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La diáspora

Un burladés, médico en San Luis (Misuri)

El joven burladés se ha formado en Europa, América y Asia para ser médico e investigador. Actualmente es residente de Psiquiatría en San Luis.

Diego Galán ante el Gateway Arc, en San Luis, una enorme estructura de 200 metros de alto.
Diego Galán ante el Gateway Arc, en San Luis, una enorme estructura de 200 metros de alto.
Publicado el 18/10/2021 a las 06:00
Más allá de su atracción por la ciencia y el interés en comprender los procesos -ya fueran físicos, químicos o biológicos-, Diego Galán Donlo no tenía muy claro de niño qué quería ser de mayor. Podía haberse decantado por estudiar Arquitectura o por una ingeniería, pero fue su propia experiencia, y en concreto que diagnosticaran una enfermedad neurodegenerativa a uno de sus mejores amigos, lo que le empujó a la Medicina. “Fue entonces cuando comencé a entender el gran impacto que ciertas enfermedades tienen no solo en las personas que las padecen, sino también en todos aquellos que están a su alrededor, y cuánto pueden hacer los médicos para ayudar a que estas personas tengan una vida mejor”, explica el joven burladés que, sin cumplir aún los 30 años ha vivido ya en tres continentes.
Galán cursó un año de Medicina en la Universidad de Navarra pero en 2011 se mudó a Estados Unidos para continuar allí los estudios. Se graduó en Biología Molecular y Bioquímica en el Middlebury College en Vermont, trabajó un par de años haciendo investigación en Boston y después empezó Medicina (es un postgrado de cuatro años en Estados Unidos) en la Duke University de Carolina del Norte. Su tercer año lo hizo en Singapur y Malasia, realizando un proyecto sobre la leptospirosis y, durante ese año, decidió pausar los estudios de medicina para hacer un máster en Epidemiología en la Universidad de Cambridge, en Inglaterra. Cuando terminó el máster volvió a Duke para completar su último año de Medicina y finalmente se graduó como doctor en mayo de 2021. Entre medias, además, hizo un Master a distancia en Biología a través de la Universidad de Harvard. “Hoy no me puedo imaginar ejerciendo ninguna otra profesión”, concluye.
Galán vive actualmente en San Luis, Misuri, donde hace un par de meses empezó su residencia en psiquiatría en la Washington University in St. Louis. “Es más barata que otras ciudades americanas por lo cual es muy fácil vivir aquí”, relata. “Es una de las pocas ciudades en las cuales me podría permitir vivir en un apartamento de una habitación a menos de quince minutos andando del hospital en el que trabajo”, asegura.
Galán se mueve sobre todo en bici en el país de los coches. Empieza a trabajar a las siete de la mañana. Ve a todos sus pacientes, come con los otros residentes y muchas tardes le toca ir al juzgado (en zoom) para testificar por los pacientes que están admitidos de manera involuntaria. Suele salir sobre las cinco -a veces a las tres, otras le dan las ocho-, y depende de la hora se va a correr al Forest Park, una enorme superficie verde más grande que Central Park al lado de su casa y del hospital, o queda para jugar a pickleball, un juego parecido al tenis “pero más divertido”, o para cenar. Por la noche ve algún capítulo de una serie, lee un poco y sobre las diez se va a dormir. Mucho tiempo libre tampoco tiene. El primer año de residencia se trabaja seis días a la semana, en turnos de 10 a 14 horas. Además del deporte le gusta tocar la guitarra, el ukelele y el piano.
San Luis, en el corazón de Estados Unidos, tiene tres millones de habitantes en su zona metropolitana pero cerca del Forest Park la sensación es relajada para él. “La comida, la gente y las opciones de entretenimiento son fantásticas”, apunta Galán, que subraya que muchas de esas opciones, como museos, conciertos, musicales e incluso un zoo, son gratuitas. Lo que menos le gusta es la inseguridad. “Es una de las ciudades con más crimen en Estados Unidos y hay muchos lugares a los que nunca debes ir solo”, advierte.
No solo ha conocido diversas especialidades de Medicina, también diferentes sistemas. Antes de irse de España, por ejemplo, nunca se había planteado cuánto costaban sus visitas al médico. “La primera vez que fui al médico en Estados Unidos estaba aterrorizado porque no sabía cuánto tendría que pagar, aun teniendo un buen seguro médico”, cuenta. Ahora, como médico, lo ve a diario. “Muchos pacientes posponen ver a un médico porque no tienen seguro o se encuentran en una situación financiera complicada”, traslada. “Este retraso en el tratamiento tiene efectos muy negativos en la prognosis de los pacientes”. En Singapur, donde el sistema funcionaba bastante bien para los ciudadanos, aunque tuviera un buen seguro él era extranjero y tenía que pagar sus visitas de antemano. “Para que me viera un médico en urgencias tuve que pagar casi 100 euros y tras la visita tuve que pagar 400 euros. Mi seguro me devolvió el dinero un par de meses más tarde, pero es raro el pensar que si no tienes el dinero para la visita, no te darían el tratamiento que necesitas”, menciona. La pandemia también la ha vivido desde el lado de los médicos. Lo más frustrante ha sido ver la cantidad de que gente que no cree en la ciencia, por un lado, y el efecto psicológico y físico que ha tenido en sus amigos y compañeros por la impotencia y el estrés generado.
¿El futuro? No lo sabe. “Si me hubieran preguntado hace diez años probablemente habría dicho que seguiría en Pamplona y que sería neurocirujano”, apunta. Ahora cree que es impredecible aventurar nada, aunque más que dónde su meta es ser el médico e investigador para lo que ha trabajado tanto.
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