Homenaje
Celso Jiménez Tabuenca, enfermero jubilado: “A los niños tenías que darles cariñico”
Salud ha agradecido a 29 profesionales de enfermería jubilados su contribución a la vacunación frente al Covid-19


Publicado el 02/02/2022 a las 06:00
Celso Jiménez Tabuenca pertenece a la primera promoción de la Escuela de Enfermería de Navarra. A sus 63 años afirma que siempre quiso ser enfermero: “Tenía un conocido de mi padre ATS, practicante, que me pinchaba de crío en Mutua Navarra. Dije: yo quiero ser como Joaquín Oroz. Por eso luego trabajé siempre allí”. En la planta de traumatología, cuenta, a los chicos los trataban “como reyes”. Para Jiménez los primeros días en el proceso de vacunación fueron “un poco caóticos”, pero recuerda con ternura a los niños a los que inyectó el fármaco: “A los de 6 o 7 años tenías que darles mucho cariñico. En la fila, si lloraba uno, imagina la que se armaba”. Y lamentó que “un mocetón de 11” que acudió con su abuela y se marchó corriendo al verle sacar la jeringuilla se volviera a casa sin vacunar.
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“A los tres años pedí a los Reyes un botiquín. La gente se jubila y deja su profesión, pero las enfermeras lo llevamos en el ADN y somos siempre enfermeras”, asegura sonriente Nati Iribarren Ballent. Natural de Ochagavía y con 65 años, considera que fue “un regalo” participar en la vacunación: “Llevaba dos años esperando esa oportunidad. Y encantada, con pena de acabar”. Con la llegada de la covid, llamó a la Clínica Universidad de Navarra, en la que había trabajado en Pediatría, para ofrecerse su ayuda. En estos dos meses ha disfrutado del trato con los niños y las compañeras jovenes. Y volvería a dejar su jubilación en pausa: “En situaciones extraordinarias hay que hacer cosas extraordinarias. Tenemos muchísima experiencia, podemos aportar mucho”.
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La jubilación de Mª Carmen Napal Ros duró cerca de dos meses. Se quitó la bata que vestía en el centro de salud del Casco Viejo en septiembre de 2021 y el 1 de diciembre se la abotonó de nuevo. “En atención primaria acabé estresada. Me daba mucha pena no acudir al domicilio de los crónicos y los ancianos”, señala. Pero no dudó, añade, en volver a trabajar porque le “encanta” su profesión. La vacunación fue novedosa para Napal, que también había pasado por la UCI y “la planta del cáncer” en el antiguo Virgen del Camino. “Hemos estado muy a gusto, al principio agobiados, y ya los últimos días en Seminario muy bien. Una experiencia muy nueva con los niños, porque no tengo nietos”, resumió la enfermera, nacida en Olazagutía hace 64 años.