Incidentes
Juevintxo, hurtos, agresiones... crónica del turno de noche de un policía en Pamplona
Esta es la crónica de la ‘jornada laboral’ que vivió un agente de la Policía Municipal durante la intensa madrugada del viernes. Juevintxo, hurtos, hosteleros, vecinos, agresiones, compañeros heridos, detenidos y fiestas en pisos. Todo entre las 22 y las 6h.


Publicado el 05/09/2021 a las 06:00
El café de las 22.30 suele ser un fijo, pero hay días, más bien noches, que hasta las 4 no cena. Incluso también madrugadas que no le dejan pegar bocado. La del pasado jueves fue “una de las más intensas” de los últimos años. Confluyeron varios factores, resume este responsable de Policía Municipal de Pamplona de 49 años (“26 en las botas”, es decir, en el cuerpo policial, “y siempre en Proximidad). En primer lugar, el arranque del curso universitario, con la afluencia de miles de personas al juevintxo. La ausencia de clases para centenares de jóvenes entre 14 y 18 años, que se sumaron a la concentración de personas en el centro de la ciudad. El buen ambiente, la temperatura agradable, las ganas de compartir vivencias de verano... En segundo lugar, la convivencia con la crisis sanitaria, aún no superada, con restricciones a la reunión de personas y al horario de la hostelería. Por si fuera poco, el centro de Pamplona lleva unas semanas arrastrando una dinámica de violencia con altercados, enfrentamientos con la policía y detenciones. En medio, el hartazgo de vecinos cansados de soportar los excesos de la fiesta. “Se ha pasado la raya y hablamos ya de agresiones y desórdenes públicos”, indicaba este agente. Masificación, conflicto entre quienes piden diversión y los que reclaman descanso, además de excesos y agresiones a la policía. Este es el relato de uno de los policías que vivió el conflicto a pie de calle.
ZONAS PROBLEMÁTICAS
Desde la pandemia, el denominado servicio policial de ocio en la capital navarra se presta de forma conjunta entre Policía Municipal y Policía Foral, con apoyo también de las Unidades de Intervención Policial (UIP) de la Policía Nacional. Esta semana, los 24 policías (una docena de Policía Municipal y otra de Policía Foral), así como los 16 de Policía Nacional, tenían asignado por reparto el trabajo en función de las que se preveían zonas problemáticas. “Trabajamos cuatro escenarios prioritarios: Vuelta del Castillo, Casco Viejo, Mendillorri y las no-fiestas, y el área de Yamaguchi-Pío XII”. Las patrullas, compuestas por policías uniformados y de paisano, se van desplegando, en función también de lo que les depare la noche. “Nos complementamos también con el servicio ordinario, que atiende cualquier otra incidencia que pueda darse en la ciudad, pero nuestra labor está más enfocada a los puntos de ocio, con atención al ciudadano a pie de calle por botellones, quejas de un bar, molestias vecinales, terrazas, etc”.
21.45 HORAS. EL RELEVO
Antes de incorporarse a su puesto, este agente ya había trabajado en el turno de noche la noche anterior. Durmió hasta última hora de la mañana, dedicó algo de tiempo a la familia y dio un paseo por el casco viejo. “Ya vi el ambientazo que había”. Sobre las 21.45 acudió a la sede de la Policía Municipal y recibió información del equipo previo. “El dispositivo específico con el que trabajamos en las zonas de ocio se pone en marcha para las 19 horas. Ha tenido un horario variable durante estos meses de restricciones, porque los horarios de salir por ahí también han ido variando en función de la normativa”. Se vistió con el uniforme y echó un vistazo al gentío que disfrutaba del juevintxo en el centro de la ciudad. “Había más gente que cualquier día de entre semana de San Fermín.
Tras la primera reunión con los integrantes del turno de noche y en coordinación con Policía Foral y Policía Nacional, comenzaron a atender las primeras incidencias. Dada la cantidad de personas en el casco viejo, muchas de ellas provenían de hosteleros y vecinos. “Se patrulla y da apoyo a bares por tema de aforos y cumplimiento de normativa. Muchas veces son los propios hosteleros quienes nos reclaman porque nos dicen que están sobrepasados. Que no pueden controlar a clientes que están influenciados por el alcohol y que se niegan a sentarse o a marcharse, o que incumplen las normas. O para protestar porque en su local se cumplen las normas pero fuera en la calle hay una multitud bebiendo, directamente. Algunos cuentan hasta con porteros, pero no pueden hacer mucho ante decenas y decenas de personas”.


23 HORAS. TODOS EN EL CENTRO
El parte de incidencias revela que la mayoría de requerimientos se concentra en el casco viejo de la ciudad. San Nicolás, San Gregorio, Estafeta o Calderería reúnen a muchísimas personas y así lo atestiguan las llamadas para pedir presencia de los agentes. “Acudimos a un local por problemas con clientes en la calle Ciudadela y al hurto de un móvil en otro bar de Calderería. En este último caso, incluso trabajan con la descripción de una persona que ha podido estar sustrayendo teléfonos entre los jóvenes, y se hace un seguimiento hasta la cuesta de Labrit, aunque finalmente no da resultado.
Hastamedia hora antes de la una, dentro del jaleo propio de una velada así, la jornada transcurre con cierta normalidad. “No hay nada en Yamaguchi y apenas un par de actuaciones en Mendillorri, por lo que finalmente las patrullas de Policía Foral que estaban desplegadas en esas zonas, son derivadas al centro. Ahí es donde se están concentrando los problemas y, de otros días, sabemos que el momento más problemático es el que coincide con el cierre de los locales, sobre la una. Entonces, echan la persiana, hay muchos que se resisten a dispersarse, y se intensifican los líos”. Esa transición le pilla entre San Nicolás y la calle Comedias, donde se han apostado agentes de uniformado para ‘limpiar’ esa zona de jóvenes (impedir la concentración) e intervenir en una pelea con 4-5 implicados.


1.30 HORAS. SAN GREGORIO
El jefe de turno traslada a sus agentes la problemática que se está viviendo en San Gregorio, una de las áreas que recientemente está siendo epicentro de conflicto. “Hay varias llamadas de vecinos quejándose por personas violentando portales de edificios y accediendo a los inmuebles. Ha sido un lugar de enfrentamiento recurrente, es la hora de cierre de los bares, y los mandos deciden que hay que despejar la callle”. Policías municipales y policías forales se reparten la tarea y, desde la mitad de la calle, comienzan a instar a los presentes a desplazarse a zonas más espaciosas. En ese proceso, un grupo reacciona con violencia. “La mayoría de la gente asume lo que hay y reacciona de forma pacífica pero hay un grupete de 20 o 30 que comienzan a lanzar botellas a los agentes de Policía Foral desde la plaza de San Nicolás. Nos tiran lo que tienen a mano, nos gritan, nos insultan...”. Lejos de calmarse los ánimos, la cosa se recrudece. “Se ha enquistado la situación. Hay chavales de 16 años, y gente que quizá sea universitaria, jugándose unos antecedentes en la violencia de la masa”, reflexiona.


2 h. 4 POLICÍAS HERIDOS
En el tumulto se produce una pelea y la Policía Foral interviene. Hay parte de los presentes que entienden que comienza una carga policial y desde el paseo Sarasate la vuelven a emprender contra los policías. “Hay diez minutos en los que nos lanzan botellas, pero nos mantenemos hasta que logramos dividir a la masa y la mayoría huye del lugar”. Antes han volcado contenedores y entrado por la fuerza en alguna de las casetas instaladas por los bares en el Paseo Sarasate. Los incidentes se saldan con 6 personas detenidas y 4 policías heridos. Dos de ellos han sufrido arañazos y golpes como consecuencia de su intervención en una pelea. Otro ha resultado herido en un ojo (le saltó un pequeño vidrio proveniente de la luna de un vehículo fracturada tras el lanzamiento de un objeto) y finalmente hay otro agente que ha recibido en su casco el impacto de una botella. “Podría haberle dejado grave. A él o a cualquier persona que se encontrara en la zona”
3 A 5 h. FIESTA EN PISOS
El cierre de la hostelería no supone el fin de la diversión y el último tramo de la noche deja aún varias actuaciones derivadas de fiestas en pisos. “Me tomo un bocadillo de tortilla y una manzana y tocan más incidencias: quejas por ruidos en Pedro I, en Iturrama, en la Plaza del Castillo...”. Sobre las 5, las calles están más tranquilas y el agente vuelve a base, en Monasterio de Irache. Es momento de informes y de preparar el relevo a los que entran de mañana. También de diligencias y poner en orden lo ocurrido por la noche. “Los desórdenes públicos son muy complejos y además peligrosos para los que nos vemos envueltos en ellos. Ojalá no llegáramos nunca a las 6 con compañeros heridos. Tampoco con terceras personas que puedan transitar alrededor de los incidentes. Y luego ya están los negocios y el mobiliario urbano...”. Desea que se ponga fin a estos episodios de violencia. “Quizá cuando se vuelva a otros horarios en la hostelería... Ahora mismo, si no, a la una, se produce una situación de difícil solución”. El turno de noche de este jueves terminó para él a las 7.30horas, dando cuenta de lo vivido a compañeros y responsables. Llegó a casa y se tomó un vaso de leche con galletas. No concilió el sueño hasta las 9. A las 13, sonó el despertador.