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Medio Ambiente

El cambio climático provoca el repliegue del bosque pirenaico

Los ríos navarros han adelantado veinte días su deshielo respecto a las mediciones de los años cincuenta

La erosión y el incremento de las temperaturas comen terreno a las coníferas del norte de la Comunidad foral
La erosión y el incremento de las temperaturas comen terreno a las coníferas del norte de la Comunidad foralEDUARDO BUXENS
  • Fernando R. Gorena
Actualizado el 15/08/2021 a las 02:06
A menudo no reparamos en la llegada de la primavera hasta que vemos que las flores de los almendros empiezan a asomar o que una margarita comienza tímidamente a brotar. Pero la primavera ya estaba allí y, como todos los procesos, arrancó tiempo atrás de forma oculta y sin avisar. Lo mismo sucede con el cambio climático. Hace décadas que arrancó y ahora es cuando se perciben ya sus primeros brotes. El reciente informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas deja fuera de toda duda que el calentamiento global ya está aquí, que es irreversible y que está causado por el hombre.
Lógicamente, en Navarra no veremos subir el nivel del mar ni derretirse los polos, pero en buena parte del territorio, sobre todo en las zonas de alta montaña, los efectos son ya evidentes. El clima mediterráneo y la diversidad vegetal que alimenta van ganando terreno al denominado clima eurosiberiano y su flora, característicos de la montaña pirenaica.
Las proyecciones científicas alumbran un panorama futuro para el territorio navarro caracterizado por un clima más cálido con temperaturas extremas, con un mayor porcentaje de días y noches cálidas, acompañado de un incremento de las olas de calor y una menor precipitación media y episodios de lluvias de mayor intensidad, lo que implica una clara tendencia a la mediterraneización de la zona pirenaica. Según el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), las zonas de montaña son espacios particularmente sensibles al cambio climático. En Navarra, quienes habitan en el Pirineo y otras zonas de montaña ya perciben los cambios que van produciéndose en su entorno y que afectan a todas las facetas.
El Gobierno de Navarra cuenta con dos herramientas, KLINA y LIFE NAdapta , dos observatorios que exploran y analizan las causas que provocan el cambio climático, esto es, las emisiones de gases de efecto invernadero, y otro que investiga las fórmulas que ha de desarrollar el ser humano para adaptarse como ser individual y sociedad al nuevo ecosistema.
DE NORTE A SUR
Entre las conclusiones que se desprenden de un informe del KLINA, lo más destacado en Navarra es el importante desplazamiento hacia el norte de la línea que separa las regiones eurosiberiana (Pirineos) y mediterránea, pasando a ser mediterránea gran parte de la franja que en la actualidad es eurosiberiana o submediterránea. El informe señala que las altas zonas de montaña tradicionalmente ajenas a la sequía estival, de prados verdes, robles y hayedos irán perdiendo presencia en favor de especies submediterráneas, propios hoy de paisajes en los que se dejan ver los efectos de cierta sequía estival, y donde los bosques dominantes son los de frondosas marcescentes, como el roble pubescente. Según este informe, esta transformación será parcial en el periodo 2021-2050 y penetrará hacia el norte por los valles del Araxes, Bidasoa y Baztan. Posteriormente avanzará hasta completarse durante el periodo 2051-2080, en el que según los datos analizados, toda Navarra sufrirá en mayor o menor medida, sequía estival, es decir, ya no quedará presencia de la Navarra eurosiberiana.
En la parte baja de los valles, el clima transformará hasta asemejarse al de la franja costera atlántica, mientras que en la Navarra meridional, de clima ya mediterráneo, los cambios no serán tan notorios más allá del aumento del semiárido en el periodo 2051-2080, desde el extremo sur hasta la ribera del Ebro en Tudela.
En todo proceso natural, los cambios repercuten a lo largo de toda la cadena que lo integra como fichas de dominó que caen. La sequía potenciará el número y virulencia de los incendios; es de esperar una mayor proliferación de plagas y enfermedades, como consecuencia de la mayor vulnerabilidad de los bosques; aumentarán especies exóticas invasoras que se beneficien de las nuevas condiciones climáticas, más próximas a las de sus regiones de origen, como pinos o arbustos que no ayudan a la regeneración del suelo como las especies autóctonas. La frontera entre el bosque de montaña y el mediterráneo está retrocediendo hacia el norte, mientras que en el sur de Navarra, algunas zonas semiáridas corren riesgo de desertificación. Los principales motores del cambio, propiciados por el clima, son el abandono del uso del suelo, los eventos climáticos extremos, la sobrexplotación de los acuíferos, la intesificación de usos agrarios y forestales, la sucesión de especies, la urbanización, la invasión de especie exóticas, la contaminación y el uso recreativo.
En los últimos años el deshielo en los ríos navarros se ha adelantado entre 15 y 20 días, en comparación a la década de 1950 según un estudio de AEMA. NAdapta ha detectado también otras consecuencias como el aumento de plagas, la reducción de los sumideros de carbono que son los bosques y los pastos, el desplazamiento de cultivos y el abandono humano del medio rural.
Aunque su relación con el cambio climático no es tan directa como lo es el incremento de temperaturas, los científicos apuntan a que ha subido la frecuencia e intensidad de lluvias torrenciales todo el año. Además de una posible pérdida de cosechas, la torrencialidad de la lluvia provoca la erosión de la capa superior del terreno productivo dando lugar a terrenos áridos sobre todo en el sur.
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