Pandemia de la covid-19

Chicos y chicas de Pamplona: “Sentimos que nos han robado el tiempo, demasiados momentos”

Llevan más de un año y medio con ella puesta y al cabo del día se la quitan solo para almorzar en el patio o al llegar a casa

Tomás Gascón, Noa San Julián, Fernando Gil, Carla Goldáraz, Marta Pérez, Lucas Moracho, Miguel Beaumont y Ana González
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Tomás Gascón, Noa San Julián, Fernando Gil, Carla Goldáraz, Marta Pérez, Lucas Moracho, Miguel Beaumont y Ana González
Tomás Gascón, Noa San Julián, Fernando Gil, Carla Goldáraz, Marta Pérez, Lucas Moracho, Miguel Beaumont y Ana González

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Iván Benítez

Publicado el 05/12/2021 a las 06:00

Fueron  los primeros en sufrir los embates del estado de alarma al inicio de la pandemia. Se les sacó del colegio en marzo de 2020, sin una explicación, se precintaron los parques infantiles y quedaron encerrados en casa. Todo esto sucedió, incluso, días antes de que se clausuraran los bares. A partir de ese momento, las ventanas se convirtieron en el único espacio de esparcimiento. Sin embargo, al apoyarse en el alféizar de la imaginación, descubrieron que las mascotas podían pasear fuera mientras los niños y niñas debían quedarse dentro. Y surgieron preguntas, sin respuestas. Dudas que se han ido acumulando en su interior hasta hoy. Entretanto, mientras permanecían encerrados, escuchaban datos de contagios, hospitalizaciones y muertos. Llegaban a morir hasta mil personas al día en este país, muchas en residencias, y algunas de estas personas eran sus abuelos. Así han crecido estos últimos meses. Y los psicólogos avisaban de que todo esto traería consecuencias. Necesitan jugar en la calle -advertían los profesionales-, recibir luz solar, sentir el viento, respirar. Fue una época en la que la OMS transmitía mensajes contradictorios, al menos respecto al uso de las mascarillas. Y los niños seguían pendientes de lo que ocurría a su alrededor, en silencio. Y veían a sus padres preocupados.

El 10 de abril de 2020, UNICEF mandaba un nuevo mensaje: “No dejemos que los más pequeños sean las víctimas ocultas de la pandemia”. Y luego lo hizo el Comité Internacional de Derechos del Niño el que advertía del impacto físico, emocional y psicológico de la crisis sanitaria en los menores, haciendo hincapié en un informe su “especial preocupación” porque no se escuche su opinión sobre la pandemia y sobre las medidas que se están tomando. De hecho, el artículo 11 de este documento que elaboraron y decía así: “Debemos brindar oportunidades para que las opiniones de los niños y niñas sean escuchadas y tomadas en cuenta en los procesos de toma de decisiones sobre la pandemia. Deben comprender lo que está sucediendo y sentir que participan en las decisiones que se toman en respuesta a la pandemia”.

Este 20 de noviembre, Día Universal del Niño, Naciones Unidas volvió a expresar que la crisis de la covid también es la crisis de los derechos de los niños. Y en diciembre de 2021, un año y nueve meses después de que se precintaran los columpios, los niños siguen embozados. Y continúan sin comprender. “Las llevamos puestas casi todo el día, incluso cuando practicamos deporte al aire libre”, expresan, con cierta impotencia en este reportaje. “Al cabo del día solo vemos las caras de nuestros amigos a la hora de almorzar en el patio”.

El 25 de noviembre, el mismo día en el que la Agencia Europea del Medicamento autorizaba la administración de la vacuna contra la covid a menores de entre 5 y 11 años, que se prevé administrarse en Navarra a partir de enero, ese jueves también se manifestó el comité de expertos de la OMS para el análisis de vacunas anti covid. El comité se reunió para dejar claro que aunque puede ayudar en la lucha contra la pandemia, la vacunación de los menores es “menos urgente” que la inmunización de otros grupos.

A las puertas de la Navidad y de una sexta ola de contagios que sigue creciendo, Diario de Navarra se ha reunido con niños y adolescentes del Colegio San Ignacio de Pamplona (Jesuitas) con el objetivo de escucharles. “Ellos están cumpliendo con las medidas de protección de manera ejemplar”, refieren Ana y Miguel, los dos mayores de este grupo, ambos de 16 años.

Noa San Julián Sanado, de 8 años, Tomás Gascón Rubio (9), Miguel Beaumont Vidart (16), Ana González Sucunza (16), Marta Pérez Zabalza (13), Lucas Moracho Goicoa (13), Fernando Gil Arteaga (11) y Carla Goldáraz Leza (11) se explayan en la sala de juntas del centro. Se sientan, a petición de los compañeros mayores, por espacios burbujas. Por cursos. Y durante una hora de conversación lanzan mensajes claros a la sociedad en general y a los adultos en particular. Al preguntarles si sienten que se han pisoteado los derechos durante la pandemia, exclaman al unísono: “¡Sí!”.

Sirvan estos dos ejemplos:

Tomas: “Se nos han pisoteado porque los niños tenemos derecho a estar sin mascarilla al igual que los mayores en los bares o en las discotecas”.

Ana: “Durante el confinamiento se pensó demasiado tarde en los niños”.

-¿Queréis lanzar algún mensaje más a los adultos?

- Por favor, estamos muy cansados, poneos las mascarillas. De lo contrario esto no va a terminar nunca. Nosotros llevamos mucho tiempo con ella puesta y casi todo el día. Otra cosa, los niños también podemos tener razón a la hora de expresarnos.

“Solo veo las caras de mis amigos cuando almorzamos”

“Acabo de leer un libro sobre los derechos de los niños y todas las cosas que necesitamos. Cosas como por ejemplo que nos pongan la vacuna... Yo quiero ponérmela, pero es a partir de los 12 años”. El jueves que Tomás Gascón Rubio, de 9 años, realiza esta reflexión desconoce que los medios están informando de que se ha aprobado la vacuna para niños de entre 5 y 11 años.

Tomás, ¿qué significa para ti la vacuna?

La vacuna para mí significa curarnos para no contagiarnos.

¿Al cabo del día en qué momentos puedes ver las caras de tus amigos?

Solo veo las caras de mis amigos en el patio cuando almorzamos. Al final, solo me la quito al llegar a casa.

¿Sabes cuánto tiempo llevas con la mascarilla puesta?

Llevamos más de un año… Mucho tiempo.

¿Qué te parece que la gente se pueda quitar las mascarillas en un campo de fútbol, un bar, un restaurante, una discoteca... y vosotros no podáis en clase, el patio o practicando deporte?

Me parece injusto.

¿Cómo has vivido la pandemia?

Durante el confinamiento, por las noches, jugábamos a juegos de mesa y tomábamos infusiones porque mi hermana se ponía un poco nerviosa.

¿Qué está siendo lo peor?

Antes, no poder salir de casa y ahora no poder quitarme la mascarilla.

¿Qué es lo que más miedo te da?

Contagiarme y morir.

¿Y lo que más ilusión?

Que se acaben las mascarillas.

Asignaturas favoritas: Educación Física y Plástica.

Aficiones: Balonmano y tenis.

“A los mayores les diría que se cuiden para no contagiarnos”

¿Cómo estás Noa?

Bien.

¿Tienes ganas de hablar?

Sí.

¿Qué te apetece decir a los mayores?

Que se cuiden mucho para no contagiarnos.

¿Cómo estás viviendo la pandemia?

Un poco asustada, porque tengo miedo de que se contagie mi familia.

¿Cuál ha sido el peor momento?

Cuando nos confinaron y estuvimos en casa. Me aburría mucho. Tenía muchas ganas de ver a mis amigos.

¿Llevas tiempo sin ver las caras de los amigos?

Bueno, los veo en el patio almorzando

¿Es el único momento del día en el que puedes ver sus caras?

Sí.

¿Cuál es tu mayor ilusión?

Convertirme en profesora de Infantil. Me gustan los niños.

¿Crees que los mayores escuchan a los niños?

Un poco.

¿Qué pregunta te gustaría que respondiesen?

Que cuándo se va acabar el coronavirus.

¿Qué es lo que más te preocupa ahora?

Que nos contagiemos.

¿Te gustaría vacunarte?

Sí, porque si nos vacunamos todos no nos podremos contagiar.

Al terminar la entrevista y despojarse de la mascarilla para hacerse la fotografía en la calle, a Noa San Julián, de 8 años, se le escapa un gesto de indecisión.

Aficiones: Leer y dibujar.

Asignaturas favoritas: Plástica y Religión.

“Llevamos casi dos años con la mascarilla todo el día puesta”

Fernando Gil Arteaga, 11 años, es el primero en llegar al hall del centro jesuita. Se sienta en una banco, se presenta y pregunta al periodista si cree que servirá de algo lo que digan. Quiere decir si los adultos reaccionarán a sus palabras. El periodista asiente. “Bueno, yo creo que sí”, se responde rápidamente. “Porque cuando hablan los políticos, los adultos no escuchan, pero cuando hablamos los niños sí...”. La conversación pivota a partir de ahora entre compañeros del mismo curso. En esta ocasión, Fernando y Carla Goldáraz Leza, ambos de 11 años.

¿Qué tal estáis?

Fernando: Por una parte bien, porque la gente se está vacunando. Por otra parte mal, porque después de tanto tiempo la mascarilla me impide respirar. Ser libre.

Carla: Yo me siento mal porque veo a la gente irresponsable con las mascarillas.

¿Cuánto tiempo la lleváis al cabo del día?

Fernando: Solo me la quito en casa. Y los lunes y viernes cuando voy a comer donde mis abuelos tengo que mantener la distancia... y no puedo comer con ellos. Y luego salgo con la mascarilla puesta y por la tarde voy a judo y no me la puedo quitar, tampoco en hípica, aunque estés al aire libre. Y todo esto es un agobio. Te acaba faltando el oxígeno y tienes que parar. Eso hace que el deporte sea menos divertido.

Carla: Llevamos casi dos años con la mascarilla casi todo el día. Incluso cuando practico balonmano y baloncesto tenemos que ir con ella. Y agobia mucho.

Y cuando veis a la gente sin mascarilla en lugares como un campo de fútbol, un bar o una discoteca, ¿qué sentís?

Carla: Me pregunto de qué ha servido todo el esfuerzo que estamos haciendo.

Fernando: Me da rabia.

Llevamos casi dos años de pandemia. ¿Qué cosas cambiaríais de la sociedad?

Fernando: Uno de los problemas es la falta de comunicación entre adultos y menores. Normalmente no se nos hace caso. Piensan que decimos tonterías.

Carla: Tengo la suerte de tener una familia que me escucha, pero hay muchos niños que se sienten solos. Y eso me preocupa.

¿Y esos niños se acercan a ti, Carla, para contarte que se sienten solos?

A veces sí.

¿Qué mensaje queréis mandar?

Que los mayores se pusieran ya las mascarillas. Tenemos miedo por nuestras familias, por nuestros abuelos.

¿Pensáis en el futuro?

Fernando: Sí, me gustaría llegar a ser ingeniero como mi padre

Carla: Quiero ser profesora.

¿Un sueño?

Fernando y Carla: Que acabe todo esto y haya más comunicación, que tengamos los niños más derechos a la hora de opinar y ser libres... Y que nos quiten la mascarilla, por favor. Así todos los niños seremos más felices. Con la mascarilla no podemos ser felices.

Fernando Gil Arteaga;  Asignaturas favoritas: Matemáticas y Música. Aficiones: Judo e hípica.

Carla Goldáraz Leza;  Asignaturas favoritas: Música y Matemáticas. Aficiones: Hípica, balonmano y baloncesto.

“Necesitamos que los adultos nos tengan en cuenta y nos escuchen”

En el vestíbulo del colegio hay una fotografía donde un niño juega a saltar a la comba con una niña. Y debajo de la imagen, una reflexión: “Con el nuevo modelo educativo trabajamos día a día porque queremos hombres y mujeres para los demás, responsables de sí mismos, del mundo que les rodea y comprometidos en la tarea de su transformación hacia una sociedad fraterna y justa”.

¿Cómo estáis viviendo la pandemia?

Lucas: Al principio un poco agobiado porque no sabes qué hacer en casa. Luego, hemos ido encontrando un poco de normalidad.

Marta: No sabíamos qué hacer, estaba muy asustada. Poco a poco hemos ido encontrando más oportunidades para poder vernos con más gente.

¿Cuál ha sido el peor momento?

Lucas: La falta de información cuando estuvimos confinados en casa.

Marta: La primera semana de la pandemia porque mi padre enfermó de coronavirus y no pudimos estar a su lado.

¿Estáis vacunados?

Sí.

¿Qué pensáis de las personas que han decidido no vacunarse?

Marta: Este virus nos afecta a todos y con la vacuna nos protegemos todos.

Lucas: La vacunación es un acto de responsabilidad.

¿Qué cambiarías de esta sociedad? ¿Qué mensaje trasladaríais?

Lucas: La organización de los adultos, porque están demasiado pendientes del trabajo... y no lo están tanto de los niños. Se nos escucha poco en general en la sociedad. Es importante que los adultos sepan ayudarnos en cada momento de nuestra vida.

Es muy importante lo que estás diciendo. ¿Habláis de la necesidad de ser escuchados en la sociedad?

Lucas: En algunos momentos sí.

Marta: Necesitamos que los adultos nos escuchen y se preocupen, que nos tengan en cuenta. Queremos que los adultos estén más con nosotros.

¿Cuál es vuestro sueño?

Marta: Conseguir un buen trabajo y un futuro bueno.

Lucas: Ser feliz con lo que haga en mi vida y no hablo de dinero.

¿Qué os preocupa?

Marta: Que todo empeore y volvamos a la situación del principio de la pandemia.

Lucas: Me preocupa que todos nos relajemos, que pensemos que todo esto ha desaparecido y volvamos al inicio.

Marta Pérez Zabalza;  Asignaturas favoritas: Francés e Inglés. Aficiones: Deporte.

Lucas Moracho Goicoa;  Asignaturas favoritas: Educación Física y Matemáticas. Aficiones: Balonmano y Música.

“Sentimos que nos han robado el tiempo, demasiados momentos”

Miguel Beaumont y Ana González, 16 años, son los mayores del grupo. En el momento en el que el periodista les pide tomar una fotografía a todos juntos en uno de los pasillos del colegio, buscan las espaldas de los más pequeños, Tomás y Noa, y los protegen con su presencia. Ellos no se dan cuenta de este gesto que realizan instintivamente.

¿Cómo os encontráis de ánimo?

Miguel: Después de casi dos años de pandemia, la sensación es que hemos perdido muchas cosas, demasiados momentos.

Ana: Ahora que han subido los contagios te das cuenta de que no puedes olvidar lo vivido. Y, como dice Miguel, también siento que nos han robado nuestro tiempo. Voy a cumplir 17 años y he perdido muchas experiencias que no he podido vivir.

¿Qué imagen os viene al recordar el peor momento?

Miguel: El día en el que supe que todo esto pintaba mal fue cuando mi tío, que es médico de Urgencias y una persona muy optimista, habló con mi padre y le escuche muy triste. También estoy llevando mal comprobar que no estoy viendo crecer a las personas que más quiero, como mis primos y mis abuelos.

Ana: El peor momento de la pandemia lo viví las Navidades pasadas. A nuestra familia nos gusta juntarnos alrededor de la mesa y el año pasado sentimos que nos quedamos atrapados ante una situación que no podíamos controlar.

Y llegan de nuevo las Navidades...

Ana: Todo esto nos genera inseguridad.

¿Cuál es vuestro sueño?

Miguel: Quiero ser bombero y como sueño más general me gustaría pensar que viviré con más libertad de la que tenemos ahora.

Ana: Me gustaría llegar a realizar una labor científica en el futuro. Ser investigadora.

¿Qué mensaje trasladaríais?

Miguel: Hay muchos aspectos mejorables, pero el principal es la educación. Es importante concienciar a los niños que ellos pueden enseñar a los adultos y que también pueden cambiar las cosas.

Ana: La escucha a los niños es muy importante porque tienen otra manera de pensar. Si les escuchamos con atención nos daremos cuenta de que ellos tienen muy claro lo que les hace feliz. Y eso es lo que debemos buscar en la vida. Todos queremos ser felices, pero a medida que crecemos se nos olvida lo realmente importante. El día que les escuchemos mejorará la sociedad. Respecto a la educación creo que está mejorando gracias a que recibimos más herramientas para cambiar el mundo.

¿Se están pisoteando los derechos de los menores en la pandemia?

Miguel: Los derechos de los niños y de los adultos, pero especialmente de los más pequeños. El impacto está siendo mayor para ellos a la hora de vivir experiencias.

Ana: Los niños no entienden la complejidad de una pandemia. No comprenden lo que sucede. Y les dices que se tienen que quedar en casa y lo hacen y que se tienen que poner las mascarillas y no rechistan. Sin comprender lo que sucede se están comportando de manera ejemplar.

Miguel Beaumont Vidart;  Asignaturas favoritas: Física y Biología. Aficiones: Deporte y naturaleza.

Ana González Sucunza;  Asignaturas: Biología y Filosofía. Aficiones: Cantar en el Orfeón y bailar.

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