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Volcán

Testimonio de un matrimonio navarro en La Palma: “Estamos con un nudo en el estómago”

Un matrimonio de Burgui, Mikel Aznárez y Malu Boj, de Quesos Larra, aterrizó en La Palma el mismo día de la erupción. Este lunes aseguraban que se encuentran tranquilos

Mikel Aznárez y Malu Bojan Arregui, ayer al mediodía en La Palma, en el Pico de la Nieve. Al fondo, la columna de humo y vapor del volcán
Mikel Aznárez y Malu Boj Arregui, este lunes al mediodía en La Palma, en el Pico de la Nieve. Al fondo, la columna de humo y vapor del volcán cedida
  • I.B.
Actualizado el 21/09/2021 a las 11:32
Mientras Mikel y Malu ultimaban en Burgui su viaje a La Palma, el volcán Cumbre Vieja temblaba y el magma trepaba por sus entrañas. Un amigo de la isla les detallaba en todo momento la situación. Y les explicaba que los terremotos se sucedían y que la lava había pasado en un año de diferencia de 30 km de profundidad a 7 km. Esto significaba -trataba de tranquilizarles-, que si se produjera una erupción, “no sería de película” y la evacuación se podría llevar a cabo sin problema.
El domingo, sin embargo, el mismo día en el que el magma se abría camino, Mikel Aznárez y Malu Boj Arregui aterrizaban en La Palma. Eran las 15.13 horas cuando el volcán Cumbre Vieja estalló definitivamente, proyectando por igual belleza y destrucción a mil grados. Lenguas de fuego engullen desde entonces viviendas, infraestructuras de todo tipo y cultivos que van encontrando a su camino hacia la costa del valle de Aridane. La lava avanza a un ritmo de entre 700 metros y un kilómetro por hora. Y ayer se esperaba que alcanzara el mar por la noche.
Hacía dos años que este matrimonio roncalés, de Quesos Larra, no tomaba unas vacaciones. El plan inicial era escapar una semana y recorrer este “paraíso del senderismo”, que describe Mikel, y visitar alguna que otra quesería y ganadería. Habían tomado como campamento base una casita en la zona más turística, muy cerca de Cumbre Vieja, pero por recomendación de su amigo cambiaron de alojamiento y ahora se ubican al otro lado de la isla, a unos cinco kilómetros en línea recta. Eso sí, para tranquilidad de familiares y amigos, aunque estén próximos al foco de la erupción, una montaña alta les protege y los ríos de magma fluyen en sentido contrario, explican. En cualquier caso, mientras Mikel y Malu recorrían ayer al mediodía la Caldera de Taburiente, hablaban con este periódico desde el Pico de la Nieve (ver fotografía superior). “Estamos todo el día con un nudo en el estómago. La Palma es hoy una tragedia...”, admiten, calculando que en ese momento estarían a 20 kilómetros de la columna de humo. Las dos primeras noches de viaje han dormido bien, pero lo que más les impresiona es el olor a azufre y el crepitar de la lava. “Ahora, desde esta cresta no vemos el magma porque estamos por encima de las nubes, pero se observa perfectamente la columna de humo y de vapor. Es como el hongo que forma una bomba atómica”, describe Mikel. “Por lo demás, vivimos pensando que en cualquier momento nos tienen que evacuar. Aquí la gente está sufriendo. Es muy duro. Estás todo el día con un nudo en el estómago por la tragedia. La gente está perdiendo sus casas, los cultivos e incluso se han tenido que evacuar ganaderías enteras, sin apenas tiempo”.
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