Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE
Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

Solidaridad

Antón Zubasti, presidente de ADONA: “Los donantes han respondido en la pandemia de forma espectacular”

Representante de los donantes de sangre desde febrero de 2020, presidió la fiesta que se recuperó la semana pasada. De la sangre y la solidaridad que se extraen e inyectan habla en estas líneas

El pamplonés Antón Zubasti Madoz, de 55 años, esta semana, posando en el Banco de Sangre, en el Hospital Universitario de Navarra. Zubasti, agente de la Policía Municipal, empezó a donar a los 18 años
El pamplonés Antón Zubasti Madoz, de 55 años, esta semana, posando en el Banco de Sangre, en el Hospital Universitario de Navarra. Zubasti, agente de la Policía Municipal, empezó a donar a los 18 años josé carlos cordovilla
  • Sonsoles Echavarren
Publicado el 07/11/2021 a las 06:00
Algunos compañeros de trabajo o vecinos de Antón Zubasti se sorprenderán al leer esta entrevista. Porque no sabrían que ese hombre con el que se cruzan en el portal y dialogan sobre el tiempo, o ese compañero con el que, de tarde en tarde, comparten un café en la máquina es donante de sangre. Y que además, desde hace casi dos años, preside la Asociación de donantes de sangre de Navarra (Adona). Por aquello de que la donación es un acto altruista y anónimo. Pero este hombre, que sonríe en la imagen de la derecha en el Banco de Sangre, en el Hospital Universitario de Navarra, ha sentido una aguja en las venas de sus brazos en más de 160 ocasiones. Y ha visto cómo, por los tubos de plástico, fluía ese líquido “que aún no se puede fabricar en un laboratorio”, que salva y ayuda a mejorar las vidas de otros. A los que ni siquiera conoces pero sientes la satisfacción de ayudarles. Antón Zubasti Madoz (Pamplona, 1966), es agente de la Policía Municipal en la capital navarra y donante desde 1984, cuando el padre de uno de sus amigos lo llevó a él y a otros a hacerse donantes, apenas cumplieron los 18. El cuarto de diez hermanos y casado con Maribel Soberanas, que trabaja en los Servicios Sociales de Egüés, tiene tres hijos: Jaione (25 años), Mikel (23) y Jon (19), de los que solo, por ahora, el mediano ha seguido sus pasos. El domingo pasado presidió la fiesta anual de Adona, en Baluarte, en Pamplona, que se recuperó tras la pandemia. Y para él fue su primer acto oficial como presidente. “Me emocioné al recordar a los fallecidos (como Joaquín Donézar y otros)”, confesó.
¿Cómo se está donando ahora? ¿Las reservas de sangre se han visto afectadas por la pandemia?
Desde que comenzó el confinamiento, en marzo de 2020, la respuesta, a pesar del miedo y la incertidumbre, fue espectacular por parte de todos. El equipo de la donación no falló en ningún momento. En el Banco de Sangre y en Adona se siguió funcionando con total normalidad. A pesar de que no sabíamos qué iba a pasar y de que ni los médicos conocían la incidencia de ese virus o de si podía ser transmitido vía sanguínea. Había que ir al hospital a donar, justo al lugar en el que estaban los enfermos. Y eso a algunos les daba miedo pero no dejaron de hacerlo. En el caso de los pueblos, el autobús siguió llegando. El equipo de extracción prefiere ponerlo cerca de los centros de salud, en lugar de en frontones o un polideportivos. Es más seguro si surge algún problema. Pero había gente a la que le daba miedo ir... Por acercarse a los enfermos.
Aunque se tomaron todas las medidas de seguridad...
Si algo hay que dejar muy claro es que los estándares de seguridad, si siempre se han cuidado, entonces y ahora están multiplicados. Y en caso de cualquier duda se avisa a la gente de que no vaya. Por ejemplo, en algunos pueblos se han suspendido viajes del autobús porque había un pico en la incidencia del virus.
¿Y cuál es la situación actual? Cuando, queremos creer, ya estamos saliendo de la pandemia...
Se está volviendo a la normalidad. Aunque, hay realidades, como la de la cita previa, que ya parece que han llegado para quedarse. Antes, en los pueblos, cuando llegaba el autobús iba todo el mundo. Ahora, solo se pueden hacer tres extracciones al mismo tiempo. Cada persona llega a la hora asignada.
Habla de los pueblos y los delegados locales. De hecho, el otro día en la fiesta, se les agradeció su actuación. Siempre, pero, sobre todo, durante la pandemia.
Es que han sido y son un engranaje clave. Las personas que llevan el calendario, se organizan, han tenido que gestionar diferentes locales, la cita previa...
La consejera de Salud del Gobierno de Navarra, Santos Induráin, aseguró que la donación de plasma (el líquido que conforma la sangre y en el que están el resto de los elemento: plaquetas, glóbulos rojos...) es deficitaria. ¿Qué podemos hacer?
El mensaje a la población es siempre el mismo: que se hagan donantes. Esa petición no cambia. Un donante tiene que reemplazar a otro cuando se ‘jubila’.
Tenemos muy interiorizado que la donación es un acto altruista y anónimo. Pero no ocurre lo mismo en todo el mundo. ¿Cambia eso la cantidad de donaciones?
En toda Europa, como dices, tenemos claro que donamos sangre de forma altruista para ayudar a otros y que son los técnicos los que determinan en qué la van a necesitar. Al revés que en Estados Unidos, donde la persona que dona recibe 40 dólares o lo que sea por donación. ¿Y qué supone? Pues que haya gente que done muchas veces (para recibir más dinero) y que la calidad de su sangre sea peor que la del que dona menos. A nivel internacional, los laboratorios farmacéuticos necesitan algunos componentes de la sangre para fabricar medicamentos. Y el problema está en saber diferenciar dónde se sitúa el límite entre lo altruista y el negocio. Porque está bien que los laboratorios fabriquen esos medicamentos, que son necesarios, por ejemplo, para quimioterapias, pero con los que también, claro está, ganan dinero.
¿Cuál es la situación en países del llamado Tercer Mundo?
La desconozco pero, en algunos países, no se sabe de dónde sale la sangre. Aquí tenemos la suerte de que, si la necesitas, la hay. Siempre digo que es como si abres un grifo del que empiezan a brotar bolsas de sangre. En algunos países emergentes están entrando en situación de subasta de medicamentos. Por eso, lo que está intentando Europa es, desde el altruismo, ser autosuficiente en plasma para no depender del servicio de Estados Unidos.
HOMBRES Y MUJERES
¿Qué requisitos hay que cumplir para poder donar?
Tener 18 años, una buena salud (no tener ni haber tenido enfermedades graves) y no tomar medicación. Eso, en el caso de los varones. En el de las mujeres es diferente. Por los embarazos, las lactancias, las anemias (falta de hierro en la sangre) motivadas por las menstruaciones... no pueden donar en esos momentos. No es justo y así lo hemos hablado en la junta. Si te fijas, en los homenajes, más del 80% son hombres. Es un tema al que queremos darle una vuelta, buscar alguna fórmula, aunque no sabemos cómo para que no haya distinciones. Es como en las oposiciones. Para ser policía municipal, el tiempo para correr los cien metros es más bajo en mujeres que en hombres, aunque luego, el ‘malo’ corre igual (se ríe) en ambos casos.
¿Cuánto donan los hombres y cuánto las mujeres?
Lo normal, lo habitual, es que los varones lo hagan dos o tres veces al año; y las mujeres, una o dos.
Además de los embarazos, las lactancias o las enfermedades, ¿hay otras situaciones que dificulten o impidan donar?
Si te haces un ‘piercing’ o un tatuaje, hay que esperar un tiempo para que la sangre sea buena. Igual que si te has vacunado. Es preciso esperar unos días para ver si te hace o no reacción...
¿Cómo se trabaja en el Banco de Sangre? ¿Cuál es el proceso?
Allí hay un equipo de profesionales (hematólogos, enfermeros, auxiliares...) y también, personas de Adona, que atienden a quienes acuden allí y les ayudan si tienen alguna duda. Cuando termina la donación y consideran que se pueden levantar (porque no van a desmayarse), se les ofrece un bocadillo o un refresco y se habla con ellos. Y tiene su sentido. Porque mientras estás ahí, permaneces a la vista del equipo y en el círculo de seguridad. Esas personas de Adona hacen muchas veces de psicólogos. Están acostumbrados a ver caras, ojos, sonrisas... Y si se dan cuenta de que una persona se está poniendo blanca, avisan a la enfermera.
Ahora nadie tiene miedo a que le hagan una transfusión de sangre. Pero en la década de los ochenta, salieron a la luz algunos casos de personas que se contagiaron de hepatitis, o incluso de Sida, que empezó por entonces, al haber recibido sangre contaminada.
Así es pero fue más un problema de sangre que pudo venir de fuera. Surgieron casos puntuales. Pero entonces se multiplicaron por mil todos los sistemas de control. Y ahora es totalmente imposible que ocurra algo similar. Aunque lo hagas de mala fe y pienses: ‘A ver a cuántos contagio’. No. Imposible. Porque la sangre pasa tantos filtros desde que se extrae hasta que se inyecta, que no puede suceder. Además, los bancos de sangre están siempre en comunicación con el Ministerio de Sanidad y otras organizaciones sanitarias internacionales. Por ejemplo, cuando ha surgido el caso del mosquito del Nilo, en Sevilla, se está controlando a la gente que llega desde allí. Si aparece un donante que ha estado en Sevilla, por precaución, no se le deja donar en unos meses. El equipo médico del Banco de sangre y los profesionales de Adona impulsan un seguimiento muy importante.
Las transfusiones de sangre, aunque ya se han convertido en algo habitual, aún ocasionan reticencias entre algunos colectivos. Como los testigos de Jehová, por sus creencias. Se niegan a recibir sangre de otros y pueden morir.
Tal cual. Pero, ¿hasta dónde llega la libertad personal en esos casos? Es algo similar a lo que ocurre con otras situaciones. Con personas mayores que rechazan un tratamiento de quimioterapia o una sonda de alimentación. Pero no podemos olvidar que la sangre ¡salva vidas!

“Mi mujer recibió dos bolsas de sangre por una anemia”

Que la sangre no sale de un grifo. Que no se puede fabricar en un laboratorio. Que para salvar (o mejorar) vidas se necesita la colaboración de todos. Y que la donación altruista a veces circula por vasos comunicantes. De ida y vuelta. Como le ocurrió al propio Antón Zubasti. O más bien a su mujer, Maribel Soberanas, que tuvo que recibir una transfusión hace dos años. “En nuestra familia no solo somos donantes. Sino también, receptores”, cuenta.
¿Por qué decidió hacerse donante? ¿Lo eran sus padres u otros familiares?
¡Que va! En mi caso, fue por el padre de uno de mis amigos de cuadrilla de la urbanización de Zizur, donde vivía con mis padres y hermanaos (él es el cuarto de diez) en los setenta. Aquel hombre nos animó, a su hijo y a los demás amigos, para que, cuando cumpliéramos 18 años, nos hiciéramos donantes. Y lo hicimos todos los que pudimos. Los que alcanzábamos el peso (50 kilos) y teníamos buena salud. Nos metió el ‘bichillo’ en la cabeza. Esa fue mi manera de entrar en Adona. Lo de la junta fue posterior. Entré como vicepresidente hace seis años, cuando Javier García era el presidente y el año pasado, ya fui elegido presidente. Aunque, desde entonces, no había habido ningún acto. Ahora que se ha podido lo hemos organizado porque ¡ya había muchos reconocimientos que dar!
¿Sus hijos han seguido sus pasos?
Mi hija mayor, Jaione, cada vez que se tiene que hacer un análisis de sangre se desmaya (se ríe). Así que, cuando vamos a urgencias porque tiene problemas en un riñón, ya sabemos cuál es el proceso: que termina con las piernas en alto. Pero ella sigue teniendo ilusión y cree que algún día intentará ser donante. Mi hijo Mikel (el mediano) lo es desde que cumplió 18 (ahora tiene 23) y ya lleva más de cinco donaciones. Como pasó la covid, estuvo colaborando con un proyecto de donantes de aféresis (un tipo de donación en el que se separan los componentes de la sangre: el plasma, las plaquetas, los glóbulos rojos...) para hacer un ‘plasma híperinmune’. Aún se desconocen los resultados. El pequeño (19 años), de momento, no es. Y mi mujer, tampoco.
Precisamente, su mujer recibió una transfusión. Ironías del destino, ¿no?
Ella tiene un problema de estómago, una gastritis crónica, que le estaba provocando una anemia. Y le tuvieron que hacer una transfusión de dos bolsas de sangre hace dos años. En su caso, la transfusión la ayudó mucho y su sensación pasó de la noche al día. De encontrarse fatal y estar muy débil a tener un estado general mucho más normalizado.
¿Usted ha tenido alguna vez problemas para donar sangre por estar enfermo, haber sido operado...?
(Consulta su aplicación en el móvil y la muestra). Mira, mi última donación fue el 30 de agosto y entonces el servicio médico del Banco de Sangre me dijo que descansara un poco porque tenía las proteínas un poco alteradas. La próxima semana (por la pasada), como ya habrán transcurrido dos meses, voy a donar de nuevo. En esta ocasión, sangre al completo. No solo aféresis.
¿Cuál es la diferencia entre los dos casos?
Es muy sencillo. Ya verás. En la donación de sangre, hay un pinchazo en el brazo y la sangre va de la vena a la bolsa. Directamente. En la aféresis, no. En ese caso, la sangre se fracciona (se separa el plasma, las plaquetas y los glóbulos rojos) y de la aguja va directamente a una máquina, que es como una centrifugadora. En diferentes ciclos, se extrae de la sangre lo que se necesita, y el resto, se devuelve al cuerpo. Por eso, la incidencia es menor. Porque no pierdes el hierro. Yo empecé siendo donante de sangre y hace unos años, pasé a aféresis.
Hagamos un poco de historia. ¿Cuál fue la primera transfusión de sangre exitosa? ¿Y en Navarra?
El primer caso conocido fue el del papa Inocencio VIII en 1492. Entonces aún no se conocía la circulación de la sangre (la descubrió el físico inglés William Harey en 1628) y tres niños, que después murieron, donaron su sangre al papa pero ¡por la boca! Finalmente, el papa también murió. A comienzos del siglo XIX, un obstetra inglés comenzó a utilizar las transfusiones para tratar las anemias de los partos. Pero fueron bastante arriesgadas. ¿En Navarra? El primero caso conocido fue el que hizo el doctor Juaristi en la Clínica San Miguel a un herido por asta de toro en un encierro, que se estaba desangrando, en 1925. Después, al comienzo de la Guerra Civil (1936), el doctor Zorrilla puso en marcha el Servicio Oficial de Transfusiones para los heridos de guerra. Y durante toda la contienda se hicieron 211.
¿Cuánto tiempo seguirá donando?
Ahora tengo 55 años, así que aún me quedarán diez o quince. Pero si mis hijos, mis nietos en un futuro, mis amigos... son toman el testigo, se terminan las reservas. Porque, a pesar de lo que ha evolucionado la tecnología, ¡aún nadie ha logrado fabricar sangre en un laboratorio! Y para que haya sangre en los hospitales, para cuando se necesite, debe seguir habiendo donantes. Es mucho mejor que haya 20.000 personas que donen una o dos veces al año a que haya 10.000 que lo hagan tres.
¿Y eso por qué?
Porque la calidad del producto siempre será mejor cuantas menos veces se done. Así, en Estados Unidos, que se paga por donación, igual hay una persona que dona un montón de veces pagar más dinero. Y esa sangre se va estropeando. Hay que tender hacia la aféresis. Es el presente y futuro.
volver arriba

Activar Notificaciones