Arte
Pintan 61 cuadros de San Donato en 4 años
Dos pintores reflejan desde distintos ángulos la imagen imponente del monte Beriáin en 61 cuadros, cuatro años de observación y destreza con el pincel


Actualizado el 07/12/2021 a las 16:13
Cada vez que surcaba al volante de su vehículo la autovía de Sakana para disfrutar del descanso veraniego en la casa de su suegra en Lumbier, Chema Gutiérrez Landaburu no podía reprimir su instinto de girar la cabeza. Embelesado por la belleza de la imponente figura que dejaba a su margen, tardaba unos segundos en reaccionar a la advertencia proferida por su mujer: “¡Chema, mira la carretera!”. La realidad le devolvía a la monotonía de la ruta, mientras disfrutaba de la imagen retenida en su mente. El monte Beriáin, donde se alza la ermita de San Donato y San Cayetano, ejercía sobre él un influjo hipnotizador difícil de olvidar.
A sus 45 años de edad, este profesor de Plástica en Maristas de Bilbao y residente en Lutxana-Erandio (Vizcaya) compartió su encantamiento con un maestro suyo en la facultad de Bellas Artes de la UPV, José Antonio Azpilicueta Albizu, eibarrés de 60 años de edad con “raíces navarras” y familia por parte de su mujer en Tierra Estella. El maestro halló la complicidad de su pupilo en la búsqueda de una fuente de inspiración que colmase un anhelo que removía sus entrañas de artista.


“La presencia descomunal” del monte Beriáin, que atrapaba mirada y sentimientos del discípulo, acabó satisfaciendo sus expectativas. Los dos pintores se emplazaron entonces a reflejar desde distintos ángulos la montaña de 1.493 metros de altitud, que, para Chema Gutiérrez, representa un “faro de interior” en Sakana. Viajes esporádicos desde Erandio y Eibar, en distintas épocas del año, engordaron su agenda anual. En diversos lugares y a diferentes horas colocaron sus caballetes y se dejaron guiar por su mirada educada en el arte y su destreza manual. El 30 de agosto de 2016, Chema, acompañado por sus padres, hizo una primera escala e inició la serie. “Nos pusimos en una curva de la carretera al puerto de Lizarraga”. El resto fue una combinación de trazos finos y colores vivos que acabaron plasmados en un cuadro de 100x73 centímetros. Supuso el primero de 61 que dan vida a una colección, disponible desde el día 2 en el Centro Cultural Iortia, de Alsasua. El título, que abarca al proyecto narrado en una publicación a modo de diario, condensa un propósito y una referencia a hitos que dejaron huella en el pasado: Here comes the Sun: Mendi Baten Erretratua (Retrato de una montaña).
“Aunque todavía era invierno (el de 1969), aquella brillante mañana que permitía un respiro tras oscuros y londinenses días de lluvia presagiaba ya la primavera, y George Harrison, aliviado, escribió Here Comes the Sun. Casi 90 años antes, el pintor Camille Pissarro, en Rouen, un 11 de octubre de 1883, interrumpía una carta a su hijo Lucien - “Aquí viene el sol, te dejo, hasta pronto,”- para retomar una pintura comenzada bajo un efecto soleado cuyo regreso aguardaba pacientemente. En 2016, Azpili y yo decidimos trabajar también pendientes del sol y del viento, de las nubes y la lluvia, del frío y el cambio de estaciones”, se puede leer en un fragmento del profesor del colegio Maristas de Bilbao, expuesto en el diario.
UN DÍA DE NIEVE
De todas cuantas veces -61, al menos por el número de obras compiladas-, pusieron sus caballetes los dos amigos y artistas, pudieron retratar San Donato nevado en una ocasión. “Fue el 6 de diciembre de 2017”, recuerda Chema Gutiérrez. Los pronósticos de la víspera aventuraban tempestad. Sin pensárselo dos veces, se echó a la carretera muy temprano desde Vizcaya. En Etxarri Aranatz, “el termómetro marcaba a las siete de la mañana cuatro bajo cero. El monte estaba cubierto por la niebla”.
Paciente, el pintor aguardó hasta “las doce o una” a que despejase. Delante de sí apareció la silueta esbelta de San Donato, cautivadora como siempre, impresionante como pocas veces. Sin que estuviese completamente cubierta, había lenguas de nieve que enfriaban su cima y calentaba el corazón del pintor. Cayó rendido a su encanto.
