Solidaridad

Agua para que Turkana reviva

Una misión en Kenia facilita el acceso a la asistencia sanitaria, la higiene y el cultivo de alimentos de los habitantes de la región con ayuda de unos fondos navarros que este año suman 145.000 euros

Con los fondos navarros se han construido cuatro pozos y se han cambiado bombas manuales por solares
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Con los fondos navarros se han construido cuatro pozos y se han cambiado bombas manuales por solares
Con los fondos navarros se han construido cuatro pozos y se han cambiado bombas manuales por solares

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Paloma Dealbert

Publicado el 08/12/2021 a las 06:00

La solidaridad navarra ha contribuido a que Turkana, una región desamparada del norte de Kenia, tenga por fin “recursos humanos que han crecido sanos, bien alimentados”. Diana Trompetero Dueñas ha sido testigo de este cambio durante una década. Cuando llegó con otras cuatro compañeras de la Comunidad de San Pablo Apóstol a la misión del área de Kokuselei para colaborar en la gestión del agua -relata-, tardaron en formar a los turkanos para desempeñar algunas tareas: “Se veía que en su infancia sufrieron mucha hambre y tardaban en entender cosas muy simples. Ya estamos viendo a los niños que alimentamos, que empiezan a tener 15 o 16 años, y son muy listos, activos y tienen muchas ganas de ayudar”. Y la mortalidad infantil ha disminuido.

La Comunidad foral a través de la Fundación Rode, participa en tres proyectos distintos gracias a las aportaciones de la Federación Navarra de Municipios y Concejos -24.000 euros-, el Gobierno de Navarra -120.000 euros- y los 3.000 del Ayuntamiento de Berriozar. Estas cantidades se suman a los 300.000 que se habían destinado durante los tres años anteriores.

EL AGUA COMO BASE

“La gente sin agua no puede vivir y se ralentiza cualquier proceso de desarrollo”, sostiene Trompetero. Tener que ir a buscar agua, los problemas de salud que ocasiona no poder acceder a una higiene correcta y a infraestructuras sanitarias y la desnutrición, enumera, impiden que los niños cuenten con una buena educación: “Es una cadena que comienza con el agua”. La población, seminómada, sobrevivía con el pastoreo de cabras.

Pero el cambio climático ha dificultado aún más su supervivencia. “Antes teníamos dos épocas de lluvias, una en Pascua y otra en octubre, y a veces un poco de llovizna que ayudaba a que germinara el pasto, pero cada vez ya menos; se ha desertificado más”, lamenta Diana Trompetero. Los ancianos, añade, recuerdan de su infancia algunas zonas verdes y el lento andar de los elefantes, animales que ya no se encuentran en Turkana.

Con los fondos navarros se han construido al menos cuatro pozos y en otros tantos se ha cambiado el sistema de bombeo manual por uno que funciona con energía solar. Facilita la labor de extracción, que antes llevaban a cabo las mujeres excavando con sus manos en los ríos secos. Y la Comunidad enseña en qué consiste el riego por goteo para contribuir al cultivo de frutas y verduras.

La misión se encarga de asegurar al menos dos comidas para los niños a través de once centros, de los que dos ofrecen también formación preescolar. De momento, las plantaciones no permiten que todos los turkanos se alimenten de la cosecha, pero las voluntarias esperan que pronto sea posible y también sirva para que la población se inicie en el comercio a pequeña escala.

La falta de acceso al agua también deteriora la salud de los vecinos. La polio persiste. Yuna de las enfermedades con mayor incidencia, señala Eleni Tsegaw Zewde -de la misión de Kokuselei y de origen etíope- es el tracoma. Esta infección es la culpable de que tantos turkanos sufran ceguera. “Se previene principalmente con agua y jabón”, revela Diana Trompetero.

Eleni Tsegaw y Diana Trompetero, de la misión de Kokuselei de la Comunidad de San Pablo Apóstol en  en Turkana
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Eleni Tsegaw y Diana Trompetero, de la misión de Kokuselei de la Comunidad de San Pablo Apóstol en en TurkanaJ. A. Goñi
Eleni Tsegaw y Diana Trompetero, de la misión de Kokuselei de la Comunidad de San Pablo Apóstol en  en Turkana

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SIN NOTICIAS DE LA COVID-19

La pandemia parece no haber llegado a la región, manifiesta Diana Trompetero con una sonrisa: “También tiene sus ventajas estar en un espacio tan remoto porque las pocas personas que venían estaban un tiempo en cuarentena”. Aunque la incidencia real de la covid-19 no se puede conocer porque “no hay tests”.

El hospital más cercano está a 130 km y cuenta con un servicio muy limitado. Las distancias son enormes y no hay transporte público, por lo que la Comunidad de San Pablo Apóstol acaba de adquirir un vehículo, con la colaboración del Ejecutivo foral, que sirve como ‘clínica móvil’. Pero la misión también busca que los propios turkanos se formen como enfermeros. Y, agrega Trompetero, hay adolescentes que quieren estudiar Trabajo Social, profesión también necesaria, por lo que buscan becar a los jóvenes turkanos.

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