Historia
La asombrosa historia de Sofía Echarri: con tan solo 15 años se convirtió en la primera conductora en Navarra
En 1925, un cuarto de siglo después de que España se convirtiese en el primer país en legislar sobre el permiso de conducir, Navarra ya contaba con una mujer al volante: Sofía Echarri Luna. Cinco años más tarde se le uniría la segunda, Dolores Baleztena Ascárate


Actualizado el 05/02/2022 a las 17:50
El 17 de septiembre 1900 la regente María Cristina aprobó el reglamento que obligaba a la obtención de un permiso para la conducción en España. 25 años después, la leonesa Catalina García González se convertía en la primera mujer española en obtener un carné de circulación. Con 20 años, la que fue además primera conductora de autobuses, conseguía esta licencia, en una época en la que era necesario contar con una autorización paternal o marital para examinarse.
Aunque pasa por ser la primera, ese mismo año una navarra apenas quinceañera lograba hacerse con una licencia para circular por la Comunidad foral. Por un precio de 17 pesetas, 15 por el carné y 2 por el papel de sellado, Sofía Echarri Luna, vecina de Ventas de San Miguel, junto a Olite, logró un permiso de la Diputación para conducir un coche y se estrenó con un Citroën propiedad de su hermano Adriano. “Tenía que hacer recados y necesitaba tener un permiso de algún tipo”, contaba a Diario de Navarra, ya con 85 años, en una entrevista publicada en 1995. “El señor de la Diputación me hizo un papel con la condición de que solo fuese con el coche hasta Olite. Yo no lo cumplí, claro, porque me iba con el Citroën a todas partes”, relataba entonces.
Se lo concedieron para poder transportar verduras y cereal desde Olite y Tafalla hasta su localidad, Ventas de San Miguel, donde vivía y trabajaba con su familia. Y lo hizo con las carreteras sin asfaltar, cuando la velocidad de conducción era de 40 kilómetros por hora y todavía se circulaba por la izquierda. Sí, por la izquierda. Una de las normas con las que nació el permiso de conducir en España y que perduró hasta 1926.
El porqué de esta norma se remonta a la época romana. Los habitantes de las 'civitates' circulaban y caminaba por la izquierda porque portaban su espada ceñida a ese lado del cuerpo para poder así desenvainarla con la mano derecha. En los carruajes de caballos sucedía lo mismo, los cocheros manejaban las riendas con la mano izquierda mientras agarraban con la derecha su arma. Cuando se empezó a circular con el automóvil se mantuvo esta costumbre.
Cinco años más tarde, en 1930, otra mujer navarra se unía al club de las mujeres conductoras. Fue Dolores Baleztena Ascárate, nacida en Leitza en 1885 y conocida por otras facetas de su vida, como militante carlista, fotógrafa aficionada o ‘chófer’ durante la Guerra Civil. Dirigió numerosas misiones de la Delegación Navarra de Frentes y Hospitales, la organización carlista que hacía llegar ropa, comida y paquetes a las tropas y brindaba asistencia humanitaria a la población civil. Todo ello desde su automóvil. Llegó a desplazarse con su vehículo a los frentes de la contienda, según asegura 'El Mundo' en un reportaje sobre ella publicado en 2019 bajo el título de ‘El ojo feminista de la carlista Lola’. Su sobrina era Silvita Baleztena, fallecida en 2019 a los 89 años, también referente del carlismo y que cobró fama en los últimos años por agitar la bandera española en su balcón del paseo Sarasate.
Tal y como recoge El Mundo, Dolores Belaztena dejó un texto inédito que legó a sus parientes, ‘Veinticinco años al volante. Memorias de una chófer’, en el que relata su decisión de iniciarse en las lecciones de conducción. "Los hermanos lo manejan [el automóvil], y yo, animada por las hermanas (creo que el feminismo siempre imperó en casa), hago la resolución de tomar contacto con el volante y hacerme chófer de verdad. (...) El día 10 de enero tomo la primera lección y pronto me convenzo de que en éste como en otros muchos casos de la vida, es más agradable conducir que ser conducido, ya que la propia voluntad impera y los cambios están en tus manos. (...)”.
Estas mujeres pioneras al volante pagaron el peaje de verse expuestas a burlas y comentarios despectivos, tal y como cuenta la propia Belaztena en sus memorias. “Un hombre que se mete en la acera o aparca mal, nadie se mete con él, ni se para a constatarlo ni a criticarlo, pero si lo hace una mujer, casi se interrumpe la circulación y en los ojos de los espectadores pueden leerse comentarios de burla, desprecio, conmiseración", relataba. Al parecer, Sofía Echarri también se vio expuesta a esos prejuicios. Según contaba a Diario de Navarra en una entrevista en 1995: “El conducir mejor o peor poco tiene que ser con el sexo y mucho con la persona. Si no, mírenme a mí, que nunca he tenido un percance”.