida por la manaña con el contacto con la imagen de referencia de la parroquia de San Lorenzo, según observó su titular, Javier Leoz, quien excusó la asistencia del Arzobispo, Francisco Pérez, y habló de una “pequeña aportación”, gestionada vía Asvona para el clúster SOS Ucrania.
La carga, repartida en 32 palés por camión, eleva a 250 toneladas la ayuda humanitaria brindada desde Navarra. Su suma alcanza un valor de 400.000 euros, entre alimentos, medicamentos, material sanitario, productos de higiene personal y ropa términa. Hasta Ucrania llegarán 97 palés de medicamentos y material sanitario y 188 de alimentos.
Entre los primeros se encuentran los 73 recopilados por Farmacéuticos Sin Fronteras a partir de la colaboración de laboratorios de distintos puntos del país, como señaló su vocal y vicesecretaria, Ana María Aliaga Pérez.
Una porción de la alimentación acabará en las cocinas que la ONG World Central Kitchen (WCK), del chef José Andrés, tiene repartidas en Polonia. De hecho, unas de sus naves se localizan en las proximidades de Cracovia, destino del convoy solidario. Recalarán en unos pabellones de la empresa navarra Mecacontrol para desde aquí, vía plataforma de lanzaderas, suministrar a Medyka, en la frontera con Ucrania. Los puntos de llegada están marcados desde las gestiones emprendidas la semana pasada por Roberto Rubio y Juan Antonio Castro Moraza, de SAR, así como por Loli Shyshkovska, de la asociación Alas de Ucrania, en una avanzadilla para asegurarse la entrega de la donación.
Una vez en la frontera entre Polonia y Ucrania, la responsabilidad en la gestión recaerá en una fundación polaca de atención a personas refugiadas y al mando médico militar ucraniano, con sede en Leópolis, del que dependen hospitales de la región oeste del país invadido. Hasta Leópolis precisamente llegó la primera delegación navarra, que concluyó con la necesidad de reunir material que ayude a extraer “esquirlas y hacer torniquetes. Se necesita material de primera intervención y también comida”, aprecia Juan Antonio Castro Moraza.
Antes de pisar suelo ucraniano, en la frontera “vimos muchas madres con sus hijos guardando cola y pocos hombres”. Acusó la ausencia de una logística más sólida. “Hay buena voluntad de muchos voluntarios pero no vimos una organización grande”, recordó ayer.
“CLÚSTER POR UNA CAUSA”
El acto de despedida de dos de los tres últimos tráilers de la campaña solidaria acercó hasta la Ciudad del Transporte a diferentes autoridades, entre mandos de la Guardia Civil y Policía Nacional, miembros de la DYA o Asvona, el líder de la oposición parlamentaria, Javier Esparza, y el alcalde de Pamplona, Enrique Maya.
El primer edil dijo sentirse “orgulloso de la ciudad de Pamplona y de todas las personas” que han participado en el proyecto. Destacó “la colaboración entre instituciones” como “clave” de la ayuda prestada. “Como ayuntamiento estamos trabajando para que cuando lleguen personas de Ucrania tengan un lugar donde poder vivir”, avanzó.
Concluyó su intervención con una aclaración sobre el significado del término clúster: “Significa estar unidos por una causa y ésta es una buena causa”.
La labor coordinada continúa, como destacó Daryna Kusarim. “La recogida se centra ahora principalmente en fondos económicos con el fin de poder adquirir productos y materiales en Polonia y evitar el coste del transporte”, puntualiza el clúster creado. Ucrania siente cerca el corazón solidario de Navarra.