Covid-19
A los viajeros les esperó una bienvenida con cámara térmica en el aeropuerto de Noáin
A los navarros que viajaron en los vuelos chárter a ciudades de Europa los recibió en el aeropuerto un equipo de control sanitario para comprobar sus certificados y hacer un test de antígenos en caso de detectar síntomas de covid-19


Publicado el 09/12/2021 a las 06:00
Quienes partieron el pasado 3 de diciembre desde Pamplona en los vuelos chárter a distintas ciudades europeas volvieron este miércoles, en unos casos con desgana y en otros con sensación de haber visto lo suficiente. Una vez tomaron tierra, en la sala de equipaje los esperaba un dispositivo de seguridad sanitaria. Un equipo comprobó la validez de los formularios de control de salud para entrar en España. El personal de QuironSalud estudió con una cámara térmica la temperatura corporal de los pasajeros, en busca de síntomas de covid-19, y pidió de forma aleatoria el certificado covid.
No se detectó fiebre entre los navarros procedentes de República Checa y Polonia, por lo que se pudo prescindir de los test de antígenos. Buena parte de los recién llegados llevaba una mascarilla FPP2 y el móvil con los documentos digitales en la mano. Durante los cinco días de escapada, confesaron varios, habían sido escrupulosos con su uso, a diferencia de la población local.
LOS ESPAÑOLES, CON MASCARILLA
“Los españoles nos reconocíamos en la calle por la mascarilla. Estamos más concienciados”, admitieron Idoia Cenoz Arribas y Javier Asensio Jiménez. Los jóvenes pamploneses fueron de los primeros en salir del área de llegadas, después de mostrar el código QR del formulario de control sanitario del Ministerio de Exteriores español. Rellenaron el documento con datos como los países por los que habían pasado o el asiento que ocupaban en el vuelo que tomaron en Praga.
Aunque a Cenoz y Asensio les habría gustado visitar a Austria, que tenía las fronteras cerradas, la capital checa les encantó. Una opinión compartida entre los viajeros. Kristina Legaz Ibarrola dejó el aeropuerto satisfecha con el viaje: “El primer día nos tocó nevada, con lo que fue muy bonito”.
“El viaje ha sido agradable, pero la gente es bastante seca”, puntualizaron Adela Jiménez Hernández y Txema Valencia Sarasa, de 50 años. Se mostraron sorprendidos no solo por las dificultades con el idioma y la moneda; con el estado de emergencia en vigor, la hostelería tenía que bajar la persiana a las 22 horas pero, según contaron estos vecinos de Burlada, en apenas un par de restaurantes les pidieron el pasaporte covid y la población no utilizaba apenas la mascarilla.
Una situación que no siempre les hizo sentir cómodos. “Hay pocos vacunados. Debe de ser un tema de desconfianza, no de negacionistas, porque les parece que la vacuna se ha desarrollado en muy pocos meses”, añadieron. Al aterrizar habían mostrado el QR del formulario que debían completar al menos 48 horas antes, un mecanismo que les parecía “rápido”, aunque no fácil: “Para una persona mayor bajarse el código tiene que ser dificilísimo”.
Se oían algunas quejas entre quienes dejaban atrás el área de recogida de equipaje, no solo entre los de edad más avanzada. “Es una complicación, sobre todo para hacerlo con el móvil, y hay que estar repitiendo muchas veces lo mismo; tienen que hacerlo más sencillo”, denunciaron Marisa Elizalde del Rincón, de 64 años, y Juan José López Fernández, de 63, de vuelta de Cracovia. Explicaron que en los hoteles los protocolos se cumplían, por lo que se sintieron seguros. Pero a diferencia de Inma Valenica Rama, que en la calle también tuvo esa sensación, el matrimonio señaló que los polacos solo utilizaban mascarilla en espacios cerrados, aunque hubiera aglomeraciones.
“Nosotras no nos la hemos quitado”, aseguraron Ana Rández, de 78 años, y su nieta María Gómez Piudo. Como a la más joven de la familia, Irantzu Gómez, de 12 años, la aplicación del formulario, SpTH, le había dado problemas para generar el código QR fueron de las últimas personas en salir. Tuvo que rellenar el documento por escrito. Pero el incidente no empañó el balance positivo del viaje, en que les impactó “la huella” del papa Juan Pablo II y el campo de concentración de Auschwitz.