Sofía Arizcun Zúñiga, en su casa familiar de Obanos, a las 11 horas, mientras da un último repaso
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Sofía Arizcun Zúñiga, en su casa familiar de Obanos, a las 11 horas, mientras da un último repaso

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Sofía fue con la maleta a la OPE de Enfermería

Sofía Arizcun Zúñiga se presentaba este domingo a las oposiciones de enfermería. Este fue su día

Marialuz Vicondoa

Actualizado el 07/02/2022 a las 10:43

Tranquila durmió, tranquila se despertó, desayunó, repasó, comió (una comida ligera, pero no hidratos de carbono como aconsejan para un examen, sino unos sushis que tenía en casa) y tranquila preparó la maleta necesaria para poder irse a Madrid en cuanto terminara la oposición de este domingo. Tranquila estaba, decía Sofía Arizcun Zúñiga, pamplonesa, enfermera de 26 años (28-1-1996), segunda de dos hermanas. Pero la verdad es que a las 14:45 horas estaba ya en la puerta de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), donde se iban a celebrar los exámenes una hora y cuarto más tarde. Así que tranquila, tranquila... quizá no lo estaba tanto. Eso sí, hizo muy bien en acudir con tiempo porque los atascos que rodeaban la UPNA desde las tres de la tarde eran como para enervar al Santo Job, si este tuviera que enfrentarse a un examen que le pudiera cambiar la vida. Si no fuera porque no se divisaban banderas ni bufandas osasunistas, cualquiera hubiera pensado que este domingo había fútbol. Y si no fuera porque los coches mal aparcados no estaban.

Sofía Arizcun, soltera y sin hijos, había acudido este fin de semana desde Madrid a Pamplona para poder examinarse. En la capital trabaja como enfermera escolar y como coordinadora de covid en el colegio concertado Nuestra Señora de Loreto. Alumna del colegio Miravalles, estudió Enfermería en la Universidad de Navarra, carrera que terminó en 2018. Antes de finalizar, había pasado un semestre en Santiago de Chile, en la Universidad de los Andes, y, al terminar se marchó a Bristol, Inglaterra, a trabajar un año en el Hospital público Bristol Royal Infirmary. “No era un momento en el que sobrara el trabajo en España, solo había en verano, Semana Santa...”, recuerda. Después, volvió a las aulas a cursar un máster en la CUN sobre Gestión y Práctica Avanzada. Antes de terminar, llegó la covid y, con ella, el trabajo, primero en la CUN y después en Urgencias Rurales en el Valle de Valdizarbe y Ulzama, en el Servicio Navarro de Salud.

Sofía Arizcun no paró ahí. Se trasladó a Madrid a la CUN a trabajar en Patología Mamaria y, después, al Hospital de la Paz en Cardiología Infantil. Hasta enero, cuando se trasladó al colegio Nuestra Señora del Loreto.

Este domingo, mientras buscaba el aula donde tendría que examinarse, toda esta trayectoria había quedado aparcada. Era una de las más de 4.700 personas que se presentaba a un examen confiada en sacar plaza o, por lo menos, en conseguir puntos para tener opción a contratos de una duración que le permita establecerse en Pamplona. “Porque yo soy de aquí y me parece una ciudad estupenda para asentarme”, decía con el DNI en una mano y un boli azul en la otra. En el bolso, guardaba el otro, el de repuesto, por si acaso. Y el móvil, en modo avión. Esta es la primera vez que se presenta, porque a la última convocatoria no pudo al faltarle un mes para terminar los estudios. Y ahora acude con una preparación que ha podido arañar al tiempo que le ha dejado su trabajo.

Después de encontrar su aula, la A-09, se pone en la fila para esperar a entrar. El camino ha sido de encuentros y alegrías, de compañeras a las que no veía desde la carrera o por haber coincidido en sus diversos trabajos. La mayor parte de su promoción se presentaba este domingo. Pero eran tantos los que acudían a buscar asegurar su futuro... que no era fácil verse. Ahí encontró a la amiga de su cuadrilla Raquel Aramendía Erviti y a una compañera que iba con ella, Sandra Arizcun González.

-¿Cómo¿ ¿Te apellidas igual que yo? ,- preguntó asombrada Sofía Arizcun, con la sorpresa de haber encontrado un tesoro sin avisar en los momentos previos al examen.

No respondió a la pregunta, quizá ni la había escuchado, porque Sandra Arizcun sí que estaba nerviosa. “Angustiada por pasar por esto. Con ganas de vivir. Con un hormigueo por aquí...” Y se señalaba el estómago.

Van entrando los opositores a las diferentes aulas. Mientras Sofía espera en una de las filas se escucha enérgicamente por encima del ronroneo opositor: “¡Al water hay que ir antes!” Sin duda, alguien estaba más nerviosa que Sofía Arizcun.

En su aula, el examen ha empezado 35 minutos tarde. Pero ella termina después de hora y media. Lo hace contenta. Satisfecha. “He sabido hacer bastante”, dice. Se dirige al coche aparcado en la UPNA. Antes de iniciar su viaje por carretera, tiene que recoger a tres amigos con los que viajará a Madrid. Mañana toca trabajar.

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