Reencuentro
Vuelta de los niños de Chernóbil a Navarra
Las familias navarras de acogida se reencontraron con los ocho pequeños ucranianos después de dos años para aliviarles de la situación económica y sanitaria de su zona, empeorada por la covid


Publicado el 21/12/2021 a las 06:00
Las familias de acogida de la Asociación Chernobil pudieron abrazar de nuevo este lunes a los ocho niños de la región ucraniana que van a pasar las Navidades en Navarra. Se reencontraron en el área de servicio de Zuasti, tras dos años sin verse. Aunque en este tiempo no han perdido el contacto con ellos; han visto por pantalla o han escuchado por teléfono cómo los pequeños han crecido y madurado.
Su situación preocupaba a las familias. “Es como si mandas a tu hija a un campamento y esperas verla a los cuatro meses, y pasan cinco, seis… y no lo consigues”, ejemplifica Mari Carmen Oscáriz Yagüe, voluntaria de la entidad. Además, 35 años después del accidente en la central nuclear de Chernóbil, todavía hay muchos niños que necesitan ayuda, cuenta Oscáriz: “Que les dé el aire puro, lo que se pueda tener de sol en diciembre... Y alimentación. Que sea sana, limpia y les ayude a coger defensas para volver allí al invierno, que es muy crudo”.
CON GANAS DE BICICLETA
“Son niños que vienen de familias ya con una situación económica complicada y el covid, si aquí nos ha tocado, allí mucho más”, explica la voluntaria. En la zona, añade, no hay ayudas para los trabajadores en paro o en ERTE. Además, estos ucranianos tenían una comida principal asegurada en la escuela que, con el confinamiento, desapareció. Ya ocurría de vez en cuando, puntualiza Mari Carmen Oscáriz, con enfermedades como la gripe, aunque no durante periodos tan extenso. “La cobertura sanitaria no existe y si se coge uno la gripe y se extiende por toda la escuela o la transmiten en sus casas es un problema”, indica. La asociación, presente en País Vasco y Navarra, logró un acuerdo con un supermercado de la región, y las familias hacían los pedidos que luego se enviaban a las casas de los chiquillos.


La ausencia de presencialidad también tuvo consecuencias notables en su educación, añade: “Han estado muchos días sin poder dar clase y con unas diferencias muy abismales con nuestros hijos, que tienen internet y muchas formas de comunicarse con los profesores. Allí la mayoría se queda en casa, sin más”. Los niños que llegan a la Comunidad foral, de entre 8 y 13 años, pasarán sus revisiones en el pediatra o con los dentistas navarros que se ofrecen voluntarios para examinar sus bocas. También disfrutarán del ambiente navideño.
“Tienen ganas de jugar con los hermanos de aquí, ver a la familia, montar en bicicleta, y la Navidad encima les deslumbra mucho”, asegura la voluntaria. Por estas fechas, en 2019, fue la última vez que vinieron. Ahora tienen hasta el próximo 20 de enero para recuperar todos los abrazos pendientes en sus segundos hogares.