La otra mirada
Mikel Salas, compositor: “Cuando haces música para pelis, no es música, sino cine”
De su exuberante -en cacharrería- estudio a los pies de la peña de Unzué, han salido las composiciones que envuelven las películas de Félix Viscarret o de Paco Plaza. Salas es un músico consolidado que nació del heavy, con un corpus rico y amplio. Ahora de baja, tiene a la espera un trabajo con Netflix


Publicado el 21/02/2022 a las 06:00
¿Es bueno que se te quede en la cabeza una banda sonora rotunda de John Williams (ET, Superman, Indiana Jones) o Ennio Morricone (La Misión, El bueno, el feo y el mao, Elliot Ness...)?
Es bueno cuando es bueno.
¿Y ocurre que una banda sonora se coma la película?
La misión. Pero bueno, ahí está Robert de Niro. Cuando es tarareable, mola. Por ejemplo, Superman (1978), la de Christoper Reeve. Que por cierto y con perdón, es un truño de película.
Que no ha envejecido muy bien...
Sí. No ha pasado el test del tiempo ni de lejos. Pero es un temazo de John Williams. Y creo que se ha quedado tanto porque es muy parecido a Indiana Jones y Star Wars. A mí me cuesta un poco separar las tres. Pero bueno, a la gente le molestaría que un tema de ACDC se pareciese a Britney Spears. Las pelis en las que no eres capaz de reconocer la banda sonora y el instrumento, a mí me ponen muchísimo.
¿Por ejemplo?
Pues la peli que más veces he visto y muchas de ellas para oír la banda sonora es Traffic, de Soderbergh. Me encanta. Nadie la recuerda, pero a mí me flipa. Todo.
¿Cómo es el proceso de composición de una banda sonora? ¿Trabaja sobre el guión, sobre las imágenes, sobre una idea preliminar...?
Depende. Hay veces que me han llamado de un proyecto que estaba tan en marcha que ya llegas con prisa. El montaje ya está hecho y te dicen: “Aquí está la peli. Arrea”. Y si hay ‘lujito’, intento trabajar antes sobre el guión, e incluso sin ver imágenes aunque las tengan.
Que se monta la película en la cabeza.
Sí. Me hago mi composición de lugar, mi película mental, y trato de fluir, de sacar músicas que para mí tengan que ver con ello, pero no atadas a la imagen ni a los ritmos. Si llegas a tiempo mientras están montando, está muy bien porque se crea una simbiosis.
¿Y le ha ocurrido trabajar solo sobre el guión y que se lo echen para atrás?
Eso es parte de este deporte. O sea, yo me hago mi película, envío cosas y nunca me paro a pensar en “esta no”. Yo solo pienso en “esta sí”. Cuando haces música para pelis, no haces música, haces pelis. Y en realidad, la película la hace otro. Tú eres el brazo armado musical.
¿Y qué se siente cuando una orquesta sinfónica interpreta una pieza suya?
Está muy bien, pero yo siento más el peso de le responsabilidad y de la prisa.
Vamos, que no lo disfruta mucho.
No. Eres el ‘quitagustos’ porque estás a los errores. Tienes prisa, todo cuesta mucho dinero... La primera que hice con orquesta fue Romasanta en Londres, en un estudio fabuloso. Te pesa mucho la responsabilidad. Recuerdo que tuve una sinusitis y en el avión ya no oía nada. Pero sí que he disfrutado en partes de grabaciones. En Sofía (Bulgaria) había un solo de violín complicado. El solista se levantó y en dos tomas estaba hecho. Me acerqué y le hice una reverencia. No hablo búlgaro.
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Romasanta (2004), protagonizada por Elsa Pataki. ¿La llegó a conocer?
Sí. Muy poco. En los estrenos. Por lo que sé por Paco (Plaza) es muy maja y trabajadora.
¿Cuál es la celebrity que más le ha impresionado?
Cuando vas a un estreno, llevas cuatro meses viéndole en tu pantalla. Vamos que lo has visto más que a tu familia. Sí que me impactó mucho Luis Tosar, un tipo muy entrañable. Y Enrique Morente. Lo considero un highlight en mi vida. Es un titán.
¿Qué le gusta más, la música o el cine?
Tengo más historia con la música. Y desde que hago música para cine, tengo mucho menos tiempo para escuchar música. Estoy aquí encerrado escuchando mi propia música. Ahora me he impuesto ponerme un disco mientras cocino. Porque cocino yo.
Y usted es de tradición metalera.
Yo era heavy, de los Maiden. Pero no llegué a Metallica. Cuando salieron yo ya estaba en el progresivo. Después me fui hacia el jazz nórdico, el real world de Peter Gabriel... En los 90, aparecieron Nirvana y Nine Inch Nails y fue guay. Es que el pop-rock de los 80 dejaba bastante que desear.
Hombre, el postpunk y el garage revivalista fueron magníficos.
Yo es que todo eso me lo salté. Pero sí que llevo escuchando desde hace algunos años a Joy Division y sí que pienso que fui tonto. Así que estoy recuperando el pop oscuro de los 80. Yo es que era heavy y los heavies no escuchábamos pop.
¿Han aportado algo las nuevas plataformas digitales al mundo de las bandas sonoras?
Sí. Unos contratos draconianos (risas)...
¿Creativamente?
Netflix sí que aporta porque empuja. Tiene una identidad musical. Y tiene el algoritmo que les dice lo que le gusta a la gente. Están súper atentos a lo que está pasando.
¿No le ha caído nada de ellos?
Tengo una producción esperando a que termine mi baja. Es una cosa gigantesca. Lo que triunfa en Netflix, en cuanto a banda sonora, es algo muy bien hecho, grande y que huele a industria y a dinero.
CUESTIONARIO PROUST
Una banda sonora
Traffic (2000), de Steven Soderbergh
Una película
El padrino 2 (1974), de Francis Ford Coppola
Un instrumento
Dos: la guitarra y la tabla india
Un libro
Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar
Un lugar
La Valdorba
Un momento de su vida
Cuando conocí a Gloria, mi pareja
Un/a heterodoxo/a
Dos: Eva Ciordia y Alfonso Basati
DNI
Mikel Salas Zamora (Pamplona, 1970) es licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra. Músico multiinstrumentista, ha compuesto la banda sonora de una treintena de películas, en las que se combina las obras sinfónicas con los sonidos más atmosféricos y orgánicos.