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Vivienda en alquiler

El negocio oculto de las habitaciones ‘patera’ en Navarra

La feminización de la pobreza es una realidad agravada por la ausencia de vivienda de alquiler. Familias enteras, la mayoría mujeres con niños, se ven obligadas a ir de habitación en habitación para poder vivir. Pagan entre 400 y 500 euros al mes y muchas veces no consiguen empadronarse

LA MAYORÍA, MUJERES CON HIJOS Unas 80 familias que viven en habitaciones en Pamplona se reunieron el 22 de septiembre con la PAH del Casco Viejo en el barrio de la Rochapea  y revelaron sus historias
LA MAYORÍA, MUJERES CON HIJOS Unas 80 familias que viven en habitaciones en Pamplona se reunieron el 22 de septiembre con la PAH del Casco Viejo en el barrio de la Rochapea y revelaron sus historiasIván Benítez
Publicado el 03/10/2021 a las 06:00
Es la primera vez que vengo a una de estas reuniones y tengo miedo. Una siente miedo a que la puedan deportar si denuncia a la policía lo que hacen con nosotros”. Yamileth, su marido y su hijo de 18 años llevan seis meses viviendo en una habitación de alquiler. Ha sido la “desesperación”, dice, lo que les ha empujado a acercarse a este aparcamiento del barrio pamplonés de la Rochapea y participar en la primera asamblea que la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca (PAH) del Casco Viejo celebra con personas en situación de emergencia habitacional desde el inicio de la pandemia. Familias como las de la fotografía superior, la mayoría mujeres con niños, que se han visto obligadas a adelantar fianzas y nóminas abusivas para poder sobrevivir en una habitación: sin derecho a contrato ni a recibos mensuales, sin posibilidad de empadronarse o a tener que pagar por ello. Familias que comparten cocina, retrete, lavabo, ducha, mesa del comedor, conversaciones, discusiones... La estrechez alcanza grados inimaginables. A veces, cada casa se convierte en una guardería y a las familias no les queda otra salida que compartir el mismo cuarto para no quedarse en la calle. Y esto sucede en una comunidad como Navarra, con un registro de más de 3.000 viviendas identificadas con “indicios de no habitabilidad”, según el Gobierno foral. Es decir, vacías.
Son las cinco de la tarde de un miércoles, 22 de septiembre, que amenaza tormenta sobre las miradas expectantes de 80 personas que permanecen sentadas sobre palés de madera estratégicamente colocados (ver fotografía).
-Yamileth, pero ¿a qué se refiere cuando dice que tiene miedo si denuncia lo que hacen con ustedes?
- No puedes dejar de comer para pagar la fianza y las tres mensualidades que te exigen. Y luego está el padrón, que también te obligan a pagar si quieres obtenerlo. ¿Por qué abusan de nosotros? ¿No somos personas? Este mes la propietaria del piso nos ha prohibido ducharnos con agua caliente. Y, claro, nos animan a que vayamos a la policía y denunciemos, pero luego los caseros te dejan tirada en la calle. A esto me refiero.
Yamileth muerde las muelas y los ojos se encharcan. Las palabras se apagan y prenden los susurros. “No podemos más”, se le escapa. De origen colombiano, explica que se vieron obligados a huir de su país al sentirse amenazados por hombres en moto que merodeaban por su casa. “Mi marido fue testigo de un asesinato y desde entonces nos buscan. Allí teníamos una vida más o menos digna y también a nuestra familia. No nos queríamos marchar...”. En un legajo de papel que tiembla entre sus dedos, ha escrito sus nombres y apellidos, los números de teléfonos y algunos detalles personales. Con timidez, se acerca a la mesa que preside este hemiciclo improvisado y espera su turno para entregar el papelito. Por delante, en la fila, espera una joven dominicana, madre de dos niñas de tres años, que se ha visto obligada a ocupar un piso vacío para no quedarse en la calle. “Estoy divorciada y con la renta no llega para nada. Te piden fianzas muy altas, nóminas para entrar en un piso y te cobran hasta por el padrón...”, revela. “Al final, te encuentras muy sola”.
Los trocitos de papel se acumulan en la mesa. La coordinadora de la PAH los lee despacio antes de comenzar con la asamblea. En esta misma estela de inquietud se encuentra Aicha, una mujer nigeriana. “Me echaron de la habitación en la que vivía y ahora estoy compartiendo otra con una amiga que tiene cuatro hijas. Somos dos mamás y seis niñas en el mismo cuarto”. No le salen las palabras. Tratan de animarla.
MÁS SOLAS QUE NUNCA
En el grupo también hay una mujer de 82 años. Se llama Flora y nació en Pamplona. Ella está sentada a la derecha de la fotografía. Cobra 900 euros de pensión y desde hace años lucha para que la banca no se apropie de su casa. Avaló a uno de sus hijos en un negocio que no funcionó y ahora es ella quien está pagando las consecuencias. Si finalmente se quedara sin casa, si el banco finalmente no quisiera negociar, supondría condenarla a vivir en una habitación.
Dentro del edificio, que sirve de ropero y de almacén de comida, hay preparado tres paquetes de pañales y una caja de ropa de bebé para una madre soltera que dará pronto a luz y vive en una habitación. Una educadora y una trabajadora social del Ayuntamiento de Pamplona han pedido a Apoyo Mutuo que se lo adelanten como favor junto a 800 euros correspondientes al alquiler de un par de meses. Sencillamente, estas profesionales les han reconocido que los servicios sociales municipales no tienen los recursos necesarios para responder a una ayuda inmediata. “Y al final es la sociedad civil -manifiestan desde la asociación con preocupación- quien acaba dando respuesta a las necesidades más básicas”.
Save the Children alertaba en 2015 en un informe titulado “Más solas que nunca” sobre los índices de pobreza y exclusión social en España. En este documento se exponía “el difícil día a día” al que se enfrenta uno de cada tres niños y niñas que vive en riesgo de pobreza o exclusión social. “Esta proporción afecta especialmente a los pequeños que viven en hogares monoparentales”, decía el documento. “Y los poderes públicos no están siendo capaces de frenar esta situación y se está poniendo en riesgo el presente y el futuro de estos niños. Debe ser una prioridad política”.
Seis años después, sin embargo, la emergencia habitacional por la falta de vivienda continúa sin ser una prioridad política. Y el olvido ha llevado a la cuneta de la invisibilidad a esta gente. “Y la presión psicológica y física que sufren ya era muy alta antes de la pandemia”, advierten desde la PAH. Antes de la crisis sanitaria, los medios de comunicación informaban de 36.911 personas en pobreza severa en Navarra, lo que significa sobrevivir con ingresos anuales inferiores a 4.261 euros al año (355 al mes).
Las principales víctimas de esta exclusión siguen siendo madres solas con hijos a su cargo. “Ellas salen adelante con verdaderos obstáculos logísticos y económicos, especialmente si no cuentan con una red de apoyo familiar y social. Y el 36% de las madres en hogares monomarentales no pueden contar con nadie cuando surge un problema, y esto se traduce en miles de familias en esta comunidad”, confirman. “Así que tener una red de apoyo o no tenerla puede ser clave. Porque el desgaste físico y emocional que conlleva todo esto puede llegar a generar patologías y enfermedades relacionadas directamente con el estrés y la ansiedad. De hecho, dos de cada diez madres solas con hijos tienen o han tenido algún tipo de problema de salud asociado a la depresión y ansiedad”.

Madre con 2 hijos

“Vivimos en una habitación y no nos quieren empadronar porque dicen que ya hay dos familias en el piso con el padrón”

Dos madres y 6 hijas

“Me echaron de donde vivía y ahora duermo en una habitación con una amiga. Somos dos madres y seis hijas”

Madre con 3 hijos

“El abogado del dueño del piso me manda cartas de amenazas cada semana para que me vaya. ¿Dónde voy con niños pequeños?”

Madre e hija

“Vivo con mi hija en el salón de un piso de 47 metros cuadrados con una sola habitación y el propietario duerme con tres gatos”

Coordinador de la PAH

“Urge un recurso para madres con niños, porque en muchas ocasiones son desahuciadas porque sus hijos molestan”

Madre con 2 hijos

“Una inmobiliaria me pide 6.000 euros de fianza para entrar a vivir en un piso de alquiler de 700 euros con dos habitaciones”

Matrimonio con un hijo

“Dormimos con nuestro hijo de 18 años en la misma habitación. Si denunciamos, nos da miedo que nos deporten”

Madre con 2 hijas

“Estoy divorciada y no me pasan pensión. He tenido que ocupar un piso vacío para poder vivir con mis dos hijas de 3 años” 

DETRÁS DE LA FOTOGRAFÍA
Y tras los datos, personas al límite. Madres como las de la fotografía. Allí, de espaldas, desvelan sus miedos Anabel, Adela, Amaia, Yamileth, Helen, Mercy, Mujida, Aicha, Peace, Iyabo, Joy, Esther, Kate, Tracy, Idemudian, Patric, Beauty, Rita, Dorcas, Mariela, Elsy, Elalami, Ángela, Gold, Asma, Flora, Andia, Anable, Achor... En estas dos páginas no entrarían todos los nombres de todas las víctimas por emergencia habitacional en Navarra. No consta un censo oficial.
No todas quieren hablar. No se atreven. Prefieren escuchar. Pero quien lo hace saca a la luz comportamientos mafiosos detrás de un negocio que puede llegar a proporcionar a sus propietarios entre 1.000 y 2.800 euros de dinero negro al mes por el alquiler de las habitaciones de casa piso. Pero también por subsistencia. La precariedad laboral es un hecho.
“Esto no ha hecho más que empezar. Los contagios han descendido y esta realidad está empezando a salir...Y mientras tanto los líderes políticos siguen mirando hacia otro lado”, lamentan desde la PAH. “Y la mayoría sois mamás con niños y estáis solas! Por eso, es importante que las que estéis aquí contéis públicamente vuestra situación. Entre vosotras hay cinco familias que viven en pensión y se les termina el 30 de septiembre. ¿Qué va a ser de vosotras? No lo sabemos. Tenemos que crear un grupo fuerte”.
Las mujeres confiesan sentirse “agotadas”, “al límite” de sus posibilidades tanto físicas como mentales. Sus rostros reflejan cansancio. Las palabras articulan discursos breves y desgarradores que se solapan con silencios e incluso risas desencajadas, quizá de impotencia. “No podemos más. No podemos más...”, dicen, una y otra vez, porque cuando finalice esta especie de terapia de grupo, regresarán al hacinamiento. Hay familias , incluso, que empiezan a compartir su habitación con otras madres con niños para evitar que estas se queden en la calle. En ocasiones, hasta los propietarios transforman las cocinas y los salones en espacios donde dormir.
PAH-No sabemos a qué puerta llamar para que se atienda una realidad que clama al cielo y sin embargo no se quiere ver. Los políticos siguen mirando hacia otro lado. No necesitamos mayores ayudas al alquiler. Hay un problema de raíz, sencillamente necesitamos acceder a una vivienda de alquiler.
En un toma y daca, el micrófono pasa de un palé a otro.
ASMA-Vivo en un piso de 47 metros cuadrados con una habitación, y mi hija y yo ocupamos el salón en un quinto sin ascensor. El propietario ocupa su habitación con tres gatos y un perro.
Los niños juegan y ellas permanecen en silencio, pendientes en todo momento de las explicaciones, pero cuesta comprender. Flora escucha, apoyada en el bastón.
PAH-Nos preguntamos por qué la emergencia habitacional de mujeres con niños y niñas no cuenta con ningún piso de acogida. También tenemos a cinco familias en pensión, durmiendo hasta cinco personas en una habitación, con la madre en el suelo. Cuando hablamos de políticas de género, ¿de qué hablamos? Cuando queremos proteger con una ley a las familias monomarentales, ¿con qué recursos contamos? En Navarra la administración pública debe realizar el esfuerzo de visibilizar y cuantificar esta problemática de personas sin hogar y en concreto de mujeres sin hogar. Y, acto seguido, tomar medidas entre todas las administraciones y entidades para paliar la situación. Porque lo que no puede ser es que las reciban en los servicios sociales diciendo “que se busquen la vida porque no las podemos ayudar”.
Desde la asociación confirman que han escrito al ayuntamiento para informar, pero no han recibido respuesta. “Cuando hablamos de feminización de la pobreza, nos referimos a esto, a la cantidad de mujeres que con recursos limitados y al cuidado de sus hijos e hijas, andan de habitación en habitación, desahuciadas, invisibilizadas, mal informadas, abonando 500, 450 o 400 euros por una habitación que almacena todas sus pertenencias, con limitaciones para el uso del agua caliente o de la cocina o de la lavadora, con mucho frío en invierno porque el casero ahorra en consumos, teniendo que pagar en esa o en otra casa el derecho a empadronarse...”, explican, dirigiéndose al periodista. “En ese escrito que firmaron estas mujeres preguntábamos al ayuntamiento por qué las obligan a vivir en una habitación teniendo viviendas cerradas, cuando están pagando por alquiler de habitación lo mismo que una vivienda pública...”.
El juego de los niños, el calor sofocante, la amenaza de tormenta... Mientras, María se abanica con el aviso de desahucio que acaba de recibir.
María-Las inmobiliarias nos exigen fianzas muy altas. Además, nos piden avales y nóminas de ingresos... No sé qué hacer.
PAH-Tenemos un serio problema porque en las habitaciones hay mujeres con un solo hijo que no consiguen puntos para obtener vivienda en Nasuvinsa. Y llevamos tiempo proponiendo a la administración que permitan convivir en un piso a dos mamás con niños. Tenemos que recuperar esta idea porque es la solución a la falta de vivienda de alquiler. Hemos comprobado en cuatro ocasiones que funciona. Creemos que es la única manera de que los niños puedan crecer bien y las mamás puedan salir adelante.
En esta fotografía también hay personas nacidas en Navarra, justo a la derecha, junto al perro. “El mercado negro de las habitaciones en alquiler empobrece a todo el mundo y lleva aún más a la ilegalidad a quienes no tienen papeles”, sigue evidenciando la PAH. “El problema estriba en que las familias tienen mucho miedo a denunciar a los caseros porque se quedarían en la calle, porque tener un techo, un sitio donde cobijarse cuando además se está en una situación administrativa irregular es imprescindible para sentirse más seguro, para evitar ser deportado…”.
6.000 EUROS DE FIANZA
Las familias monomarentales “necesitan compartir” un hogar como salida a la escasez de vivienda, al incremento de precios que anda por los 750 euros al mes por piso de dos habitaciones, a las inaccesibles condiciones que las inmobiliarias y propietarios imponen para el acceso: 6.000 euros de fianza, nóminas, aval bancario… “Todo esto requiere revisar los baremos de acceso a vivienda de las administraciones públicas dando salida a un sector que es muy amplio en Navarra. Más de dos mil solicitantes lo son monomarentales con niños y niñas”, calculan. “Y se necesita también que la rehabilitación de las viviendas vacías sea prioritario, que haya partida presupuestaria para hacerlo de forma urgente, que se cuente con un recurso o casa de acogida para monomarentales que en demasiadas ocasiones están siendo desahuciadas porque sus niños molestan. Si a todo ello añadiéramos un protocolo de acogida a la emergencia en los servicios sociales y en la oficina de vivienda también para las personas que viven en opaco, sería un avance para acompañarlas en su pérdida de techo. Se sentirían más apoyadas”.
Los relatos se encadenan. Faltan minutos para terminar.
HELEN-Vivo con mis dos hijas en una habitación pero nadie nos empadrona. Me piden 400 euros al mes sin padrón.
PAH-Por favor, escuchad bien, es importante que comprendáis que para cobrar la renta garantizada hace falta el padrón. Tenéis que pensar qué hacer con las personas que os alquilan las habitaciones, porque muchos son compatriotas vuestros que están haciendo negocio a vuestra costa. Dinero opaco. Creo que deberíamos empezar a denunciarlos.
19 horas. Finaliza la asamblea. Una joven de 22 años con un bebé en un carrito busca a la coordinadora de la PAH. Entre lágrimas le cuenta que vivía en un piso de Nasuvinsa con su madre y que al quedarse embarazada ha tenido que marcharse porque Nasuvinsa entiende que ahora son dos núcleos familiares. “Así que ahora vivo sola con el bebé en una habitación. Y soy madre soltera... y necesito tanto que mi madre me ayude”.
Las cinco familias que viven en una pensión finalmente han renovado el contrato 15 días más.
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