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Noviembre

El fin de la pandemia que no fue

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ELEMENTO COTIDIANO El pasaporte covid ha llegado a nuestras vidas para quedarse y recordarnos la importancia de las vacunas en la lucha contra el coronavirusjesús garzaron
  • Sergio García Magariño
Publicado el 25/12/2021 a las 06:00
El pasaporte covid llegó abriéndose paso en un debate sobre el equilibrio entre la libertad individual y el bien común. Los bares son el espacio de socialización por antonomasia y muchos que no se habían vacunado corrieron a hacerlo para poder seguir frecuentando sus garitos favoritos. Así, la medida se convirtió en un incentivo para la vacunación.
Más allá de la anécdota, el pasaporte supuso el reconocimiento de que la pandemia seguía activa. Tras unos meses de gloria, de normalización de la vida y de consumo desenfrenado, la inmunidad comenzó a descender paulatinamente y los contagios a crecer de forma exponencial. Cayó como jarra de agua fría: se había extendido el mensaje de que el coronavirus podría tratarse ya como un virus común.
La dura realidad nos muestra lo contrario: la pandemia sigue haciendo estragos y las restricciones aparentemente superadas vuelven a sobrevolar nuestro horizonte. La pregunta clave es: ¿estamos mejor preparados para responder a esta ola? Ojalá la respuesta fuera un rotundo sí.
Sin duda, tenemos más conocimiento científico del virus. También sabemos que la atención primaria, los tests, el rastreo, la distancia social, la higiene de manos, la ventilación, la prevalencia de la socialización al aire libre y las mascarillas son fundamentales. Hacer un juicio puede ser precipitado, pero parece que las medidas que requieren de la colaboración ciudadana y que no exigen grandes inversiones se han adoptado con cierta naturalidad, aunque no sin resignación. Sin embargo, la atención primaria no parece haber recibido los recursos necesarios para un funcionamiento normal ante enfermedades comunes, por lo que mucho menos podrá responder ante la presión de un nuevo pico pandémico; y el número de rastreadores contratados, por poner otro ejemplo, se ha reducido drásticamente.
Desde una óptica más profunda, la pandemia representa la gran paradoja de nuestros tiempos. El sistema de conocimiento basado en la especialización, surgido en la ilustración y que tantos avances científicos ha arrojado; el modelo económico industrial y de consumo que tanta prosperidad ha traído a algunos sectores han tenido como consecuencias no intencionales los grandes problemas que enfrentamos hoy: la explotación medioambiental, el agotamiento de los recursos energéticos, el envejecimiento de la población, la crisis de financiación de nuestros sistemas de protección social o la imposibilidad de abordar problemas sistémicos a través de una mirada holística. En definitiva, los instrumentos cognitivos, políticos y económicos prevalentes no están diseñados para un problema global, comunitario y sistémico como este. Es el momento histórico para una gran innovación.
Sergio García Magariño es doctor en Sociología
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