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Diciembre

Inundaciones para reflexionar

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RIADAS HISTÓRICAS De norte a sur (en la foto Pamplona), la incesante lluvia durante 21 días y el deshielo causaron del 10 al 12 de diciembre unas inundaciones que no se olvidaráneduardo buxens
  • Javier M. Pejenaute
Publicado el 25/12/2021 a las 06:00
Navarra se encuentra en una zona de riesgo de inundaciones provocada por los temporales invernales que se descuelgan del Atlántico norte y se reactivan en contacto con el complejo montañoso navarro del centro norte de Navarra, auténtico nido de inundaciones, que condiciona las avenidas de los principales ríos navarros. Tienen un mayor impacto cuando acompaña una fusión repentina de la nieve y hielo.
Después de veinte días de precipitaciones persistentes, del 23 al 24 y del 26 al 28 de noviembre, y del 1 al 2; y del 4 al 5 de diciembre, sin apenas tregua, y con el suelo saturado de agua, la borrasca ‘Barra’, del 7 al 10 de diciembre, fue la gota que colmó el vaso, y que dio lugar a una de las inundaciones más virulentas de los últimos años. Además la crecida llegó de los ríos navarros y de la cabecera del Ebro, juntándose mucho caudal en la Ribera navarra.
Los datos aportados nos tienen que hacer reflexionar sobre la magnitud del evento. Desde el 23 de noviembre al 11 de diciembre cayó una cantidad de precipitación extraordinaria en los valles cantábricos y pirenaicos navarros (Santesteban 590, 3 litros por metro cuadrado; Eugi 562,7 l/m2; Abaurrea Alta 477 l/m2; Pamplona 334,4 l/m2; Tudela 57,2 l/m2). Para finalizar el evento, los días 9 y 10 de diciembre cuando sobrevino la avenida, cayó mucha cantidad de precipitación (Santesteban 186,7 l/m2; Eugi 182,5 l/m2; Abaurrea Alta 131 l/m2; Pamplona 74,9 l/m2)
El resultado final fueron las fuertes inundaciones. Estamos ante un riesgo complejo de soluciones complicadas sin respuestas fáciles. Las llanuras de inundación muy humanizadas y cartografiadas en los mapas de inundación y peligrosidad- calados (cuenca de Pamplona y zonas ribereñas de Navarra Media y Ribera) se anegan una y otra vez. Está claro que hay que evitarlas en la medida de lo posible.
Dado que vamos a seguir teniendo temporales agresivos es conveniente tomar medidas encaminadas a disminuir sus efectos. Si después de una riada, sólo se reconstruye lo destruido sin tener en cuenta sus causas, el problema no se resuelve. Habrá que plantearse si parte del impacto se debe a que se han invadido más zonas de riesgo. El papel de las políticas regionales será planificar bien las infraestructuras urbanas para reducir sus efectos. Se impone el estudio coordinado de los diferentes puntos de las cuencas, evitar la edificación en las zonas más peligrosas, y el trazado adecuado de las vías de comunicación.
Javier M. Pejenaute Goñi es doctor en Geografía e Historia, especialidad climatología
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