Golpe de calor a mediados de agosto

Artículo de opinión de Javier María Pejenaute

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Javier María Pejenaute

Publicado el 12/08/2021 a las 06:00

El calor sofocante irrumpe con fuerza en estos días de mediados de agosto, después de un verano, hasta ahora, inseguro, templado y de cambios continuos. Una lengua cálida, especie de cúpula de calor, se ha instalado sobre nuestra vertical y ahí va a permanecer hasta el domingo. Nos sorprende este cambio brusco hacia el intenso calor, más si cabe, porque venimos de jornadas estivales suaves.

Estamos en los días tradicionalmente más cálidos del año, lo que se conoce como período canicular, o días de las canículas, que es la temporada del año en que el calor es más pesado. Expresión que hace referencia a la constelación Can Mayor/Canícula y a su estrella Sirio, llamada popularmente la Abrasadora, cuya primera aparición por el horizonte coincide con el intenso calor.

La duración de este periodo canicular, el más cálido del año, se enmarca en Navarra entre el 16 de julio (festividad de la Virgen del Carmen) y el 15 de agosto (la Virgen de Agosto o la Asunción), por eso nuestros mayores decían: “De Virgen a Virgen, el calor aprieta firme; antes y después, verano no es”. Y también, “De Virgen a Virgen, los sesos se derriten”. Jornadas en que el sol del mediodía está alto en el horizonte y los días son muy largos, con muchas horas diurnas para calentar y pocas nocturnas para enfriar. Días en los que conviene evitar las horas centrales del día, las más peligrosas, las comprendidas entre las doce del mediodía y la seis de la tarde.

Este episodio de calor ha sido provocado por la llegada a Navarra de masas de aire tropicales africanas muy cálidas. Éstas posteriormente se han estancado en condiciones anticiclónicas estables y han sido sometidas a fuerte insolación, en unas jornadas con algo más de catorce horas de sol para calentar y algo menos de diez para enfriar. Así el aire acumulado experimenta un mayor calentamiento, pues las horas de día superan ampliamente a las horas nocturnas. Con esta situación, cuencas y valles donde se asientan las ciudades y los pueblos se convierten en verano en auténticos hornos de calor agobiante.

El tiempo caluroso de estas jornadas no se puede catalogar en toda Navarra como ola de calor. En algunas jornadas de verano el calor aprieta firme, los días se hacen difíciles de aguantar, las temperaturas superan los treinta y cinco grados y alcanzan o rozan los cuarenta grados en las tierras más calurosas del valle del Ebro. Por la noche refresca poco y las temperaturas mínimas alcanzan o superan los veinte grados en muchas localidades navarras. Si todo esto sucede de siete a diez días seguidos, tenemos una ola de calor. Por lo tanto, lo más correcto ahora para la mayor parte de Navarra es hablar de golpe o episodio de calor, o período cálido.

Dentro del común denominador de intenso calor sólo se libran, en parte, los valles pirenaicos y cantábricos, y como es normal, las zonas montañosas abundantes en Navarra. En estos días pesados apetece visitar estos lugares por su moderación térmica, dentro de jornadas de auténtico calor. Tiempo también algo más suave, apreciable en el descenso térmico nocturno, registran los observatorios situados a cierta altitud de Navarra Media, la cuenca de Pamplona y los valles meridionales húmedos.

Para padecer un fuerte calor no hace falta batir ningún récord, pues es mucho peor para la salud tener altos valores continuados, jornada tras jornada, sin situarse por encima de ninguna marca. La persistencia de temperaturas mínimas diarias cercanas a los veinte grados que dan lugar a noches tropicales influye de un modo poderoso en la sensación térmica que nuestro cuerpo aguanta, ya que dificultan el descanso y la ventilación de las casas.

En estos episodios de calor son claves los alivios térmicos, es decir la interrupción de varios días seguidos cálidos anteriores y su enganche con los posteriores. Permiten respirar, refrescar las casas y volver a empezar. Si hay estabilidad en altura, no hay tormentas, y no refresca; pero, si una bolsa de aire frío se sitúa en la vertical de la Península, se forman nubes de evolución que desencadenan tormentas generales con aparato eléctrico y granizo de gran tamaño, que proporcionan cierto alivio térmico. Si el calor ahoga, se espera con ansiedad la llegada de esa especie de brisa fiel y refrescante, el cierzo, que hace la noche más soportable.

Cuando llegan estos periodos de calor se valoran las zonas más fresquitas de la capital. Los lugares más calurosos son los más urbanos: avenidas de bastante tráfico con poca sombra; calles con edificios que cortan la entrada del cierzo; plazas cerradas que se convierten en auténticos hornos. Lugares más agradables son las calles estrechas y apiñadas de los cascos antiguos de las ciudades que dan mucha sombra, los parques con agua y bastante masa arbórea.

Javier M. Pejenaute Goñi es doctor en Geografía e Historia, especialidad climatología.

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