El Rincón

Bajar la calefacción por Ucrania

El gas ruso continúa cruzando Ucrania en plena guerra. En la superficie, la aniquilación. Bajo tierra, el gas que sigue fluyendo

Refugiados ucranianos salen de la estación de Livn hacia Polonia
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Refugiados ucranianos salen de la estación de Livn hacia Polonia
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Miguel Ángel Riezu

Publicado el 13/03/2022 a las 06:00

La veleta de la historia gira con la misma velocidad y fuerza descontrolada que el cierzo en el valle del Ebro. La invasión rusa de Ucrania lo ha vuelto a demostrar una vez más. Una guerra atroz que hubiéramos jurado que no íbamos a volver a ver en Europa y que ahora contemplamos en toda su indignidad. Una guerra que despierta oleadas de solidaridad para con los ucranianos desposeídos de sus casas y de su paz y que además llama a la puerta de todos y cada uno de los europeos en forma de una gran crisis energética ya desatada.

Porque las guerras si algo dejan al descubierto son nuestras debilidades. En el caso de Europa, entre otras, la enorme dependencia de la energía que llega de Rusia. Un país convertido ahora, y puede que para muchos años, en un enorme antagonista estratégico en la nueva guerra fría que ha estallado.

El gas que cruza Ucrania. Josep Borrell, Alto Representante de la UE para la Política Exterior, es una voz respetada. Y hoy es el español con mayor peso en las instituciones de la UE además. Un veterano socialista a la vieja usanza que habla claro, que se enfrentó de plano al independentismo catalán en su día, y que hoy construye también un discurso europeísta contra Putin. Esta semana, ante el Parlamento Europeo, apeló a algo muy cercano y práctico. ”Corten el gas de sus casas, disminuyan la dependencia de quien ataca a Ucrania”. Ponía en dedo en la llaga en lo que la invasión rusa hace emerger como un talón de Aquiles de la Unión Europea.

Y es que hoy, más de dos semanas después de iniciada la invasión, hay algo que la guerra no ha detenido. El gas ruso sigue cruzando Ucrania camino de Alemania y la Europa central para abastecer sus necesidades. En la superficie, la aniquilación. Bajo tierra, el gas que sigue fluyendo. Y Rusia, claro, que sigue cobrándolo. Aunque suene inhóspito y cruel. El 40% del consumo europeo de gas viene de Rusia. Otro dato. La UE le compró el año pasado a Rusia petróleo y gas por 100.000 millones de euros. Y, sobre todo, no hay alternativas a corto plazo para cambiar esta realidad.

Giros inesperados. Eso es lo que origina las contradicciones de esta guerra. Mientras EEUU bloquea la compra de petróleo ruso, la UE enmudece. Europa no tiene otra opción de suministro hoy y se ve obligada a hacer contorsionismos. Con embravecidos discursos de aislamiento de Rusia que abarcan todos los campos (finanzas, deportes, empresas, etc..) menos la energía.

Otro ejemplo. Esta semana, en medio de todas las soflamas, un metanero lleno de gas ruso descargaba en Bilbao. Y todos tan amigos. Por cierto, a la vez, EEUU deshiela sus contactos con su archienemigo Nicolás Maduro en Venezuela para buscar fuentes de suministros alternativos al petróleo ruso. Son los giros inesperados, a veces incluso inexplicables, que originan las guerras. Siempre ha sido así.

La UE busca ahora reducir por la vía rápida su dependencia de Rusia. E incluirá, seguro, reforzar los gasoductos que permiten llevan el gas de España al centro de Europa, incluido el de Larrau (Ochagavía), que ya funciona pero que es muy pequeño para lo que se requiere.

¿Y Navarra?. Nuestra comunidad vive inmersa en la misma realidad. Eso sí, el gas llega a España de EEUU, Argelia o Nigeria y solo residualmente de Rusia. Lo que si nos llega es el alza desmedida de precios, de los combustibles y de materias primas que escasean. Unos nubarrones que anticipan una tormenta cuyas consecuencias negativas no somos capaces de ver en toda su dimensión. Navarra, además, tiene una alta dependencia del gas. Una fuente de energía que prácticamente no se usaba hace 25 años y que hoy está en todos los hogares. La Comunidad foral gasta unos 1.500 millones anuales en adquirir la energía que consume. Y de esa factura, el gas supone entre 200 o 250 millones de euros según los años.

Así que ser más autosuficientes va a ser un objetivo estratégico más importante que nunca. Las renovables van a verse impulsadas todavía mucho más. Del autoconsumo (cuya demanda está disparada, según señalan los profesionales) a las grandes instalaciones, donde las peticiones también están desatadas y el Gobierno foral intenta poner un poco de orden. Las grandes empresas aceleran en este campo, como VW Navarra que anuncia placas fotovoltaicas en sus tejados. Incluso renovar la fachada de los edificios para consumir menos energía va a ser casi cuestión de Estado. Volvemos a centrarnos en lo esencial de verdad. La energía, por ejemplo.

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