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Educación

Becar a los repudiados en India

La Asociación Nuevo Diálogo, fundada por una abogada afincada en Navarra, promueve la educación entre 403 niños de India que, aparte de pertenecer a los ‘intocables’, son discriminados por su religión

Se han suspendido las clases presenciales por la covid y un tutor contratado por ANDI atiende a los niños
Se han suspendido las clases presenciales por la covid y un tutor contratado por ANDI atiende a los niñosCedida
  • Paloma Dealbert
Publicado el 10/10/2021 a las 06:00
Una asociación creada por una vecina navarra está contribuyendo a la formación de 403 niños olvidados en India. Viven en el distrito de Kandhamal, situado en el estado de Orissa, al este del país, y son los más desfavorecidos de entre los más necesitados. Pertenecen a los denominados como ‘intocables’ -la clase más pobre y discriminada- y, además, son cristianos. Esto los convirtió en blanco de una masacre en 2008 que dejó casi un centenar de muertos y cerca de 54.000 desplazados.
“El hinduismo es la religión más extendida en India, aunque no es la oficial. Otras están mal vistas”, explica Elisa Maria Rodrigues de Araujo, presidenta de ANDI. La portuguesa, que llegó a Pamplona en 1990 y fundó la Asociación Nuevo Diálogo (ANDI) en 1996, conoció la historia de este sector de la población de la mano de Premanand Nayak, testigo de los sucesos y autor del libro Kandhamal: there are no more cheeks to turn. Una traducción aproximada sería que ya no quedan otras mejillas que poner.
El asesinato de un líder religioso hindú y la detención arbitraria de unos cristianos terminó con el ataque masivo a las poblaciones de la zona, con la matanza de casi cien personas y la quema de 5.600 casas. Poco después, un grupo maoísta reivindicó la autoría de la muerte del líder hindú.
SIN COLEGIO POR LA COVID 
Se trata de una zona humilde, dedicada a la agricultura y la recolección. Los niños ayudan a sus familias en el trabajo y, a partir de los 11 años, en las ciudades cercanas no hay residencias para que las chicas continúen sus estudios. Tampoco hay muchos profesores que hablen el dialecto de la tribu, lo que contribuye a que la enseñanza se perciba como “algo más exterior”. Y los graves problemas de desnutrición provocan que los pequeños enfermen con facilidad y falten a sus clases.
Premanand Nayak y Elisa Rodrigues de Araujo se conocieron en Portugal hace tres años, mantuvieron el contacto y en 2019 el autor del libro estuvo en Pamplona relatando la situación en su distrito. El escritor también presentó una propuesta de proyecto para escolarizar a los niños de Kandhamal a ANDI. Aunque el proceso se retrasó por la pandemia, la asociación la aprobó. La iniciativa tiene el objetivo de construir seis escuelas y becar a 403 niños para estudiar. La entidad puso como requisito que la mitad de las matrículas fueran para chicas. Aunque luego muchas terminen por no ejercer una profesión, defendió la presidenta de ANDI, la formación “va a mejorar la calidad de la vida de la tribu”, con cambios como la forma de gestionar la alimentación familiar.
Sin embargo, la llegada de la variante delta plus de la covid-19 ha pospuesto una vez más la escolarización de los menores de Kandhamal, con nuevos confinamientos. Muchos cumplen un año y medio sin ir a clase. ANDI decidió volcar sus esfuerzos en la contratación de un profesor que tutorizara a los pequeños, con ayuda de los que son un poco mayores. Así, ochenta niños trabajan en sus tareas cada día bajo la guía de un docente que habla el dialecto. También se les ha enviado un kit sanitario para afrontar la pandemia.
Elisa Rodrigues de Araujo, presidenta de ANDI
Elisa Rodrigues de Araujo, presidenta de ANDIJ. A. GOÑI
EL PAPEL DE LOS NIÑOS
La Asociación Nuevo Diálogo ya había colaborado con otro proyecto en India, en Babadamh, junto a Manos Unidas. También se implicaron en un orfanato chino y han enviado ayuda humanitaria a distintos países de Latinoamérica. Una contribución en la que toman parte niños navarros porque la entidad, señala la presidenta, procura “empoderar” a los pequeños.
ANDI imparte formación en los valores que residen en la Declaración Universal de los Derechos Humanos a través de actividades como charlas. También organiza talleres de manualidades para menores y estas elaboraciones se intercambian por donativos. A veces con la decoración adornan los locales de empresas e instituciones, ya que la asociación tiene reconocido el mecenazgo social. Ese dinero luego se invierte en las distintas iniciativas humanitarias. También se puede donar a través de las distintas formas que se recogen en la página web (andi.ngo/get-involved). Este año también han recibido una subvención del Ayuntamiento de Pamplona de 2.110 euros.
Al apartado infanto-juvenil, ANDI Junior, se le dio impulso en 2014. Los cinco hijos de Rodrigues de Araujo y su marido, el profesor de Economía en la Universidad Pública de Navarra Antonio Gómez Plana, inspirados por la implicación de sus padres en estos proyectos, pidieron colaborar de forma más activa.
UNA MUJER PIONERA 
Para Elisa Rodrigues de Araujo es importante que los niños sepan que pueden cambiar el mundo y que “ya lo están haciendo”. Un pensamiento que se refuerza cuando reciben fotos de agradecimiento de quienes han recibido la ayuda. “Nuestro enfoque es de unión, de construir puentes. La idea es que el diálogo entre todos es posible si respetamos una base mínima, que son los derechos humanos más básicos”, defiende la presidenta de ANDI. Rodrigues de Araujo destaca que hay una gran diversidad entre los socios, algunos profesan distintas religiones, por lo que le resulta interesante ver que, a pesar de las diferencias, trabajan en lo que les une.
Licenciada en Derecho por la Universidad Católica Portuguesa, en Oporto, se especializó en Derechos Humanos en el Instituto Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo. Dejó su despacho de abogada en Portugal para asistir al curso de especialización en Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra durante seis meses. Vio “que había mucho que aprender” y se lanzó a la tesis doctoral sobre el Convenio Europeo de Derechos Humanos. Asistió como observadora para la ONU en la Conferencia de Pekín, en representación de 200 asociaciones portuguesas, y la de Estambul.
Durante su estancia en Pamplona cursó por primera vez la asignatura de Derecho Canónico. La fascinó de tal manera que se matriculó en la licenciatura homónima. La conferencia episcopal la nombró jueza de los tribunales eclesiásticos de Portugal, en los que de los tres jueces tan solo uno es laico. Ella fue la primera mujer. También es pionera en la Facultad de Derecho Canónico de la UN, en la que entró a trabajar como docente en 2017.
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